Llega a nuestras pantallas LA FORMA DEL AGUA, película que le ha valido a Guillermo del Toro el Globo de Oro a Mejor director. La película, aplaudida y vitoreada allá donde se entrena, se ha convertido en una de las más serias candidatas a los próximos premios Oscar, compitiendo en nada menos que en 13 categorías, entre ellas, a Mejor película. Y la verdad, falta le hacía al mexicano reencontrarse con su público, y más después de los terribles batacazos y reveses que ha sufrido en los últimos años. Los fracasos económicos de PACIFIC RIM, la cancelación de su proyecto soñado EN LAS MONTAÑAS DE LA LOCURA por un presupuesto desorbitado, su abandono de la saga EL HOBBIT, la paralización de sus versiones de PINOCHO y LA BELLA Y LA BESTIA, la imposibilidad de concluir la trilogía HELLBOY y el fiasco que resultó LA CUMBRE ESCARLATA, dejaban al mexicano en una posición delicada. Su nueva película debía funcionar en taquilla y encandilar al público. Y parece que, de momento, ha conseguido una de las dos.

¿Qué hace especial a la nueva película de Guillermo del Toro? Es difícil de explicar, ya que Del Toro siempre se ha movido en el genero fantástico, dejando para el recuerdo increíbles y fabulosos mundos, fruto de un imaginario bello y asombroso. Y el publico abraza encantado cada una de sus propuestas, porque, ¿A quién no le gustan los cuentos de hadas? ¿Quién no disfruta de fabulas en mundos imposibles poblado de criaturas asombrosas?

Del Toro saca a relucir su amor por el cine en general y las películas de monstruos en particular. Brillan los homenajes a, por ejemplo, LA BELLA Y LA BESTIA, LA CRIATURA DE LA LAGUNA NEGRA, KING KONG, LA NOVIA DE FRANKENSTEIN… o, porque no decirlo, 1,2,3 SPLASH…

LA FORMA DEL AGUA inicia con una imagen que nos sumerge (y nunca mejor dicho) en un mundo fantástico donde todo es posible. Y como siempre en la filmografía del orondo director (dicho con cariño) a los pocos segundos chocamos con la dura, triste y agresiva realidad.

En las primeras secuencias, Del Toro nos sitúa en un contexto histórico convulso, los años sesenta. América se estaba fabricando esa imagen de “El país donde todo es posible” de cara a la galería, donde bullen la segregación racial, el inicio de la carrera espacial, un clima prebélico con la guerra fría en su apogeo y donde los soñadores no tienen cabida.

Nuestros “héroes anónimos”, una chica huérfana y muda, una limpiadora negra muy locuaz y un pintor gay rondando los sesenta años, una suerte de perdedores con todo en contra, quienes, sin perder la sonrisa, buscan en cada nuevo día una pequeña alegría que les permita seguir adelante.

Entrando en los aspectos técnicos y artísticos, solo caben alabanzas. Los actores protagonistas están fabulosos. La labor de Sally Hawkins como Eliza, la joven muda es maravillosa. Destila candidez, bondad y una sexualidad reprimida, pero a la que da rienda suelta cada mañana.

Richard Jenkins interpreta al pintor homosexual con excesivamente verborreico. Al tener que “dialogar” con una vecina muda, se enroca en más de un monologo, alentándose, deprimiéndose y/o respondiéndose a sí mismo, al mismo tiempo.

De Octavia Spencer, poco que decir. Es la otra Meryl Streep. Denle un OSCAR cada vez que se levanta de la cama…

En el lado de los “villanos” destaca, como siempre Michael Shannon, actor que me fascina pero que, en esta ocasión, está tremendamente desaprovechado, interpretando a un villano de opereta, sin aristas ni desarrollo, de cliché, de tópico, sin redención y que es malo porque sí. Genial cuando está iracundo, horrible en profundidad.

Tras esta historia de amor entre especies, se esconde una fábula muy profunda. El problema, como suele pasar con la mayoría de obras del director mexicano, es que, a pesar de su potente imaginario, su castillo de naipes de desmorona alrededor del minuto treinta de metraje.

¿CREÍBLE O VEROSÍMIL?

A la hora de diseñar mundos, Del Toro es único. Crea atmósferas y mundos maravillosos y en esta ocasión y a pesar de su exiguo presupuesto, han sacado petróleo. El director nos traslada al mundo que imagina sin escatimar detalle. El equipo de producción se ha lucido y tanto el vestuario como las localizaciones (ese cine vacío es todo un hallazgo) nos trasladan al contexto histórico a la perfección.

En los apartados técnicos encontramos un trabajo fotográfico fabuloso, hipnótico, de ensoñación, donde brilla el genial diseño de producción y la caracterización de personajes. La música de Desplatt acompaña a la acción de un modo tan orgánico que estremece y donde todo, desde las películas en televisión, las expresiones y la situación sociopolítica están plasmadas a la perfección.

ENTONCES, ¿DÓNDE ESTÁ EL PROBLEMA?

El problema radica en que, si bien el mundo donde sucede la acción es tremendamente realista, el devenir de los acontecimientos no lo es.

“Vamos a ver, es una película donde un ser anfibio y una humana se enamoran. El elemento ficción ya se aleja de la realidad…” dirá alguno y no le faltará razón. El problema está en que todo ocurre de manera demasiado precipitada o atropellada, por no decir “porque si”. Ambos personajes solo necesitan dos encuentros para enamorarse perdidamente. Eso ocurre tan “porque el guion lo pide”, sin justificación (a pesar de que, en algunos diálogos y, sobre todo, al final da pie a una hipótesis totalmente descabellada…) que el espectador solo puede aceptar que ha ocurrido, pero sin saber muy bien el porqué.

En esos escasos momentos, Eliza decide que debe rescatarle e hilvana un plan de fuga de unas instalaciones militares ultra secretas.

Esa parte de la historia es tan precipitada, tan “porque si” que acaba sacando de la película al más entregado. Ahí es donde entra la coguionista de Del Toro (a Dios gracias) quien mete en el guion una subtrama de espías rusos que hace medianamente verosímil la extracción del hombre pez. Pero vamos, si quitas a los rusos de la ecuación, la película sigue fallando. Están ahí como parche. Y se nota.

También duele la cantidad de “sorpresas mágicas” que el director se saca de la manga cuando lo necesita. Teniendo en cuenta que el anfibio está siendo estudiado por toda una suerte de científicos dedicados a llevar al hombre a la luna, parece mentira que no se den cuenta de ciertas habilidades del “monstruo” que resultan muy evidentes hasta para el espectador menos atento.

También pesan en el relato ciertas “características” de Eliza que llevan a ese final tan predecible como impostado.

Todas estas losas, además de una excesiva duración (al film le sobran unos buenos treinta minutos donde el espectador acaba atrapado en un bucle de sucesos que aportan poco a la trama) acaban provocando que la película se resienta, alternando entre la narración demasiado morosa o excesivamente precipitada sin razón alguna.

En resumen, LA FORMA DEL AGUA es una mágica historia de amor, sí, pero también es una feroz crítica a quienes desprecian, odian o destruyen aquello que no entienden por ser diferentes, ya sea por su condición sexual, color, raza y cualquier deficiencia física y/o emocional. Tiene secuencias que, de modo independiente, funcionan de maravilla, pero que, integradas en la trama, no acaban de encajar. Es una película 100% Del Toro, que contiene lo mejor del imaginario de su director, pero también lo peor.

LO MEJOR

La atmosfera, los ambientes, los decorados, la fotografía, la música y la banda sonora (no confundir). Todo al servicio de la historia. Inmejorable.

El cartel. Delicioso.

Las secuencias de sexo. Ya sean en solitario o en compañía…

El casting. Inmaculado, redondo, perfecto… a excepción de…

LO PEOR

Michael Shannon, que, a pesar de su imponente presencia y su carisma, encarna a un villano cuadriculado, del montón, sin atisbo de redención, solamente porque la historia necesita un “malo”.

Por momentos es demasiado derivativa y morosa narrativamente.

El guion. Por predecible y derivativo, repleto de tópicos. No hay por dónde cogerlo.

LA PREGUNTA, DOS EN ESTE CASO.

¿Cómo puede ser que, tras la cantidad de premios recibidos y la cálida acogida del público, la película no haya sido capaz de recuperar su (exiguo) presupuesto?

¿Habrán afectado las acusaciones de plagio que han recaído sobre la película (dos, en este caso), una acerca de las similitudes con LET ME HEAR YOUR WHISPER, novela de Paul Zinder, escritor y guionista ganador de un Pulitzer y la del director Macr S. Nolkaemper, autor del reciente cortometraje THE SPACE BETWEEN US (no confundir con la película del mismo título)?

NOTA: 5/10

Wiman González

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