La ópera prima del actor Pau Durá, Formentera Lady, (2018) nos cuenta la excéntrica vida de un viejo músico hippie instalado en Formentera, desde principios de los años setenta. No obstante, Durá intenta ir más allá para de paso reflejar el ocaso de toda una época que soñó con la libertad y que en pleno siglo XXI debe volver a la realidad. Por mucho que se empeñe, Samuel (José Sacristán) no es ajeno al peso del tiempo y a los achaques. Toda su filosofía de vida, que tantas renuncias le ha costado a lo largo del tiempo, tras la inesperada visita de su hija y de su nieto parece correr el peligro de venirse abajo. Sin previo aviso, Samuel debe quedarse a cargo del niño y por primera vez en muchos años tendrá que salir de su isla. Un doble isla, por un lado física, ya que Samuel odia pisar “el continente” y por otro lado, una isla emocional que parece impedirle establecer ningún grado de cercanía con nadie. Y aquí es donde se llega al tema principal de la película, que no es otro que el de la responsabilidad. Samuel ha decidido abandonarse a la filosofía hippie, como excusa para no responsabilizarse de nada y de nadie. Ni ha sido capaz de vivir en familia, ni tampoco ha podido después relacionarse con las mujeres de una forma saludable. Como consecuencia este setentón se ha convertido en una especie de Peter Pan, eso sí, tremendamente solitario. Un tipo que tiene un coche desvencijado, al que llama Ulises, en lo que parece una metáfora de su filosofía de vida.

Como Ulises, Samuel termina volviendo a casa, eso sí, después de muchas meteduras de pata y tras tomar consciencia de los peligros que su forma de vida le pueden acarrear a su nieto. Cuando deja de mirarse el ombligo y empieza a preocuparse por alguien más, su vida empezará a encauzarse. En este sentido, llama la atención la irresponsabilidad masculina que refleja Durá en su cinta. Cuesta imaginar a este mismo personaje, dentro de un cuerpo femenino.

En cuanto a la forma, la cinta destaca por su luminosidad y una mezcla bastante controlada de comedia y drama, en la que en ningún momento se intenta abusar de situaciones lacrimógenas. Además es de admirar como todo el equipo consigue retratar una Formentera paradisiaca y atemporal. Sin olvidar, el inmenso trabajo de prácticamente todo el elenco, quizás consecuencia de tener detrás de la cámara a un actor. José Sacristán está muy creíble, aunque vuelve a repetir el prototipo de hombre de pocas palabras y el niño tiene una mirada profunda y enternecedora.

En definitiva, Formentera Lady es una cinta sencilla, sin grandes aspiraciones, en la que las imágenes dicen más que las palabras. Quizás alguna situación está demasiado forzada, como el motivo de la repentina marcha de la madre, y otras terminas previéndolas demasiado pronto, pero en general resulta una cinta agradable.

Nota Factoría del Cine: 6

Laura Acosta

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La ópera prima del actor Pau Durá, Formentera Lady, (2018) nos cuenta la excéntrica vida de un viejo músico hippie instalado en Formentera, desde principios de los años setenta. No obstante, Durá intenta ir más allá para de paso reflejar el ocaso de toda una época que soñó con...