Permítanme una pequeña anécdota. El día que asistimos al pase de prensa y una vez requisados nuestros teléfonos (de verdad de la buena), periodistas y críticos recibimos un mensaje de Denis Villeneuve, director de la película, rogándonos preservar las sorpresas contenidas en el film. En la medida de lo posible, intentaré honrar su deseo. Disiparemos, eso sí, algunas dudas.

La principal y para que dejen de preocuparse: pese a lo que parece en los trailers, BLADE RUNNER 2049 no es un blockbuster al uso. No se trata de una secuela ultra vitaminada. No es una espectacular película de acción enmarcada en escenarios futuristas. No es un espectáculo vacío. Si la primera película ya era parca en secuencias de acción, en esta podemos encontrar bastantes menos, eso sí, filmadas con mimo, pulso y talento. Como el original, nos encontramos ante un film de ciencia ficción que cruza con el policiaco más negro.

Villeneuve se toma su tiempo para contarnos la historia. Son casi tres horas de metraje (ciento sesenta y tres minutos, nada menos), en los que el director nos cede espacio para la reflexión. Es un film pausado, que no lento. Siempre están pasando cosas. Es solo que se nos da tiempo para analizar lo que sucede en pantalla y las connotaciones que eso conlleva. Ética, filosofía, humanidad, identidad…

BLADE RUNNER, la original, es hoy una obra de culto y nadie puede discutir que revolucionó y cambió el género (y el cine) para siempre. Algunos la consideran una película sencilla envuelta en un apartado visual de lujo. Otros ven mil discursos que, a día de hoy, siguen vigentes. Lo que sí es cierto es que hace treinta y cinco años (años arriba, año abajo) fue ignorada por publico y critica. Pero como suele ocurrir, el tiempo la ha colocado en su (merecido) lugar.

Paradójicamente, las primeras críticas consideran a BLADE RUNNER 2049 como “una obra de arte”. Lo que tiene la globalización. La inmediatez es la norma y no hay lugar para medias tintas. Como cambian los tiempos…

En lo que podemos considerar toda una declaración de intenciones, BLADE RUNNER 2049 comienza con el increíble plano de… un ojo. Se nos pide que prestemos atención, que observemos con detalle. Pero también que nos fijemos en los ojos de los personajes. Ryan Gosling es un actor que expresa mucho con la mirada. En esta película, Denis Villeneuve aprovecha esa virtud al máximo y más en este contexto, un mundo donde los humanos y los “replicantes” se confunden, dudando de su propia humanidad.

La historia es bastante más sólida que la del primer film. De nuevo tenemos a un Blade Runner dando caza a replicantes. Pero algo insólito ocurre que pone en peligro el mundo tal y como lo conocemos.

Se nos presentarán nuevos personajes y, a diferencia del film anterior, donde brillaba la ambigüedad moral, aquí nos queda claro desde el primer momento de que pie cojea cada uno. Salvo alguna excepción o sorpresa, pero esta, la sorpresa, es evidente para los que estén atentos. Uno de los (pocos) errores de la película es la continua voz en la cabeza del protagonista, que le recuerdan conversaciones con otros personajes. Ahí se nos desvela parte de la solución y cuando esta llega, bueno… Ya lo sabías… Parece obvio por momentos que se han esforzado en que la historia sea accesible para todos los públicos, clarificando los sucesos, a fin de no dejar cabos sueltos…

Todos los elementos de BLADE RUNNER 2049 están cuidados al detalle, consiguiendo llevar a la pantalla lo que podríamos definir como una delicia visual. El director de fotografía, Roger Deakins, ha conseguido que cada plano te entusiasme. El uso de la luz, los encuadres, la composición, su forma de mover la cámara por los espacios…

El diseño de producción es impresionante. El futuro es tal y como lo recordamos. No se ha intentado cambiar ni mejorar nada, no hay saturación de CGI (efectos por ordenador) y todo lo que ves en pantalla tiene una función.

La banda sonora de Benjamin Wallfisch y Hans Zimmer emula al original de VANGELIS, pero cuando vuela por su cuenta es igualmente poderosa y magnifica. Aconsejamos disfrutar la película en una sala con DOLBY ATMOS… (Y no, no es publicidad gratuita…) El trabajo en el sonido es impresionante.

Los actores están brillantes. Desde una suerte de cameos o apariciones estelares que no hacen más que enriquecer la historia que se nos cuenta, pasando por un estoico Ryan Gosling, expresando todo con la mirada a una Ana de Armas impresionante. Su personaje está cargado de matices, siendo el más notorio su fragilidad y vulnerabilidad. Hasta un actor poco dado al drama como puede ser el hercúleo Dave Bautista (GUARDIANES DE LA GALAXIA) brilla en su única secuencia. Robin Wright cumple con un personaje entre dos tierras y con un gran peso sobre los hombros. Sylvia Hoeks (LA MEJOR OFERTA) encarna otro de los personajes complicados y cargado de matices.

El peor parado es quizá Jared Leto. Su personaje dura en pantalla lo que usted tarda en parpadear. Quizá se le dé más tiempo en la (más que probable) secuela…

Y en este punto encontramos otro detalle de la película que, a mi juicio, consiguen que se resienta el andamiaje. Por momentos (pocos) da la impresión de enorme dependencia al film de Scott, suponemos que para contentar a los fans. La aparición de Harrison Ford en la trama es tardía e insuficiente, aunque bien justificada en el guión. Rick Deckard No es determinante (tampoco un cameo de lujo) pero sirve, sobre todo, para cerrar la trama del film de 1982, y al igual que ocurría en el clásico de Ridley Scott, quedan muchas preguntas al concluir la película.

En resumen y para finiquitar, BLADE RUNNER 2049 es todo cuanto se esperaba de ella, un ejemplo inmejorable de que, cuando se quiere hacer las cosas bien y se confía en la gente adecuada, se puede sorprender al espectador.

Es una continuación muy digna, que expande el universo conocido y abre nuevas puertas para futuras secuelas. Técnicamente es una proeza visual y sonora, dirigida con mano maestra por un autor en su mejor momento e interpretada por un reparto irreprochable.

LO MEJOR
A riesgo de resultar redundante, el apartado visual. Si ya sorprendió en 1982, lo que ha conseguido Villeneuve en esta ocasión pasará a la historia. Sí, aquí hay dinero, pero, sobre todo, talento…

El reparto en general. Ryan Gosling y Ana de Armas en particular.

Conseguir un equilibrio entre lo que se esperaba de ella y a su vez, convertirse en algo con entidad propia.

LO PEOR
La tendencia a la secuelitis. Genera muchas preguntas que no encuentran respuestas, lo que abre puertas a un nuevo capítulo para concluir la historia.

Jared Leto. No por malo, si no por breve.

La pelea final en el coche. Si bien es espectacular, el montaje resulta caótico, con varios planos que no encuentran su lugar…

Una opinión discutible: Falta una secuencia tan poderosa como el monologo de Roy Batty (Rutger Hauer), pero es cierto que se habría atacado a la película por ello…

LA PREGUNTA:
¿Se han fijado en la cantidad de guantazos y ostias que se lleva el pobre Ryan Gosling en sus películas? Aquí le caen hasta en el cielo de la boca… Lo mismo se trata de un requisito o cláusula para contratarle…

PUNTUACIÓN: 9/10

Wiman González

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