Es cierto que la época estival es un periodo óptimo para el estreno de cintas puramente de entretenimiento, con las que pasar mejor el calor mientras se disfruta del aire acondicionado de las salas y de algún buen cubo de palomitas. No obstante, habría que decirle a Brian Henson, director de ¿Quién está matando a los moñecos? que los límites existen y no todo vale. Henson que es el hijo del creador de la archiconocida Barrio Sésamo se sirve de la famosa creación de su padre para hacer un híbrido, supuestamente muy adulto, repleto de sexo, drogas y palabrotas de todo tipo. Sin embargo, el resultado final no alcanza otro adjetivo que no sea el de una cinta macarra y tremendamente simplista.

La trama nos sitúa en una ciudad de Los Ángeles en la que conviven humanos y marionetas, éstas últimas en inferioridad de condiciones, en una ambientación muy típica del género criminal. De repente un día se empiezan a producir una serie de extraños asesinatos de marionetas y el detective privado venido a menos Phil, hermano de una de las víctimas, se pondrá al frente de la investigación junto a su antigua compañera de academia Connie (Melissa McCarthy). Los primeros minutos de la película pueden tener sentido audiovisual, ya que se nos plantea un universo de desigualdad entre los habitantes y un caso de asesinato por resolver, pero enseguida la trama se va volviendo más inverosímil y más vergonzosa. Vergonzosa porque todos sus gags parecen sacados de la pluma de un misógino pervertido anclado en la pubertad. Esta cinta confirma la creencia que tienen algunos de que el humor adulto es equivalente a un humor soez. Una creencia que es muy lamentable y que nos parece indicar que en muchos sectores de la sociedad nada ha cambiado. Algunos se siguen riendo al ver el vello púbico azul de una muñeca ninfómana o al presenciar la hiperbólica eyaculación de un calamar de fieltro. Puede que sea un sector reducido, pero que una cinta base todo su metraje en este tipo de gags y que cuente con una actriz más que consagrada, en el panorama cómico de Hollywood, como es Melissa McCarthy resulta por lo menos preocupante.

Aunque seguramente lo más alarmante es el acusado sexismo del que hace gala la cinta de Henson. Vale, puede que haya quién diga que todo es una ficción humorística ajena a la realidad, pero el subtexto que se traduce de sus secuencias podría proyectarse en los institutos como ejemplo de lo que no hay que hacer. Todos los personajes femeninos que aparecen tienen algún tipo de problema en su conducta. Como hemos dicho tenemos a la ninfómana psicópata, luego está el viejo amor del detective que es una especie de prostituta sin muchas luces, sin olvidarnos de la mojigata de su secretaria y de Connie, la detective humana, que parece aglutinar todos los defectos masculinos: es adicta al azúcar, desordenada, vasta y solitaria. Una buena respuesta ante la cinta de Henson sería hacer un Billionaire Boys Club y que la recaudación de la cinta se quedara en unos centenares de dólares.

Nota Factoría del Cine: 1

Laura Acosta

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