Sarah, una joven madre y su Chris, su hijo pequeño se mudan a un pequeño pueblo, alejado de todo y de todos para comenzar una nueva vida. Cerca de la vieja casa hay un gran bosque (asumo que el del título) y en el centro un siniestro agujero, enorme, misterioso…

La primera sorpresa que encontramos en la película es lo mucho que se aleja de las películas de terror, de sus tropos, de las formulas y clichés. No plantea una formula o reglas para que el espectador sepa a qué se enfrenta. Lo poco que sabemos de Sarah lo intuimos por sus acciones y reacciones. Nunca se verbaliza. Intuimos que Sarah está “rota”, que huye de un marido maltratador y la distancia le aporta una (falsa) sensación de seguridad. Su hijo no entiende porque su padre no les ha acompañado, se siente solo en su nuevo colegio y comienza a comportarse de manera distinta. Sarah interpreta esos cambios como algo sobrenatural, sin atreverse a reconocer que su huida ha afectado a su hijo. Tampoco ayuda la inquietante y desequilibrada vecina, Noreen Brady, a quien en su día se la acusó de asesinar a su hijo porque este “no era su hijo”.

Con esos mimbres, el espectador se enfrenta a un relato que se cocina a fuego lento, sin golpes de efecto, sin sonidos estridentes ni demás sustos de baratillo. Lee Cronin, el director, se ha preocupado en generar una atmosfera agobiante, desasosegante y malsana, donde cocina la tensión a fuego lento, para que cuando el relato llegue a su clímax, el espectador entienda a lo que se enfrenta.

Al frente del reparto, una fabulosa y contenida Seana Kerslake, una mujer que no grita ante el horror, porque intuimos que ya ha gritado en el pasado y no le ha servido de nada. Un niño que cuando no hace nada resulta terrorífico, en la línea de lo que hemos venido descubriendo en el género en los últimos años.

La película tiene un ritmo reposado, narrada con planos sugerentes y livianos y sutiles movimientos de cámara, de lectura tranquila, pero con esa sensación de “sé que algo está pasando, aunque no consigo averiguar que…”, que inunda cada fotograma. El terror está ahí, agazapado, esperando su momento…

En resumen, BOSQUE MALDITO no viene a revolucionar el género, pero si a dinamitar las reglas que los sustentan desde hace demasiados años. Los actores están soberbios y el director cuida mucho todos y cada uno de los aspectos de su película para resultar fresca y sorprendente.

Lástima del título en nuestro país, (HOLE IN THE GROUND, El agujero en el suelo, en el original) que se ha cambiado de forma premeditada para arrastras a las salas a cuantos más despistados mejor, ávidos de experiencias más intensas. Tampoco ayuda estrenar estos films en plena temporada estival, más sabiendo que la competencia es atroz. Los exhibidores de nuestro país no saben cuánto daño provocan con estas maniobras. A veces parece que lo hagan a propósito.

LO MEJOR

Las actuaciones principales, sobre todo, una soberbia y contenida Seána Kerslake como madre sufridora.

La atmosfera. No son necesarios gritos ni súbitas subidas de volumen para acongojar al espectador.

Su duración. Noventa minutos bastan al director para contar un (muy) buen cuento de terror.

LO PEOR

La traducción del título. Sé que deberíamos estar acostumbrados, pero…

Las apariciones de la vecina Noreen. Terroríficas, sí, pero rompen con la sobriedad que se le estaba aportando al relato.

Es parca en explicaciones, lo que puede mosquear a más de uno.

LA PREGUNTA

¿Por qué los exhibidores no le dan el mismo bombo a las películas de terror que nos llegan de fuera del circuito americano, cuando en ocasiones son más estimulantes, creativas e incluso mejores que la ANNABELLE o LA LLORONA de turno?

NOTA: 7/10

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