El fenómeno de ventas que supuso la primera novela de Romain Puértolas, El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un mueble de Ikea, tiene ahora su adaptación a la gran pantalla, que en España ha sido titulado como De la India a París en un armario de Ikea (Ken Scott, 2018). Esta fábula nos cuenta la historia de un joven indio, procedente de una familia pobre, que al morir su madre decide viajar a Francia en busca del padre y de la prosperidad que no conoce. Un viaje repleto de dificultades y sobresaltos que le llevará a visitar París, Londres, Roma o Libia, pero que también le regalará un bonito amor a primera vista y el golpe de suerte necesario para poder abandonar momentáneamente la pobreza, a la vez que ejercitar su generosidad con otros compañeros de desdichas.

Una fell good movie es una historia concebida para hacer sentir bien al espectador. Da igual que trate temas complejos, ya que el afán por superación y el buen fondo de los personajes suele llevarles a una victoria real o moral. Sin duda, la película de Ken Scott consigue su cometido y aunque nos presenta a un protagonista, Aja, cuya conducta es reprochable, ya que se dedica a estafar a los turistas haciendo de faquir, su buen corazón impide que sintamos ningún atisbo de rechazo hacia él. Aja no es más que un niño pobre, que ha sido criado en solitario por su madre, y que crece estafando para ganar ese dinero que la sociedad le niega, por una especie de determinismo geográfico. Su conducta no es alabable, pero que Aja robe generalmente a turistas y que cuando se convierte en uno de ellos reciba el peso del karma, a través de un taxista francés muy pícaro, provoca que el espectador no sienta pesos en su conciencia.

Más allá de la positividad general de la propuesta, la cinta destaca por ser una especie de alocada road movie, aderezada de un humor muy particular. Su estructura se va articulando a partir de los destinos por los que va pasando Aja y cada ciudad será fundamental en el crecimiento personal del personaje. Bombay es su ciudad natal y el lugar en el que desarrolla su actividad criminal, París será sinónimo del nacimiento de su amor por Marie, Londres le enfrentará con el drama de los refugiados, Roma será la ciudad en la que conozca el lujo y finalmente en Libia conseguirá recuperar su amor por la vida. Todo ello repleto de un humor, a veces muy acertado, como sucede en la primera secuencia en Ikea cuando Aja intenta acercarse a Marie, y otras veces excesivamente desenfrenado y surrealista. Sin duda el espectador no puede acercarse a esta propuesta desde los paradigmas de la verosimilitud. Aquí cada elemento es más improbable que el anterior, pero ciñéndonos al microcosmos de la historia lo acabamos asimilando.

Como sucede en la película, donde asistimos al poderío de una globalización capaz de colocar un catálogo de Ikea en los lugares más remotos, el cast de la cinta es sumamente heterogéneo. El protagonismo recae en el intérprete indio, Dhanush, que dota de una hábil inocencia a su personaje, la intérprete franco-argentina Bérénice Bejo se mete en la piel de una estrella de cine, la actriz americana Erin Moriarty es la monótona ejecutiva de la que se enamora Aja y el somalí Barkhad Abdi es uno de los refugiados que se cruzan en el camino del faquir. Un conjunto de actores correctos, para una película curiosa y olvidable, que se sirve del colorido típico de la India para intentar dar un suspiro al espectador asfixiado de trabajo y rutina. Aunque las fábulas pueden tener algo más de chica y de denuncia, ya que después de ver esta película la pobreza de la India parece un decorado más.

Laura Acosta

Nota Factoría del cine: 6

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El fenómeno de ventas que supuso la primera novela de Romain Puértolas, El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un mueble de Ikea, tiene ahora su adaptación a la gran pantalla, que en España ha sido titulado como De la India a París en un armario...