Eres un respetable abogado de una ciudad argentina de provincias. Como cualquier noche, has decidido ir a cenar con tu mujer a un buen restaurante. Tu mujer se ha retrasado y tú la esperas en la mesa, hojeando la carta. De repente, un tipo extraño se encara contigo y tú terminas saliendo victorioso, con el apoyo de toda la comunidad. Sin embargo, cuando sales con tu mujer, el tipo te está esperando y la violencia aparece como un torrente. Esta es el punto de partida de Rojo (Benjamín Naishtat, 2018), la nueva apuesta del cine argentino que resultó triunfadora en el último Festival de cine de San Sebastián.

A pesar de los premios, la siempre convincente interpretación de Dario Grandinetti y la magnífica recreación histórica de la Argentina de los años setenta, no es ésta una propuesta pensada para todo tipo de públicos. En primer lugar, su tono es extraño y hasta surrealista. Se combina el humor negro, con la violencia más seca, el amor adolescente y una soterrada crítica política. Además la puesta en escena, con múltiples primerísimos planos, fueras de campo prolongados y perspectivas insólitas pueden aturdir significativamente. Y finalmente, su ritmo es totalmente anárquico. Las secuencias se van sucediendo sin que entre ellas esté presente un hilo narrativo y muchas veces quedan inconclusas.

Quizás esta forma enloquecedora de contar la bajada a los infiernos del abogado Claudio (Dario Grandinetti), es la única con la que poder retratar una época previa al ocaso de un país. El 24 de marzo de 1976, Argentina sufrió un golpe de Estado que se extendió hasta el 10 de diciembre de 1983. Unos tiempos de oscuridad que se cimentaron años antes, según podemos ver en Rojo. Por algo el magnífico y punzante detective Sinclair (Alfredo Castro), en una westeriana secuencia final, advierte a Claudio de los “montones de mierda” que habitan el país. Los valores conjuntos que las sociedades crean para su subsistencia, se han esfumado de la Argentina. Al mismo tiempo, las figuras prototípicas han caído en una grave decadencia. Benjamín Naishtat compone a un honorable abogado, capaz de corromperse en segundos, con un estallido de violencia innato y una sangre fría infinita, con la que mantener la compostura ante familiares y conocidos. Pero Claudio no es el único y el novio de su hija también es capaz de compensar su cobardía patológica, con un arrebato de furia sigilosa y ruin.

Para esta atmósfera diegética en la que la mentira y el artificio se han institucionalizado, tanto en el ámbito privado como en el público, la secuencia del eclipse de sol es significativa y un buen golpe de efecto narrativo, de los que no abundan durante el metraje. Durante un eclipse, el Sol es tapado por la Luna, arrebatando por unos minutos la luz y la temperatura del medio ambiente. Mientras el fenómeno natural sucede durante unos minutos, Argentina tuvo que pasar años de oscuridad y frío.

Laura Acosta

Nota Factoría del Cine: 7

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Eres un respetable abogado de una ciudad argentina de provincias. Como cualquier noche, has decidido ir a cenar con tu mujer a un buen restaurante. Tu mujer se ha retrasado y tú la esperas en la mesa, hojeando la carta. De repente, un tipo extraño se encara contigo y...