Muy posiblemente los Kennedy sean una de las familias más famosas y que más interés ha suscitado en EE.UU y en gran parte del mundo. Icónicos y muy tristes fueron los finales de John y Robert, pero menos conocida es la vida del menor del clan: Ted Kennedy. El escándalo Ted Kennedy (John Curran, 2017) bucea en la vida de este vitalicio senador que a la edad de treinta y siete años, cuando estaba en pleno auge político y sus miras apuntaban a la Casa Blanca, se vio involucrado en un fatal accidente de coche que acabo con la vida de Mary Jo Kopechne, una secretaría del círculo de confianza de su hermano Bobby.

Alejado de otros retratos idílicos sobre el clan, Curran decide abordar la vida de Ted desde la desmitificación y la mayor imparcialidad posible. Ted se nos presenta como un patoso que es incapaz de actuar con la cabeza frío, tendente a meter la pata y a tener ideas peregrinas, que regalan a la cinta momentos de un humor negro muy apreciable, pero que en el fondo guarda unas ideas políticas interesantes. Unas ideas con las que parte de la población empatiza y que le sirven para seguir en el sillón y aguantar el chaparrón con muy buen talante. No obstante, eso no quita para que cada uno como espectador tenga la suficiente madurez para reprobar su comportamiento. Porque si de algo habla esta película es de saber separar el ámbito público del privado. Uno puede ser un político de ideas muy reformistas y abiertas, pero al mismo tiempo ser un cobarde, incapaz de asumir sus culpas, en el ámbito personal. Ambas cosas son compatibles y El escándalo Ted Kennedy se ajusta muy bien a estos principios, convirtiendo la biografía de Ted en un relato meticuloso, con un ritmo trepidante, gracias a la precisa dosificación de la información que le va dando al espectador, y una atmósfera angustiosa, muy alejada del idílico retrato que uno puede tener de la famosa saga.

Una saga maldita, en la que Ted se erige como el último salvador, gracias al furor que su apellido crea allá donde va, por mucho que su despótico padre no confié en él. En ese furor juegan un papel fundamental los medios de comunicación. Concretamente la televisión, de la que se sirve Ted para dar un postizo mensaje a toda la nación, con el que asumir parte de sus culpas y pasar a la memoria colectiva como “el pobrecillo” que se vio involucrado en un accidente de coche. Sin duda el poder de la televisión se mostró fundamental para que la figura de Ted no fuera lapidada por la opinión pública, que en esos momentos estaba en un periodo previo de excitación, fruto de la cercanía de la llegada a la Luna que apenas un par de días después se hizo realidad. Es curioso como ambos sucesos acontecieron tan pegados en el tiempo. Irónicamente mientras el último de los Kennedy dilapidaba sus opciones presidenciales, EE.UU daba un paso de gigante en la carrera por dominar el mundo.

Si hay algún reproche que hacerle a la cinta puede que sea su modera corrección. Todos los elementos que configuran la historia tienen un potencial mayúsculo y quizás se eche de menos esa secuencia que uno guarda en la memoria. Sin embargo, es una película que se ve con gran placer y que para los menos instruidos en la materia puede servir de gran acercamiento a la figura de Ted Kennedy.

Laura Acosta

Nota: 8

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Muy posiblemente los Kennedy sean una de las familias más famosas y que más interés ha suscitado en EE.UU y en gran parte del mundo. Icónicos y muy tristes fueron los finales de John y Robert, pero menos conocida es la vida del menor del clan: Ted Kennedy. El...