En I am not your negro (2016) todos los espectadores podíamos contemplar el testimonio de un afroamericano, decidido a luchar por salir adelante, en un país (EE.UU) repleto de odios hacia los negros. Ese hombre se llamaba James Baldwin y era un tipo peculiar. ¿La razón? Muy sencilla, Baldwin era un escritor gay, negro y pobre. Un tipo que entabló amistad con Martin Luther King y Malcom X, con varias obras inacabadas y otras prodigiosamente finalizadas. El blues de beale street, novela que Baldwin publicó en 1974, es la que ha elegido el realizador Barry Jenkins para llevarla al cine. La trama es aparentemente muy sencilla: una joven pareja de negros está enamorada y se quiere casar, pero él es acusado de una violación que supuestamente no ha cometido y ella, junto a su familia, tendrá que hacer todo lo posible por sacarle de ese encierro al que parece condenado de antemano. Desde luego el título no parece cogido al azar, ya que el blues es la música de la melancolía por antonomasia y Beale street es una calle situada en Memphis, espacio en el que se han producido altercados contra la comunidad negra, quizás siendo el más recordado el asesinato de Luther King en 1968. Por todo ello Jenkins hace un retrato doloroso, en el que se combina magistralmente la belleza poética de los textos de Baldwin con el orgullo que éste siempre demostró en sus apariciones públicas.

Respecto a la inmensa belleza de su puesta en escena, resulta evocador como el realizador norteamericano crea un universo muy particular, dentro del que parece estar suspendida cualquier referencia temporal. No hay en esta pura historia de amor un contexto, sino que todo se centra en las fases del romance, los recuerdos de las primeras veces, el estrépito de las pieles al rozarse o la tristeza del que ni puede tocar la mano de su enamorado, aún estando él a pocos centímetros.La cámara de Jenkins capta la esencia de cada personaje y por ello son protagonistas los primeros planos. Además la voz en off que nos va narrando lo acontecido entra y desaparece con extremo tacto y provista de las palabras exactas y los colores, en ocasiones vivos y en otras más apagados, nos dicen más del estado de ánimo que grandes parrafadas de guion. Pero si en, la bajo mi punto de vista muy superior ,Moonlight (2016) “la luz de la luna conseguía convertir la piel negra en azul”, en El blues de beale street es la música la que brinda momentos de belleza y de respiro a los protagonistas. Toda la música diégetica es por ello música hecha por negros, ya que de alguna forma ante las injusticias raciales de sus vecinos y conciudadanos, escuchar a sus semejates les proporciona esperanza. Una esperanza que siempre trae consigo un nuevo ser y que aquí se sucede en una secuencia preciosa, en la que gracias a una elipsis figurativa vemos el viaje de la vida y de paso nos acordamos de la personal figura de otro director sensible y evocador como Terrence Malick.

Es esta una tragedia romántica en la que no se pierde nunca el orgullo, ni la dignidad. Baldwin decía que “no todo lo que se afronta se puede cambiar, pero nada se puede cambiar si no se afronta”. El dolor de esta pareja de enamorados es un dolor infinitivo, con el que cualquiera podría identificarse, pero la reacción de las mujeres de la cinta es muy meritoria. Tanto la enamorada, como su madre afrontan los problemas con gran entereza y hacen todo lo que está en su mano por lograr volver a su vida tranquila, sabiendo que tienen todas las de perder. Dos personajes femeninos que sin embargo, están faltos de mayor profundidad. La madre coraje que interpreta Regina King, con ese viaje a Puerto Rico, resulta excesivamente efímera y la pareja protagonista adolece, como el resto de personajes, de un mayor interesés. Posiblemente sea esta una historia trascendental en la que los personajes son meros artilugios, repartidos por un escenario vital que muchas veces se ensaña con el débil. No es ésta una película sencilla, ni de grandes florituras técnicas. Es probable que se haya fusionado en exceso con el medio teatral y su ritmo no sea demasiado certero, pero la posibilidad de contemplar belleza durante dos horas, a partir del más abosuto de los dolores, merece un esfuerzo.

Laura Acosta
Nota Factoría del cine: 8

JFPUncategorizedCríticas,El blues de beale street
En I am not your negro (2016) todos los espectadores podíamos contemplar el testimonio de un afroamericano, decidido a luchar por salir adelante, en un país (EE.UU) repleto de odios hacia los negros. Ese hombre se llamaba James Baldwin y era un tipo peculiar. ¿La razón? Muy sencilla, Baldwin...