Han pasado 18 años desde que Anders Behring Breivik, un empresario noruego de treinta y dos años, simpatizante de extrema derecha, sembró el terror en Noruega. Primero, detonando un coche bomba en el distrito gubernamental de Oslo y horas después, disfrazado de policía, arrasando el campamento de las Juventudes Laboristas en la isla de Utoya.

Se ha concluido que el asedio duró setenta y dos minutos. Setenta y dos minutos exactamente es lo que dura este vibrante plano secuencia, filmado con mano maestra por Erik Poppe, que mantendrá a los espectadores acongojados en su butaca.

La cámara no se despega ni un segundo de Kaja, una joven que aspira a ser primera ministro de su país quien, la mañana de autos charla de manera distendida con sus amigos mientras desayuna un gofre. De repente, a poca distancia, comienzan los gritos… y los disparos.

Sin saber que está pasando, los aterrorizados y desorientados jóvenes, de todas las edades, huyen en estampida para descubrir que ningún escondite es seguro.

La película, y por tanto, la cámara, no se detienen ni un segundo. El director la utiliza como si fuese un personaje más y a través de ella, el espectador verá lo mismo que las potenciales víctimas. Irá encontrando cadáveres, amigos moribundos, pero en ningún momento veremos al asesino o asesinos. Nunca seremos testigos de la violencia directa. Solamente de las consecuencias. Y, aun así, la sensación de peligro es constante.

Uno de los mejores aspectos de la película es el tratamiento del sonido. No hay pista musical, no hay más banda sonora que los disparos que se acercan, los gritos, gemidos y susurros, consiguiendo atrapar al espectador, que no tiene a donde ir.

El hecho de encontrarnos con un metraje sin cortes ayuda a mantener el suspense y elevar la tensión. Nunca sabemos que vamos a encontrar cuando Kaja vuelva a desplazarse en busca de su hermana, que horrores va a tener que afrontar.

En ese sentido, la actriz Andrea Berntzen está espectacular. Vulnerable, pero a la vez resolutiva, no ceja en la búsqueda Emilie por un escenario más propio de un campo de batalla o incluso, un film de terror. Un excelente trabajo.

El único problema que podemos atribuirle al film es la distancia entre España y Noruega. No me refiero a nuestras costumbres o inclinaciones políticas, que también, sino al estilo de cine que la mayor parte de nuestro público está habituada a consumir. UTOYA 22 DE JULIO es un film que dista mucho del típico “survival”, no hay héroes y no hay villanos a los que derrotar más allá de un borrón en la distancia, armado con un rifle y una pistola. Esa falta de objetivo, de monstruo, de “coco” puede frustrar a algunos sectores del público.

En resumen, UTOYA 22 DE JULIO es un excelente relato, concreto, fugaz y terrorífico, que narra un trágico suceso en tiempo real, en un convincente plano secuencia. La actriz protagonista está fabulosa, en consonancia con el estilo de filmación.

Nadie debería perdérsela.

LO MEJOR

El (fabuloso) primer plano de Kaja, aparentemente rompiendo la cuarta pared, advirtiendo al público.

La actriz principal. Fabulosa.

La dureza del relato.

La (ausencia) de banda sonora. Todo un acierto.

LO PEOR

Alguna pausa sin importancia en el tercer acto.

No es para el gran público y por ello, será ignorada, pero estoy seguro que será un éxito en las plataformas de streaming.

Que, al ser una película con claras inclinaciones políticas, divida a los espectadores.

NOTA: 7/10

Wiman González

JFPCríticasAndrea Berntzen,Críticas,Utoya 22 de julio
Han pasado 18 años desde que Anders Behring Breivik, un empresario noruego de treinta y dos años, simpatizante de extrema derecha, sembró el terror en Noruega. Primero, detonando un coche bomba en el distrito gubernamental de Oslo y horas después, disfrazado de policía, arrasando el campamento de las Juventudes...