La pantalla se queda en negro, comienzan los créditos tras el pase de la película y los presentes no somos capaces de hacer ningún comentario, no se oye a nadie moverse, recoger, ni levantarse. El habitual murmullo de valoraciones de la película ha sido absolutamente inhibido, esta vez, por el aroma emocional que ha dejado el visionado de 120 pulsaciones por minuto; un aroma que sabe, sobre todo, a bofetón de realidad. Muchos dirían que se trata de una triste ficción, de otro final amargo más para la historia del cine, de un drama de los de llorar… pero creo que la mejor manera de describir esta película es diciendo que se trata de una gran dosis de verdad, de lo que es la vida, una sucesión de luchas individuales y colectivas frente a situaciones y poderes que escapan a nuestro control, pero contra las cuales nos sentimos inevitablemente necesitados de luchar.

La película está producida por la compañía francesa Les Films de Pierre y dirigida por Robin Campillo, con un guion que escribe él mismo en compañía de PhilipheMageot. Cuenta la disputa de un grupo de jóvenes activistas que, en el París de comienzos de la década de 1990 pretende generar conciencia sobre la epidemia del SIDA. Se trata de un retrato del movimiento Act-up París, que, fundado en 1989 aprovechando la marcha del día del orgullo gay, replicaba el modelo de su homónimo Act-up Nueva York, fundado en 1987.El origen de este movimiento parte del resentimiento hacia el estabishmentmédico, político y religioso y tenía como objetivo fundamental visibilizar a los enfermos de SIDA y presionar a las instituciones para que se implicasen en la lucha contra la epidemia.

120 pulsaciones por minuto se sitúa del lado de este colectivo y logra generar las suficientes controversias como para que seamos capaces de empatizar con ellos desde las dispares y en ocasiones contradictorias posiciones que los miembros del movimiento muestran a lo largo del filme. Así, aunque sin duda el público se posiciona del lado de los enfermos y los activistas, el desarrollo de la historia y los personajes nos muestra las dificultades de cohesión que pueden darse en grandes grupos, pese a que persigan un mismo fin y, al mismo tiempo, nos permite encarar diferentes maneras de afrontar la enfermedad y la lucha.

Este retrato poliédrico del colectivo hace que seamos capaces, como espectadores, de entender tanto el sufrimiento de algunos de los enfermos protagonistas, como el alivio de otros cuando todo acaba. Tanto el aliento incansable de aquellos que siguen combatiendo a pesar de todo, como la pesadumbre de quienes deciden que no pueden más, tanto la prudencia y diplomacia de quienes aún creen en poder lograr atención por parte de las instituciones, como el grito desesperado de aquellos que lo dan todo por perdido.

Visualmente la película acierta con la espléndida, elegante y sutil fotografía de Jeanne Lapoire, que, junto al montaje y a los signos de puntuación bien escogidos a lo largo de la estructura narrativa de la película, regalan al público momentos de un respiro y disfrute estético necesarios. Así mismo, destaca la brillante interpretación del actor argentino Nahuel Pérez Biscayart, que encarga a un personaje protagonista rico en matices y altibajos emocionales. El resto de actores y actrices terminan de componer un acertado reparto, entre los que cabe mencionar a AdèleHaenel y Arnaud Valois, entre otros.

Finalmente, quisiera subrayar que esta película, no sólo nos acerca a la realidad social que constituyó la epidemia de sida a finales del siglo XX, sino que, a través de ella, nos obliga a concienciarnos y pensar en otras luchas y objetivos que, tanto a nivel individual, y sobre todo colectivo, nos quedan por lograr. En Francia, en Europa y a nivel mundial. Nos obliga a cuestionar el papel y el poder de las instituciones farmacéuticas y políticas, de las cuales pocas veces podemos esperar que tengan como principal objetivo el beneficio social.

Nota Factoría del Cine: 9

Débora Madrid

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La pantalla se queda en negro, comienzan los créditos tras el pase de la película y los presentes no somos capaces de hacer ningún comentario, no se oye a nadie moverse, recoger, ni levantarse. El habitual murmullo de valoraciones de la película ha sido absolutamente inhibido, esta vez, por...