Hacer comedia es muy complejo. Conseguir que el público se ría es mucho menos simple de lo que parece. ¿Por qué? Posiblemente porque el drama es el género predominante y porque muchos creadores de historias confunden el ingenio con el humor. Uno no puede pretender que las secuencias humorísticas salgan solas, muy al contrario, una buena secuencia que haga reír al público debe estar muy bien planificada. El cine italiano ha tenido y tiene una relación muy estrecha con el género cómico. Quizás una de las parejas míticas que deleitaron a los italianos durante décadas sea la compuesta por Sophia Loren y Marcello Mastroianni. Ambos consiguieron dignas comedias como Ayer, hoy y mañana (Vittorio de Sica, 1963), Matrimonio a la italiana (Vittorio de Sica, 1964) o La mujer del cura (Dino Risi, 1970). Sin embargo, este buen hacer de la comedia italiana ha ido llenándose de sombras hasta llegar a la actualidad en la que películas como Una casa, la familia y un milagro (2018) no pasan de ser un mero producto insustancial condenado al olvido instantáneo.

El director Augusto Fornari en Una casa, la familia y un milagro se centra en cuatro hermanos no muy bien avenidos que ante el aparente coma irreversible del padre, deciden vender la casa familiar. Una decisión coherente, ya que el padre lleva cinco años en coma, que pronto saltará por los aires cuando el hombre despierta y los cuatro hermanos tienen que montar una farsa para que el progenitor no sospeche. El tema de la farsa recuerda mucho a la espléndida Good bye Lenin! (Wolfgang Becker, 2003), pero en este caso cualquier atisbo de comparación resulta bastante odiosa. Aquí la simulación que hacen los hermanos, con la casa que ya no es suya y los muebles que han vendido a unos gitanos y que tienen que recuperar o sustituir por otros, no es más que un intento de gag vacío de cualquier contenido. Aunque para ser justos se debe reconocer que este artilugio dramático de la farsa regala algunos momentos humorísticos. Especialmente la secuencia con el cuadro de la jirafa, haciendo las veces de Torre Eiffel, o la mesa que era, pero ya no es hexagonal son reconfortantes para el espectador.

No obstante, a una película se le debe exigir más que unos cuantos momentos de humor. Por ejemplo, no es mucho pedir que los personajes tengan un poco de sustancia, más allá de los típicos tópicos. Porque aquí los cuatro hermanos, más allá de resultar en muchos momentos tiernos, parecen cuatro prototipos. Está el banquero siempre erguido y serio, el músico gordo y tristón, el amante del tenis ligón y mete patas y la guapa depresiva ante el abandono del marido. Además algo un tanto sorprendente, que se puede deducir tras ver la película, es la falta de evolución que tienen los cuatro. En la primera secuencia les vemos de niños en la casa familiar y tras un fundido vemos que los cuatro se comportan y cometen los mismos errores. Hubiera sido interesante que la cinta se hubiera detenido en dar una explicación a la repetición que los hermanos hacen de sus errores de la infancia.

Laura Acosta

Nota: 5

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Hacer comedia es muy complejo. Conseguir que el público se ría es mucho menos simple de lo que parece. ¿Por qué? Posiblemente porque el drama es el género predominante y porque muchos creadores de historias confunden el ingenio con el humor. Uno no puede pretender que las secuencias humorísticas...