Actualmente, hay un proceso de cambio en la industria que, seamos sinceros, no podía ser más afortunado y oportuno. El ninguneo que ha sufrido el sector femenino a la hora de protagonizar películas delante y detrás de las cámaras ha sido siempre una “vox populi” desde los tiempos en los que se inventó el cine. Y es que, señores y señoras, los tiempos cambian, y ya iba siendo hora la igualdad entre hombres y mujeres a la hora de dirigir y de protagonizar una película. Y es que este hecho puede cambiar mucho debido al éxito unánime de Wonder Woman, una cinta de superhéroes que, se encuentra (por no decir que ES) entre lo mejor de la (nueva) factoría DC hasta ahora. Esta película ha abierto los ojos a muchos productores (ya era hora) y esperemos que en el futuro la igualdad de género sea más abundante a la hora de valorar proyectos. Y es que si La Boda de Mi Mejor Amiga fue un paso de gigante para la comedia femenina (aunque estuviera protagonizada por un hombre), ahora lo es el que esta comedia, Una noche fuera de control, esté dirigida por mujeres y protagonizada por mujeres, sin que por ello se deje de disfrutar seas del género que seas. Y ahí está uno de los mayores valores de una producción loca e irreverente…aunque también irregular.

Cinco mejores amigas de la universidad (interpretadas por Scarlett Johansson, Kate McKinnon, Ilana Glazer, Jillian Bell y Zoe Kravitz) se reúnen 10 años después para celebrar un fin de semana de solteras en Miami. Su gran juerga toma un oscuro e hilarante camino cuando matan a un stripper de forma accidental. En medio de la locura por intentar decidir qué hacer, su noche da varios desternillantes e inesperados giros que al final las llevarán a unirse cuando más lo necesitan.

Si, señorías, Una noche fuera de control podría ser la parte femenina de Resacón en Las Vegas. Una comedia irreverente, con humor políticamente incorrecto, donde se adopta la locura como animal de compañía. Afortunadamente, esta producción consigue alejarse lo suficiente de aquella exitosa comedia de manera que consigue su propio sello, que podrá funcionar o no, dependiendo de los gustos de los lectores, pero tiene su propio tono. Y funciona, por lo desvergonzada que es en muchos momentos, dejando que la locura se adueñe del relato, sin tener miedo a lo que se pueda decir. Una vez comenzada la función, con la respectiva presentación de personajes, uno entiende que cada uno es de su padre y de su madre, y ese contraste entre el grupo de amigos funciona, pues una vez se desata la locura, cada una debe aportar su granito de arena a los golpes humorísticos. Además, el cómo revierte las situaciones resulta bastante agradecido (las mujeres esnifan cocaína y se meten de todo…los hombres…catan vino) por lo políticamente incorrecto que resulta, lo cual dota de frescura al relato, y por supuesto, de dinamismo (el film nunca se hace aburrido).

El problema que tengo, y creo que es personal, es con el personaje y la interpretación de Jillian Bell. No sé verdaderamente qué quisieron los guionistas a la hora de desarrollar a este elemento (porque no hay otra palabra), pero lo primero que uno siente, y siento ser tan directo, es “asco”. Asco por los actos deleznables que hace una y otra vez sin que el guionista nos quiera decir si está bien o está mal, dejando que sea su actriz la que tenga que defender unas acciones y reacciones casi indefendibles, pretendiendo que quizá con su trabajo el público se identifique con ella…y no lo hace en NINGÚN momento. Por no hacer, no hace ni siquiera gracia, pues su actriz se limita a ir de sobrada por la vida, dejando más en evidencia lo insostenible de su personaje. Recurren al tópico de “gordita graciosa” (siento si he ofendido a alguien, no es mi pretensión, como si lo es la película, lo cual me hierve la sangre) para que así el público se ría de la continua verborrea sin sentido de su actriz principal. No hay nadie que controle ni a su interpretación ni a su personaje (algo que Kate Mckinnon consigue con un personaje mucho mas hilarante y loco que este), y hace que el equilibrio del grupo y de la comedia se desestabilice sin mesura, y los puntos cómicos mas fallidos (y que suelen ser varios) residen en este personaje, lo cual lo intentan defender de manera muy pobre con el conflicto emocional que tiene entre manos.

El caso es que el resto no me molestó tanto. Los personajes están bien definidos (la activista, la gobernadora, la australiana, la pija) y consigue que sus conflictos tengan cierto sentido cómico dentro del film por el contraste de todas ellas (repito, el único que no funciona es el de Jillian Bell), y el resto de interpretaciones funcionan por eso mismo (mi mayor sorpresa ha sido Zoe Kravitz, pues defiende MUY bien a su personaje y posee una de las mejores escenas cómicas del film). Por lo demás, acumula tópicos, es innegable y cuanto más avanza más lo hace, pero tampoco molesta debido al buen ritmo con el que avanza, aunque de vez en cuando tenga unos cambios tonales bastante acuciantes (la escena de la muerte del stripper resulta bastante seca tomándose mas en serio de lo que pueda parecer a simple vista). Por lo tanto, Una Noche fuera de Control es una opción recomendable si quieres acumular unas cuantas risas en una sala de cine. Desde luego, a mi me consiguió sacarme unas cuantas carcajadas por su tono loco e irreverente, a costa de sufrir a un personaje detestable cuya interpretación no ayuda en absoluto. Pero por el resto, lo que puedes esperar de ella, aunque un poquito mas salvaje de lo normal. Disfrútenla.

Nota Factoría del Cine: 6

Manu Monteagudo

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