LA CURA MORTAL supone el cierre de la trilogía EL CORREDOR DEL LABERINTO, iniciada en 2015 y lo hace sirviendo al espectador un trepidante film de acción con gotas de ficción.

La historia comenzó cuando Thomas despertó en un claro, a los pies de un misterioso laberinto. Una vez superado, descubren que el mundo, tal y como lo conocemos, ha dejado de existir. Una extraña enfermedad, conocida como “El Destello” ha infectado a uno de cada tres habitantes. La única esperanza de la humanidad reside en las manos de CRUEL, quien busca desesperadamente una cura en la sangre de los “inmunes”. Solo con el nombre de la compañía pueden hacerse una idea de lo “ético” de sus métodos.

El film arranca como un terremoto. Un rescate, a pleno día, a contrarreloj y a toda velocidad, sobre el techo de un tren. Y esa será la tónica habitual durante las más de dos horas de metraje. Secuencias de acción adrenalíticas y (muy) bien filmadas, aderezadas de unos efectos digitales muy competentes.

Uno de los problemas más evidentes es el escaso desarrollo de personajes. Este se estancó hace dos entregas y, aunque los actores lo dan todo en pantalla (el carisma de DYLAN O’BRIEN es incuestionable), nos quedamos con un elenco de personajes esquemáticos, planos y unidimensionales, dejándoles poco margen para la sorpresa de cara al espectador, resultando sus reacciones demasiado tópicas y previsibles. Prueba de ello es la actriz KAYA SCODELARIO, interpretando al interés romántico del personaje principal, quien traicionó a sus amigos en el capítulo anterior y que además es la principal investigadora de la Cura en CRUEL. Pues semejante caramelito acaba resultando una decepción. La actriz parece encorsetada y reprimida, carente de reacciones. Y es una lástima, más habida cuenta la expresiva mirada que posee la actriz.

El resto del reparto, aporta lo justo para cumplir el expediente. Desde un siempre bienvenido BARRY PEEPER al cumplidor GIANCARLO ESPOSITO, pasando por secundarios de peso como THOMAS BRODIE-SANGSTER, o WALTON GOGGINS, debutante en la franquicia, luciendo un maquillaje repulsivo y espectacular a partes iguales, de quien, honestamente, esperaba mucho más como personaje. Del actor, como siempre, nada que reprochar.

En este punto, aclarar que, a veces, como publico o critica, olvidamos a que sector van destinadas este tipo de películas. EL CORREDOR DEL LABERINTO es un film palomitero. Su premisa, sus personajes, acciones y reacciones son puro estereotipo y en esencia, está bien. No han venido a inventar la rueda y su única pretensión es contar una historia de buenos y malos, entretener a la platea y poco más. Así que, a pesar de su narrativa sembrada de sorpresas que no lo son tanto, su manido argumento, sus reacciones de manual, debemos ser indulgentes en la medida de lo posible.

Si, al público más experimentado le puede parecer que es lo mismo de siempre y puede incluso sentirse insultado por otro film vacío de contenido. Y puede tener razón, pero, en algunos casos, el público al que va dirigido el producto carece de referentes.

Y aunque el “mensaje moral” que la película intenta transmitir está mil veces visto (y mejor contado), a saber, lucha de clases, la eterna lucha entre adultos y adolescentes, la crueldad de las grandes corporaciones, cabe reconocer que, al menos, los autores corren el riesgo de intentar entregar ese “algo más. Y es un detalle a respetar. Si, la película no deja de ser un mero entretenimiento palomitero, cuya mera existencia se justifica en “recaudar dinero”, pero es el cine que nos toca sufrir en los días que corren.

Aclarado este punto, felicitar al director WES BALL, quien ha mantenido una envidiable coherencia estilística en los tres capítulos. Achacarle quizá su excesiva dependencia a los (en ocasiones, excesivos) efectos digitales. Es el precio a pagar para competir de tu a tu con las grandes franquicias que dominan la cartelera en la actualidad.

En la práctica, EL CORREDOR DEL LABERINTO: LA CURA MORTAL resulta un film trepidante y espectacular pero que, en lo negativo, peca de excesivo simplismo. Su (demasiado extenso metraje) está sembrado por multitud de “Deus Ex machina” (el guionista o director facilitando, secuencia tras secuencia, una salida de emergencia u objetivo improvisado a los protagonistas en un momento de riesgo del que parece imposible salir) y demasiados rescates inverosímiles “in extremis”, que acaban resultando agotadores.

Otro dato a destacar (en negativo) es como algunos personajes conocen detalles de otros, a pesar de haberse saltado el segundo capitulo de la saga. Incomprensible. Quizá en el libro se explique con detalle…

Lo que si resulta remarcable es el tercer acto, a todas luces previsible, pero, a la vez, terriblemente dramático y deprimente.

En resumen, EL CORREDOR DEL LABERINTO: LA CURA MORTAL es un blockbuster “de manual”, espectacular, trepidante y con un ritmo imparable. El guion es una mera sucesión de excusas para encadenar una secuencia de acción detrás de otra, abandonando a sus personajes por el camino, pero que, a pesar de sus muchos fallos, entrega tras entrega, la serie ha mantenido una coherencia sin fisuras hasta el dramático e inesperado final.

LO MEJOR

Es coherente con todo el universo que se ha creado.

El carisma de Dylan O’Brien.

Espectacular y trepidante y un cierra inusual en un producto de estas características.

LO PEOR

Predecible, repetitiva y con demasiadas injerencias/rescates por parte del guionista.

La mayoría de actores simplemente cumple.

Algunos personajes resultan fácilmente intercambiables, y ninguno importa en exceso.

Excesivamente larga.

LA PREGUNTA

¿Cuándo acabará la plaga/ fiebre/ moda de las trilogías cinematográficas?

Nota Factoría del Cine: 5,5

Wiman González

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LA CURA MORTAL supone el cierre de la trilogía EL CORREDOR DEL LABERINTO, iniciada en 2015 y lo hace sirviendo al espectador un trepidante film de acción con gotas de ficción. La historia comenzó cuando Thomas despertó en un claro, a los pies de un misterioso laberinto. Una vez superado,...