Richard Gere es un actor que, no os voy a engañar, siempre me ha suscitado simpatía. Es cierto que no es un actor que haya demostrado unas dotes interpretativas impresionantes, pero este intérprete posee un carisma que consigue transmitir simpatía en el espectador sin mucho esfuerzo. Y es una pena, que a estas alturas, con semejante carrera a sus espaldas, se le utilice en menos proyectos que antaño, pues en estos últimos años ha participado en pocos proyectos, pero ha demostrado que ha madurado como actor (su última gran aportación fue en la película El Fraude, donde estaba estupendo). Por eso, que se estrene entre nosotros una nueva película protagonizada por Richard Gere merece al menos una pequeña alegría para sus seguidores (que supongo que tampoco serán muchos, para qué nos vamos a engañar), ya que, salvo en pequeñas participaciones (como la infame Movie 43 o la maja segunda parte de El exótico hotel Marigold), no se ha visto una película protagonizada por él en nuestras pantallas desde hace 5 años. Y lo cierto, es que su nueva película, Norman, bien merece una recomendación.

Norman (Richard Gere) es un hombre de negocios de poca monta que vive en Nueva York. Parece que todos lo conocen pero en realidad nadie sabe nada de él. Un día por causalidad, hace un favor a un joven político que unos años más tarde se convierte en un líder mundial influyente. La vida de Norman cambiará radicalmente.

“Norman, el hombre que lo conseguía todo” es una sátira del mundo de los negocios y de la política. La mayor baza con la que juega el film es el misterio respecto al personaje principal, del que apenas tenemos información. Vemos cómo actúa, cómo se desenvuelve en su trabajo , sin saber muy bien cuales son sus verdaderos fines (pues objetivos, tiene), ya que emocionalmente es puro hermetismo. Y es en ese hermetismo emocional donde la película consigue mantener el interés por saber quien es y qué es lo que verdaderamente quiere conseguir un personaje como Norman. Aquí juega un papel principal la interpretación de Richard Gere, que consigue mucho, con muy poco, ya que es en sus miradas y silencios donde se perciben sus verdaderas intenciones, con un personaje muy sibilino pero a la vez con mucho encanto, pero del que parece esconder mucho tras esa imagen de pura felicidad (atención a su mirada cuando tiene que comprar unos zapatos). Gere esta esplendido, y consigue retratar a un personaje muy difícil a base de carisma y sencillez.

Pero es en la curiosa puesta en escena donde el film consigue distinguirse de la monotonía en la que podía haber caído. Joseph Cedar adopta un tono de cuento satírico que en un film de estas características le viene de perlas, y aborda con convicción tras las cámaras un dinamismo que se agradece debido a las distintas técnicas que emplea (a la que mas recurre es en unir dos escenarios en un mismo plano), y sobre todo, y es uno de los mayores fuertes del film, una banda sonora que es la que lleva sobre los hombros la tonalidad de la historia. La música nos lleva por los recovecos del personaje principal, como si de un juego se tratara (al fin y al cabo…es un juego de adultos), con un toque bucólico que sorprende en una cinta de estas características donde las finanzas, la política y la corrupción están presentes, por lo que consigue un tono ligero y diferente de lo que podría haber sido.

Por eso mismo, Norman consigue desmarcarse del típico film serio sobre finanzas y política para ser una sátira sobre lo podridos que estamos como sociedad. Cierto, no cuenta nada nuevo, y en cierta manera, resulta todo bastante previsible, pero siempre mantiene el interés por el juego que adoptan sus creadores a la hora de contar la historia y por cómo consigue disimular con ligereza unos diálogos que podrían haber resultado cansinos e incluso agobiantes (aunque a veces se consigue y se pasa), pero que gracias a su ritmo, al estilo que va creando el director y a un reparto bastante entregado se da un resultado de lo más interesante y satisfactorio. Como dije antes, no esperéis que invente la rueda, pero al menos sí que es capaz de ofrecer una manera distinta de contar una historia que nos han contado ya en varias ocasiones.

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Richard Gere es un actor que, no os voy a engañar, siempre me ha suscitado simpatía. Es cierto que no es un actor que haya demostrado unas dotes interpretativas impresionantes, pero este intérprete posee un carisma que consigue transmitir simpatía en el espectador sin mucho esfuerzo. Y es una...