Las madres son las encargadas de sacar adelante a sus familias y comerse todos los miedos y lamentos en Siempre juntos (2018), la nueva cinta del director brasileño Gustavo Pizzi que fue galardonada en el pasado Festival de Málaga. El tándem que forman a la escritura Pizzi y Karine Teles, que a su vez da vida a la protagonista de esta historia, decide bajar a la realidad para contarnos el día a día de una madre brasileña casada y con cuatro hijos que debe acoger a su hermana maltratada y asimilar la marcha del primogénito a Alemania, para hacer carrera en el balonmano.

Se puede decir que todos ellos forman una familia disfuncional, un poco al estilo de otras familias como la de Los Hoover en Pequeña Miss Sunshine (2006). El padre tiene la cabeza llena de pájaros y de negocios imposibles, la tía sufre un matrimonio tormentoso, uno de los hijos va con la trompa a todos los sitios y dentro de ese caos Irene, la madre, junto a Fernando, el primogénito, parecen los únicos capaces de aportar un poco de normalidad. Una normalidad, eso sí, de marcado carácter surrealista que queda acentuada por la casa en ruinas en la que viven. Cuando alguno de los personajes quiere entrar o salir de la casa lo deben hacer por la ventana, al estar la puerta estropeada. Libremente se puede pensar que el ambiente familiar está demasiado viciado y necesitan una ventana abierta por la que respirar aire puro. O quizás sencillamente esa ventana, haciendo la función de una puerta, nos presente un mundo singular.

En concreto nos presenta una Brasil extraña, que tiene como personaje protagonista el balonmano y no el fútbol, pero al mismo tiempo somos testigos de un país muy pegado a Europa, al forzar a sus jóvenes a marcharse en búsqueda de un futuro mejor. Un futuro que los trabajos precarios de sus padres no le aseguran, pero que aquí no es retratado desde el drama. Inevitablemente Irene sufre el llamado síndrome del nido vacío, lo que le provoca tristeza, angustia y un dolor final, sin embargo ese coctel emocional tiene un recorrido delimitado. Irene es plenamente consciente de que la marcha del hijo es ley de vida y de que sus otros hijos también la necesitan.

Eso sí aquellos que esperen una historia llena de giros y secuencias de una complejidad asombrosa no quedaran satisfechos, ya que Siempre juntos se nutre enteramente de las herencias Neorrealistas y de la auténtica interpretación de Karine Teles. Es ella con sus ambivalencias, que le conducen desde el amor incondicional a su familia hasta el agotamiento más absoluto, la que soporta toda la trama. Obviamente el director conoce sus armas y premia a su protagonista con multitud de planos cortos de gran duración con los que Teles nos cautiva, sin necesidad de recurrir al exceso. Una tarea muy meritoria en un personaje guiado por unas tonalidades rojizas, que la socióloga Eva Heller solía relacionar con los sentimientos de amor-odio.

Laura Acosta

Nota Factoría del Cine: 7

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Las madres son las encargadas de sacar adelante a sus familias y comerse todos los miedos y lamentos en Siempre juntos (2018), la nueva cinta del director brasileño Gustavo Pizzi que fue galardonada en el pasado Festival de Málaga. El tándem que forman a la escritura Pizzi y Karine...