Los viajes en alta mar y los accidentes que dejan a los personajes expuestos a un sinfín de problemas resultan muy cinematográficos. Sin embargo, aunque hayamos visto muchas cintas similares, A la deriva (Baltasar Kormakur, 2018) resulta desde su primera secuencia entretenida y atractiva. El argumento se centra en Tami y Richard, una joven pareja que emprende un viaje en velero de Tahití a San Diego, con la mala suerte de toparse durante la travesía con una terrible tormenta que les deja a la deriva. Para conseguir que el periplo de estos dos navegantes sea ameno, su director decide filmarlo todo desde una perspectiva muy sensorial, para lograr que los espectadores puedan meterse dentro de esa angustiosa e infatigable lucha por la resistencia que va a liderar Tami durante toda la película. Posiblemente nada de esto hubiera sido posible sin la inmensa interpretación de Shailene Woodley, que está maravillosa y que por cierto deja en evidencia el hieratismo de su partenaire. Es ella la que soporta todo el peso de la película y es ella la que transmite a la perfección esa delgada línea que existe entre seguir luchando y abandonarse a la desesperación. Su interpretación es precisa y contenida, como el resto de la película, aunque quizás es aquí donde puedan ponerse algunas pegas a la historia. Vista la situación tan extrema a la que se tienen que enfrentar los dos protagonistas, se echa en falta un poco más del dramatismo y la emoción que encontramos cuando el director se detiene en los designios de la naturaleza y la inmensidad del mar. Posiblemente el director prefiere retratar esa libertad que provoca navegar desde una perspectiva más comedida, aunque no por ello menos certera, ya que se traslada muy bien al espectador la indescriptible sensación de libertad que provoca surcar el mar. Tanto para Tami como para Richard esta actividad es una especie de droga que les permite escapar de sus vidas y disfrutar al máximo de otros lugares y culturas. En este sentido resulta muy desalentador ver como cuando Tami decide acompañar a Richard en su viaje a San Diego, donde ella ha nacido, acto seguido los dos sufren una tormenta espantosa. La vida parece no haber pensado en un hogar para Tami y sí en una plaza vitalicia en alta mar. De hecho es ella la que demuestra tener más valentía y aptitudes para la navegación, por mucho que sea Richard el que cuenta con la experiencia.

Finalmente destacar el interesante discurso feminista de la cinta, donde la mujer es el ente activo y el hombre es el príncipe que aguarda a su heroína. Es cierto que al inicio es Tami la que se deja obnubilar por la experiencia de Richard, pero por suerte la cinta no apuesta por el simplismo y consigue dotar de profundidad ese súbito enamoramiento que surge entre los dos. Como único aspecto negativo, resaltar que queda un poco forzado el intercambio de papeles, en el que él es el sensible capaz de diferenciar distintas tonalidades y ella es la más masculina e incapaz de ver más tonos de rojo. Parece que se reduce la masculinidad y la feminidad a dos compartimentos estanco y eso desentona con el resto de la cinta.

Aun así es una película recomendable y un buen ejemplo de que se puede hacer una cinta con visión comercial de calidad, en la que se pueda ver algo más que efectos digitales y pirotecnia.

Laura Acosta
Nota: 8

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Los viajes en alta mar y los accidentes que dejan a los personajes expuestos a un sinfín de problemas resultan muy cinematográficos. Sin embargo, aunque hayamos visto muchas cintas similares, A la deriva (Baltasar Kormakur, 2018) resulta desde su primera secuencia entretenida y atractiva. El argumento se centra en...