La combinación de buddy movie con road movie, no es algo común en la cinematografía española. Respecto a la buddy movie, que Ira Konigsberg definió como “aquel que enaltece las virtudes de la camaradería masculina y relega la relación hombre-mujer a una posición secundaria”, resulta paradigmático el cine de realizadores como Jose Luis Garci o Enrique Urbizu (véase El crack o Todo por la pasta) y algún thriller más contemporáneo como La isla mínima (Alberto Rodriguez 2014). En general buddy movies que explotan su vertiente más “thrilleriana”, olvidando el lado humorístico. Por ello la nueva película del director andaluz Gerardo Olivares, 4 latas (2018) puede resultar innovadora. Es cierto que el género de las road movies ha tenido más desarrollo en nuestro país con cintas divertidas y emotivas como Airbag (1997), Los años bárbaros (1998) o Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013), pero esta mezcla de géneros, con una presencia no exclusivamente masculina, diversión y buen rollo no es fácil de encontrar.

Al saber que su amigo Joseba (Quique San Francisco) está muy enfermo, Tocho (Hovik Keuchkerian) y Jean Pierre (Jean Reno) deciden ir a Tombuctú a visitarle, montados en un viejo 4 latas que conserva Ely, la hija de Joseba. De esta forma los viejos amigos recuerdan los viajes que ambos solían hacer por África, montados en viejos coches que después vendían. Además al viaje se apuntará la hija de Joseba que hace diez años que no ve a su padre. A los tres les esperarán multitud de aventuras, durante un largo camino lleno de complicaciones derivadas del viaje y de la compleja personalidad de sus viajeros. Porque los personajes de esta historia tienen profundan cicatrices, tanto exteriores como interiores. De hecho los cuatro se lanzan a la aventura, desde la perspectiva de aquellos que ya no tienen nada que perder, ya que malviven al margen de la sociedad. Tocho tiene una fuerte adicción, Jean Pierre tiene unas vacuas ansias de grandeza y Ely parece haberse abonado a una rebeldía improductiva. A pesar de todo, los habitantes de esta historia destacan por su compañerismo y su sentimiento de fraternidad a prueba de bombas o, en el caso de la película, de platillos volantes. La fraternidad que respiran en cada secuencia no es políticamente correcta, ni de una belleza exaltada, pero como dice Ely: “las personas que no tienen cicatrices no son de fiar”.

Valorando el mensaje general de la cinta, se echa en falta mayor profundidad en los personajes y en general en la construcción de guion. Especialmente al tratarse de una road movie, en la que el escenario puede llegar a resultar repetitivo. Sin embargo, los personajes de 4 latas están demasiado pasados de vueltas y poco contextualizados. No se nos dan casi datos de sus biografías, para así poder atisbar a saber la razón de sus comportamientos. Además el guion desaprovecha una historia que podía haber seguido la línea de las feel- good movies, pero dotando al conjunto de un poco más de enjundia. No hay que olvidar que el supuesto viaje transcurre por el norte de África, un lugar repleto de conflictos, y que la recogida de Mamadou (un inmigrante desesperado) podría haber dado para algo más que un par de gracietas con un radiador estropeado. Sabiendo que la cinta cuenta con la participación de Televisión Española, Wanda Films y Netflix, lo olvidable del conjunto resulta más reprochable. Sin dejar de mencionar los problemas de ritmo, que la cinta acarrea en su último tercio, cuando la trama se detiene en el llamado bidón 5. Lo que al inicio avanzaba con ritmo de coche deportivo funcional, poco a poco se va mimetizando con el coche de la película.

A pesar de todo, siguiendo el espíritu positivo de la cinta, hay que destacar la pericia del director para mostrar una puesta en escena ágil, en la que destacan varios planos aéreos y grandes planos generales que nos muestran el paisaje desértico por el que se van moviendo los personajes y una muy gustosa banda sonora que desahoga, acompaña y sirve de mapa emocional. Por algo Friedrich Nietzsche decía que ““sin música la vida sería un error”.

Laura Acosta

Nota El Blog del cine español: 6,5

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La combinación de buddy movie con road movie, no es algo común en la cinematografía española. Respecto a la buddy movie, que Ira Konigsberg definió como “aquel que enaltece las virtudes de la camaradería masculina y relega la relación hombre-mujer a una posición secundaria”, resulta paradigmático el cine de...