Para Darwin la selección natural o la también llamada supervivencia de los más aptos es aquella que preserva la unicidad y variación individual de cada ser vivo, que le lleva a la mejora de sus condiciones de vida y al mismo tiempo a destruir todo aquello que le perjudique. Por esta regla de tres, Darwin quizás no estaría muy satisfecho con el mensaje que se extrae después del visionado de Alpha (Albert Hughes, 2018). La nueva cinta en solitario del director de Detroit nos relata la típica historia de supervivencia, que tantas veces se ha visto en la gran pantalla, pero ubicada hace 20.000 años y con la conciencia animal como telón de fondo. Keda, interpretado de forma un tanto estoica y al mismo tiempo dubitativo por el actor Kodi Smit-McPhee, es el aspirante a líder de su tribu que en una jornada de caza desaparece y es dado por muerto. Obviamente el chico no está muerto, así que perdido en la inmensa y amenazadora naturaleza tendrá que aliarse con un lobo para sobrevivir y volver a casa antes de que las inclemencias meteorológicas lleguen.

De este modo uno de los grandes temas de la cinta es el de la supervivencia. Keda debe intentar sacar su mejor versión para encontrar el camino de vuelta a casa. A modo de simpática equivalencia, puede decirse que Keda se ve forzado a encontrar su “camino de baldosas amarillas”. Un camino que no será fácil y que le enfrentará con muchas dificultades, que el director filma con gran nervio y dominio de la cámara. Es cierto que la trama es muy poco innovadora, ya que uno puede pensar en multitud de personajes que tienen que sobrevivir frente al objetivo. En 127 horas (Danny Boyle, 2010), James Franco quedaba atrapado en un cañón de Utha y tenía que sobrevivir a toda costa, archiconocida es la tragedia del equipo nacional uruguayo de rugby que quedó reflejada en Viven (Frank Marshall, 1993) o más recientemente hemos asistido a una buena ración de supervivencia extrema y mucho azúcar en La montaña entre nosotros (Hany Abu-Assad, 2017). No obstante, la falta de originalidad no siempre ha sido una desventaja para los contadores y receptores de historias. Además en Alpha el vínculo entre hombre y animal le brinda un renovado interés a la trama.

Keda como hemos dicho debe establecer una alianza con un lobo, en apariencia amenazador, que acabará llamando Alpha. Un nombre que si se analiza un poco, no parece tomado al azar y por lo tanto puede pensarse que el chico intenta así tornar los papeles para que en el vínculo hombre-animal el último no esté tan expuesto. Sin embargo, las notables dudas del chico hacia los agresivos métodos de caza de su tribu y su relación con el lobo no evitan que la película peque de blanda. Si hoy en día se producen tropelías con los animales, en esa época uno al menos piensa que las cosas debían ser, desgraciadamente, mucho peor de lo que la cinta muestra.

Posiblemente la intención de Hughes de realizar una película familiar hace imposible cualquier punto de vista más valiente. El director prefiere recurrir al género clásico de aventuras, eso sí con un gran uso de la naturaleza como personaje principal y maléfico. Toda la puesta en escena y la iluminación resulta enormemente desagradable y agresiva. Parece que hace cientos de años el ser humano estaba muy lejos de encontrar una convivencia saludable con su entorno.

Laura Acosta

Nota Factoría del Cine: 6

JFPCríticasAlpha,Críticas
Para Darwin la selección natural o la también llamada supervivencia de los más aptos es aquella que preserva la unicidad y variación individual de cada ser vivo, que le lleva a la mejora de sus condiciones de vida y al mismo tiempo a destruir todo aquello que le perjudique....