El novelista francés Marc Dugain se sirve de una novela histórica de Chantal Thomas para realizar su segundo largometraje, titulado Cambio de reinas (2017). La cinta se retrotrae al siglo XVIII e introduce al espectador en la corte francesa. Después de años de guerra, entre Francia y España, Felipe de Orleans (regente del país galo) decide que la mejor forma de obtener la paz es por un lado, casar a su hija de doce años con el heredero al trono español y por el otro, casar a Luis XV, futuro rey de Francia, con Mariana Victoria infanta de España, de tan solo cuatro años.

De esta rocambolesca y rebuscada estrategia se nos desprende una idea clara: el poder parece haber estado siempre en la base de los movimientos históricos. Al fin y al cabo, estas estrategias no pretenden más que perpetuar ese poder, para que todo siga igual. Resulta demasiado goloso el dominio otorgado por vía sanguínea, como para desistir sin dar la vida por ello. El problema es que en este caso, las intrigas palaciegas arrastran consigo a unos niños que poco pueden llegar a comprender. Mientras que Luis XV es un pre adolescente de once años que no acepta el trato, la infanta Mariana Victoria con cuatro años apenas pasa de los típicos balbuceos infantiles y Luisa Isabel de Orleans, en plena época de rebeldía y soliviantada al verse como extranjera en un nuevo país, solo pretende fastidiar el plan a su padre. De modo que estas sombrías conspiraciones dan como resultado una pérdida total de la infancia, por parte de sus protagonistas. Por mucho que en aquella época los niños tuvieran un estatus lleno de obligaciones y pocas alegrías, contemplar esta situación vivida por las clases más privilegiadas resulta, como poco, sorprendente.

No obstante, más allá de que la cinta sirve para instruirse un poco más en los funcionamientos de las monarquías y de que tiene una ambientación muy cuidada y meticulosa, se echan en falta muchos otros elementos. En primer lugar, falta riesgo y pulso narrativo. Hace poco se estrenaba una de las películas más nominadas en esta edición de los premios Oscar, La favorita (Yorgos Lanthimos), una cinta también sobre intrigas palaciegas situada en el siglo XVIII, pero de una originalidad y una maldad hacia el género humano totalmente hipnóticas. En Cambio de reinas no vemos ningún elemento innovador, no vemos riesgo y no podemos llegar a diferenciar un elemento autoral.

Después, creo personalmente que la puesta en escena, a base de una iluminación de penumbras permanentes, no consigue dotar de ritmo al conjunto. Si no eres un gran seguidor de las películas de época, de ritmo pausado y diálogos continuos, posiblemente acabes sucumbiendo a los designios de Orfeo. Porque si el letargo no te invade, quizás lo haga la confusión, fruto de una multitud de tramas y personajes que los menos versados en la materia podemos definir de excesivos. El punto de vista cambia a un ritmo vertiginoso, haciendo muchas veces complejo el entendimiento. Aunque esto no significa que su guion sea singular. Muy al contrario, uno poco a poco va augurando los sucesos que van a acontecer.

En definitiva, es una película de ambientación depurada, interpretaciones convincentes y algunas metáforas visuales interesantes, pero con un desarrollo convencional, una maraña de puntos de vista confusos y un riesgo narrativo tan diminuto que la hace olvidable.

Laura Acosta

Nota Factoría del cine: 5

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