He de confesar que siento cierta debilidad ante Diane Lane. Esta actriz, que lleva más de 30 años de carrera a sus espaldas, siempre me ha despertado una simpatía y, especialmente, una cercanía que con otras actrices no llega a ocurrir. He de decir, que a pesar de ser vista en infinidad de películas (casi siempre como secundaria) fue en su participación en la película Infiel la que ayudó a impulsar la carrera de esta gran actriz (siendo nominada merecidamente al premio a Mejor Actriz en los Oscar de aquel año), y la que consiguió que el espectador no apartara la vista de ella. Poco después ha ido añadiendo películas con mayor o menor fortuna, una de ellas, la estupenda Bajo el Sol de la Toscana, una cinta tan amable y distraída que es imposible resistirse a ella, gracias a la presencia de la actriz. Bien, cito esta última película porque su último film protagónico, París con Amor, que se estrena ahora entre nosotros parece una continuación inconfesa de aquel otro largometraje pero en las tierras de Francia…aunque lamentablemente no llega a las cotas de la producción ambientada en Italia (y eso que éste tampoco era para tanto).

La vida de Anne (Diane Lane) se encuentra en una encrucijada. Casada desde hace muchos años con un exitoso productor de Hollywood (Alec Baldwin) adicto al trabajo, emprende un inesperado viaje por la campiña francesa con el encantador socio de su marido (Arnaud Viard). Lo que debió haber sido un trayecto de siete horas se convierte en un viaje de descubrimiento lleno de vistas pintorescas, deliciosos platos y vinos, humor, inteligencia y mucho más.

París Puede Esperar parece que esta hecha para que su equipo se tome unas vacaciones. El film se regodea tanto en los parajes y en las capacidades culinarias de las localidades que visitan que, más que una película, parece una promoción del país galo en toda regla, porque lo que es la historia, poco tiene que contar. No cabe duda de que se agradece el tono maduro de la propuesta (los protagonistas son de mediana edad), y que sus pretensiones sean escasas, pero también resulta algo incómoda su visibilidad, pues parece que está hecha para una clase elitista que, desde luego, la mayor parte de los espectadores, ni se pueden permitir los lujos de los que se benefician los personajes ni alcanzan por supuesto, la clase social a la que pertenecen…y no importaría si lo hiciera desde un prisma totalmente ensoñador, pero, desafortunadamente, lo hace como si todos nosotros pudiéramos permitirnos semejantes lujos. Es como si la historia no bajara de sus nubes (la directora es la esposa del señor Coppola…con eso digo todo), creyendo que el espectador medio no disfruta de los placeres de la vida porque no abre los ojos…cuando más bien es dependiendo de la cartera que uno posea (algo que la diferencia de Bajo el Sol de la Toscana).

Por eso, más que cercanía, consigue todo lo contrario.
Pero también es cierto que si uno se olvida de lo elitista y lo clasista que es la cinta, el film resulta vistoso. Vistoso puesto que al fin y al cabo es una road movie en la que, más que avanzar la historia, estamos más expectantes ante los platos que van a degustar los personajes que a la historia entre éstos dos, que, sorprendentemente, toma un cariz maduro y sereno que se agradece en estos tiempos (especialmente por cómo cierra el film) y es gracias, en mayor a medida, al trabajo de Diane Lane (que al principio parece perdidísima) y al de Arnaud Viard. Los dos consiguen una buena química, pero más por la naturalidad que desprenden y el intento de ser cercanos que por realizar interpretaciones asombrosas (es más, Diane Lane las ha tenido MUCHO mejores, sin duda), algo que hace rebajar el toque elitista con el que se quiere impregnar el film (en serio…creo que ninguno de los hoteles a los que van baja de las 5 estrellas). Por eso, entre los paisajes, las localidades, sus platos culinarios, y su pareja protagonista, el film consigue un tono apacible y amable que, aunque parezca mentira termina enganchando.

Todo ello narrado con sencillez, sin esmerarse demasiado ni en su puesta en escena ni en sus apartados técnicos (sorprende que la fotografía no saque más partidos de las localidades que visitan, y su banda sonora por momentos chirría cosa mala) hacen de París Puede Esperar un film resultón pero de lo mas olvidable. Y el mayor problema es no bajarse de la nube de riqueza en la que están envueltos sus creadores ya que, más que cercanía consiguen todo lo contrario, porque todos sabemos, que todos los lujos que se pertmiten sus protagonistas…ninguno de los mortales que está en la sala de cine puede hacerlo, y no molestaría si estuviese en un tono pretendidamente elitista, pero lo peor es que se piensa que es lo mas normal del mundo y que cualquiera se lo puede permitir. Es sobre todo mantener una cercanía con el público que, desgraciadamente, por ser tan elitista, no consigue, cuando a un film de estas características (miren lo bien que funcionó con Bajo el Sol de la Toscana) se le pide precisamente eso: cercanía. Al menos, tenemos la presencia de Diane Lane, que aunque no ofrezca una de sus mejores interpretaciones, siempre es un placer verla en pantalla de nuevo.

Nota Factoría del cine: 5

Manu Monteagudo

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He de confesar que siento cierta debilidad ante Diane Lane. Esta actriz, que lleva más de 30 años de carrera a sus espaldas, siempre me ha despertado una simpatía y, especialmente, una cercanía que con otras actrices no llega a ocurrir. He de decir, que a pesar de ser...