Director británico que no necesita presentación, Guy Ritchie se hizo con el favor del público desde el inicio de su carrera gracias a LOCK AND STOCK, una celebradísima comedia sobre el submundo criminal londinense y cuyo doblaje fue supervisado por Juanma Bajo Ulloa, con la participación de Santiago Segura.

Le siguió SNATCH, CERDOS Y DIAMANTES, con un Brad Pitt superlativo, donde continuaba explicando historias de maleantes de baja estofa, pero esta vez acentuaba, más si cabe, ese (des)control en el montaje, en la narrativa, que se ha terminado convirtiendo en su marca de fábrica.

Le siguieron las irregulares, pero igualmente reseñables ROCKNROLLA, REVOLVER, OPERACIÓN U.N.C.L.E., la directamente nefasta BARRIDOS POR LA MAREA, a mayor gloria de la cantante Madonna, esposa del director en aquella época y las celebradas películas dedicadas al héroe nacido de la pluma de Conan Doyle, Sherlock Holmes, protagonizadas por un excelso Robert Downey Jr.

No es de extrañar que, habiendo basado su evolución fílmica en los bajos fondos de la sociedad londinense, haya visto suficientes similitudes con su cine para aceptar hacerse cargo de la nueva revisitación de las leyendas artúricas.

En esta versión, Arturo, hijo Uther Pendragón, Rey de Camelot, queda huérfano después de que el hermano del rey, hambriento de poder, cometiera un regicidio (¿De qué me sonará esto?). Criado en un burdel, aprende a desenvolverse en los peores barrios de Londinium, hasta que su herencia de sangre es revelada y se verá obligado a luchar, Excalibur en mano, para liberar a su pueblo y convertirse en una leyenda.

Confieso que la primera vez que tuve noticias de esta nueva versión no pude más sorprenderme. Los de Warner habían perdido la cabeza. No puedes encomendar tamaña empresa a alguien tan poco sutil y dado a la contención narrativa como al director británico.
Llegados los primeros tráilers, las dudas comenzaron a asaltar incluso al público más fiel al director. Aquí se mascaba la tragedia. Una vez vista la película, solo queda confirmar el enorme descalabro artístico y económico al que se enfrenta el film.

Y eso que la película no puede empezar mejor. Una fantástica secuencia de acción, con un Eric Bana encarnando a un Uther Pendragon inmenso, expeditivo y poco dado a las palabras.

Pero la secuencia se soluciona en un “porque sí”, porque vamos con prisa. Así que, con un par de giros bastante caóticos y sin un porque muy definido, nos liquidamos el prólogo liquidando a Uther y a Arturo siendo abandonado a su suerte.

A partir de aquí, el estilo Ritchie se hace con los mandos de la película. La infancia y crecimiento de Arturo se nos narra con un montaje frenético tan alucinante como alucinado, al ritmo de una música casi electrónica, en la que quizá sea la secuencia mejor resuelta de la película, una que tan sólo puedes filmar si tienes el talento de Guy Ritchie. En segundos, seremos testigos de la formación de Arturo en diversos estilos de lucha, como se hace, poco a poco, un lugar privilegiado en lo más alto entre la más baja estofa criminal de los bajos fondos de la actual Londres.

Marcado el camino, lo siguiente son más y más secuencias salidas de madre, repletas de diálogos rápidos (alguno mejores, otros peores), montaje epiléptico, humor y machadas (algunas mejores, otras peores) y una suerte de flash forwards y flashbacks que ya son marca de la casa y que desentonan tremendamente en esta historia en particular. Más de un espectador va a perderse con ese montaje, ya que muchas veces vamos a encontrar planos absurdos en lugares donde no corresponden. Los conflictos dramáticos son dejados a su suerte, generando una expectación abrumadora, por ejemplo, esa pesadilla recurrente de Arturo, un gran misterio de dimensiones épicas que nos hace fantasear con un clímax legendario, que no puede concluir de manera menos satisfactoria…

Si conoces alguna de las historias o películas previas sobre el tema, agárrate que vienen curvas, porque a partir de que Arturo extrae a Excalibur de la piedra, la película se pierde en toda suerte de géneros, inclinándose la balanza en el cine de superhéroes o en la adaptación fílmica de un videojuego. Secuencias de acción entre seres súper poderosos, jefes finales en localizaciones de pesadilla… KING ARTHUR se asemeja más a una versión pobre de EL REY DE LOS ANILLOS (no quiero decir JUEGO DE TRONOS, porque no la he visto…) que a las leyendas en las que dice basarse.

El problema, en mi opinión, es que se ha delegado el sustento de la película a la habitual pirotecnia visual del director británico, cuando el resto de los elementos no le van a la zaga.

El reparto, por ejemplo. Charlie Hunnam es un actor al que los protagónicos le van grande. Quedó patente en PACIFIC RIM y se refrenda en KING ARTHUR. Sí, el actor tiene una presencia física admirable, pero poca química con la cámara, cero carisma. Un claro ejemplo de malas decisiones tomadas por el estudio en un proyecto de por sí absurdo y poco meditado.

Interpretando al villano nos encontramos a un Jude Law que brilla en los momentos más shakesperianos, pero que se convierte en un villano de opereta durante el resto del metraje. Una lástima.

En cuanto al resto del reparto, (del debut y adiós cinematográfico de David Beckham, mejor no hablar…) ni nos vamos a acordar de sus nombres ni de sus caras. Personajes planos, sin carisma, con roles intercambiables sin trascendencia alguna. Como mucho, recordaremos a Annabella Wallis, quien interpreta al típico personaje que parece estar en todas partes y saberlo todo. O esa suerte de maga sin nombre, alumna de Merlín (quien, incomprensiblemente, ni está ni se le espera…), interpretada por la franco-española Àstrid Bergès-Frisbey, cuya aportación a la trama es, simplemente, “lo que necesite el guionista cuando éste no sepa cómo salirse de un entuerto”.

Y ese es otro de los puntos negros del guion (?). En ocasiones vemos a los personajes exclamar tan ricamente “es una trampa” cuando ni siquiera el espectador es consciente de la villanía. Son momentos en los que el guionista necesita generar una intriga, una urgencia en los acontecimientos, pero carece de las herramientas para llevarlo a cabo con coherencia. Otra razón puede ser el remontaje y recorte que ha debido sufrir la película, en ocasiones, visible y notable.

No todo es negativo. Si conseguimos obviar el (escaso) rigor histórico u otras versiones las historias del Rey Arturo, encontraremos un film visualmente notable (que no espectacular), trepidante en ocasiones, acompañado por una banda sonora totalmente anacrónica, pero que acompaña la acción a la perfección.

Es cierto que todo esto no salva la película, pero ayuda a sumar puntos cuando el resto de apartados se hunden en la mediocridad. Para lo bueno y para lo malo, es un film de Guy Ritchie y su legión de fans no quedarán decepcionados. El resto del público tendrá que armarse de paciencia y atención, ya que el montaje dificulta la comprensión de la conversación más sencilla. Por ejemplo, el momento que Arturo y sus compinches explican al sargento del ejército negro como ha transcurrido su día de trabajo, al más puro estilo Michael Peña en ANT MAN…

En conclusión, Warner asume el riesgo de darle las riendas de una historia tan amada por una gran parte del público, como son las Leyendas Artúricas, a un director tan personal como inadecuado como es Guy Ritchie. KING ARTHUR: LEGEND OF THE SWORD es una película filmada con un estilo muy particular, caótico y confuso, que levantará oleadas de críticas, pero también los vítores de los seguidores del cineasta.

LO MEJOR:
El estilo Guy Ritchie empapa toda la película.
El prólogo, con un magnifico y enorme Eric Bana llevando la batuta… quiero decir, Excalibur.

LO PEOR:
Que no te guste el estilo de Guy Ritchie.
Perderse en la conversación más trivial, debido al montaje.
El cast. Desacertado en pleno. La piedra que aprisiona a Excalibur tiene más carisma que Charlie Hunnam…
Caótica, ruidosa, confusa…

NOTA: 3/10

Wiman González

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Director británico que no necesita presentación, Guy Ritchie se hizo con el favor del público desde el inicio de su carrera gracias a LOCK AND STOCK, una celebradísima comedia sobre el submundo criminal londinense y cuyo doblaje fue supervisado por Juanma Bajo Ulloa, con la participación de Santiago Segura. Le...