Me gusta el cine de Pascal Laugier. O por lo menos, su eterna pretensión de sorprender al espectador. MARTYRS, su obra más polémica, fue encumbrada como una de las películas más “bestias” de lo que se consideró la “Nueva Ola” del terror francés, si bien el propio director se considera un apestado en su pais natal. Volvió a sorprender con EL HOMBRE DE LAS SOMBRAS, un (excelente) film mutante, cuyo giro final desencantó a gran parte del público, llevándose (inmerecidos, para quien esto escribe) palos. Tras este rechazo, Laugier confiesa que le ha costado una eternidad poner en marcha su siguiente proyecto.

GHOSTLAND (alerta de spoiler: a pesar del título, no hay fantasmas en la película) es un film difícil de etiquetar. Si, pertenece al género de terror, pero con matices. Laugier nos traslada a su universo, donde realidad y ficción se tornan indistinguibles. Lo que comienza como el típico “Home Invasion”, gira poco a poco al “Torture Porn”, duro y sin concesiones, salpimentado con gotas del slasher más desatado.

El argumento es tan simple que asusta. Una madre y sus hijas adolescentes heredan una casa en mitad de la nada. Su primera noche allí son asaltadas por unos psicópatas.

Sin embargo, Laugier juega con nuestra percepción, nuestro punto de vista y nos sumerge en un cruce de historias que nos harán dudar de nuestros propios sentidos. ¿Qué está pasando realmente? ¿Qué es real y que no lo es?

Con el público desorientado, el director juega constantemente al despiste, cambiando de espacios, de escenarios e incluso la personalidad de los personajes.

Visualmente, GHOSTLAND es bastante pobre, debido al escaso presupuesto con el que se ha puesto en pie. No es óbice, sin embargo, para que el director se recree en ciertas secuencias, dolorosas, duras y si, sangrientas.

Las actrices están perfectas. En este tipo de propuestas, en las que se les exige poco más que gritar y correr, muestran un amplio abanico de emociones. En más de un momento sus acciones y reacciones acabaran sobrecogiendo a la platea.

No quiero extenderme en demasía. Como siempre en el cine de Laugier, es mejor entrar en la sala con la menor información posible. Como aficionado al cine de género en general y al terror en particular, GHOSTLAND es un nuevo ejemplo de que se pueden encontrar propuestas muy estimulantes más allá del típico terror adolescente.

En resumen, GHOSTLAND es un film difícil de etiquetar, que no gustará a los alérgicos a la hemoglobina o aprensivos al sufrimiento ajeno. Laugier es un director muy particular, gustoso de mostrar violencia desmedida en sus películas. Aun así, aquellos que se adentren en la sala, no quedaran indiferentes.

A descubrir.

LO MEJOR

La atmosfera malsana y los monstruos que crea el director.

Esos giros de guion, marca de la casa, rubricando un terror latente que sorprende a cada segundo.

El (atractivo) juego de espejos y realidades que nos plantea el director galo.

LO PEOR

Que se pueda pensar que es más de lo mismo.

Es violenta, aunque no muy explícita. Aunque no se recrea en ello, gran parte del público va a evitarla.

El diseño de producción está a gran nivel, pero visualmente no sorprende.

Puede parecer anticuada. Este género alcanzó su cenit a finales de la década pasada.

LA CURIOSIDAD

Una de las protagonistas, Taylor Hickson de tan solo veinte años, resultó gravemente herida durante el rodaje de una secuencia. En un momento de la película, tenía que romper un cristal con la cabeza. A pesar de las medidas de seguridad en este tipo de efectos, el cristal le cortó la cara, desfigurándola parcialmente y dejándole una enorme cicatriz.

NOTA: 7/10

Wiman González

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