Estoy seguro que no exagero cuando asevero que gran número de espectadores no encontraron satisfactoria PROMETHEUS, la última película dentro del universo ALIEN.

En esta ocasión, un Ridley Scott con cuarenta años más de experiencia, promete devolvernos a los orígenes de la serie de nuestro xenomorfo favorito, volver a la esencia primigenia, al ADN primordial y traernos la película que todos habíamos deseado.

Durante años, FOX ha ido lanzando secuela tras secuela, con un único acierto, la aventura que dirigió James Cameron, “ALIENS, EL REGRESO” (1986), una secuela que gustó a todos. Cameron se había mantenido fiel a los personajes y amplió la trama del original, añadiendo militares y una ilimitada cantidad de xenomorfos, más salvajes y belicosos.

FOX continuó, durante años, apostando por más y más secuelas, que repetían una y otra vez el mismo planteamiento básico. Ripley (Sigourney Weaver) llega a un planeta acompañada por un Alien y se lía la de Dios. Lo único que consiguieron fue, a la larga, desvirtuar la franquicia.

Muchos años después, Scott anuncia que volverá a retomar a su criatura favorita y que promete contar los orígenes de la misma en PROMETHEUS, película que, más allá de sus aciertos, acabó siendo, para muchos, una decepción absoluta y que dejaba al espectador con más preguntas que respuestas.

Ahora, un Scott de 79 años que juega a ser el Scott de 42 y de paso, en busca de redención, filma una secuela directa de aquella y para ello añade ingredientes de su cosecha, pero también elementos que hicieron grande al film de Cameron, buscando la película de ALIEN definitiva.

Por ello, ALIEN COVENANT es más un reinicio (no me gusta la palabra “reboot”) que una secuela o precuela al uso. Pretende volver a contar la misma historia que en 1979, pero añadiendo todo lo que las continuaciones han aportado a la mitología y universo de ALIEN.

Así, nos encontramos con la COVENANT, una nave cargadita hasta las cejas de colonos hibernados, camino de un nuevo planeta para empezar una nueva vida. Pero un accidente durante el viaje despierta a varios de los tripulantes, quienes, una vez resuelto el entuerto, tropiezan con una señal humana donde, en teoría, nunca se adentró el ser humano.
Vencidos por la curiosidad y con la seguridad de haber encontrado un planeta más idóneo que al que están viajando, desembarcan para encontrar los restos de la nave que escapó al final de PROMETHEUS y permitiendo al público descubrir que ocurrió con Elisabeth Shaw, protagonista y superviviente del film anterior y cuál fue el destino de Los Ingenieros, seres extraterrestres, en teoría, creadores del xenomorfo original.

Hasta aquí, la película es una actualización del film de 1979, (en lugar de un Dallas, tenemos a un Tennessee…) pero Scott, alejándose de su muy preciosista y pulido estilo, se acoge a lo peor del cine de acción del siglo XXI, esa cámara epiléptica que desvirtúa por completo cualquier trabajo de composición cinematográfica. En su momento, los ataques de la criatura, a pesar de las limitaciones en efectos especiales, eran modélicos y terroríficos, sublimando un crescendo de suspense y terror. Aquí, los ataques son pura adrenalina. La criatura ya no es encarnada por un tipo disfrazado. Los FX de nueva generación le permiten moverse con mayor velocidad y salvajismo… Y eso le resta contundencia y realismo. El exceso de CGI permite a Scott ser (todavía) más salvaje y explicito, pero como decía, la cámara no ayuda. En 1979 nos aterrorizaba imaginarnos lo que había pasado. Ahora, nos lo enseñan, pero no lo vemos…

Tampoco ayuda la estupidez de los personajes. El guionista nos dice, de inicio, que la nave está tripulada por parejas. Seguramente para que la nueva colonia sea más familiar. Pero lo que de verdad pretende es justificar las incomprensibles decisiones tomadas en segundos por personas dolidas o aterradas por la pérdida de sus seres queridos. Lejos de ser racionales, son respuestas viscerales, abocando a los personajes a momentos de riesgo que favorecen a la criatura, que se da un hartón de pardillos.

Y llegada la parte de la matanza, por momentos parece que nos encontramos más ante un film estilo “Viernes 13” que un producto más adulto y sofisticado. Solo hay que ver la secuencia de la ducha para darse cuenta de que el guionista no ha querido trabajarse los crescendos de intriga y suspense. Ha optado por asesinatos de manual de serie B.

Tampoco ayuda el diseño de producción. Sí, la Nostromo era una nave de carga y puedo terminar de creerme que, por eso, su tecnología era bastante anticuada. Lo que no concibo es que en la COVENANT todo, absolutamente todo, esté impecable, limpio y cristalino, como si acabaran de traerlo de la tienda. Parecen decorados. Muy buenos decorados, sí, pero decorados al fin y al cabo. Poco queda de los geniales ambientes inspirados en la obra de H. R. Giger, lo que es una verdadera lástima.

Pero no todo es malo. El film, (quitando ese “error” más de mi percepción que de la película) luce espectacular. Ridley Scott no filma películas feas. Tiene un gusto formidable por las imágenes preciosistas y sonidos evocadores. Es un arquitecto de mundos perfectos y su universo, de nuevo, es maravilloso y nos invita a sumergirnos en él.

La música es otro factor destacado. Recuperar las notas de Jerry Goldsmith, compositor del tema del film original e integrarlo en la película de manera tan orgánica y dándole un significado resulta un gran acierto. Un detalle precioso.

Los actores están espléndidos. Más allá de su comportamiento y reacciones, entiendo (que no comparto) fruto de la desesperación, confusión y dolor, defienden con firmeza a sus personajes. Incluso Daniel McBride, actor que me resulta excesivo, compone un personaje real, tangible y entrañable… De Fassbender me limitaré que cumple por partida doble… Y poco se puede decir de Daniels, la nueva “Ripley”, frágil, pero a la vez, con una determinación y fortaleza inagotable.

ALIEN COVENANT no es un film horrible. Sí, por momentos resulta aburrido, más que nada porque todo lo que pasa ya lo hemos visto en otros films de la saga. Atraviesa múltiples pasos comunes, suponemos para ilustrar a los nuevos espectadores, pero para el fan son momentos sin sorpresa, que acaban pesándole a la película, consiguiendo que parezca más larga de lo que realmente es.

Tampoco es una buena película. Una vez se nos presenta a la criatura, la película se convierte en un rápido “body count” con un duelo final que no está a la altura de las expectativas.
Gustará a muchos, decepcionará a otros tantos y dejará indiferente a otra gran parte del público. COVENANT no es el film que debería haber sido, pero es una primera pieza de lo que puede llegar a ser. No es PROMETHEUS, pero tampoco es puramente ALIEN.

Como siempre, añadir que se trata de una opinión totalmente personal y no dudo que el espectador pueda disfrutar plenamente de un film que, cuando es bueno, es muy bueno pero que se ve lastrado en demasiados momentos por el peso de las expectativas.

En definitiva, ALIEN COVENANT se queda en un pasatiempo medianamente entretenido, pero poco satisfactorio. Lastima…

LO MEJOR: La banda sonora, evocando la partitura de Jerry Goldsmith y la aparición del título, dos señales de que nos encontramos, por fin, con una continuación a la altura de la saga.
La ambientación en exteriores.
La falta de complejo a la hora de mostrar violencia y sangre. Para ser una película de estudio y de alto presupuesto, el Gore campa por doquier.

LO PEOR: Desgraciadamente, todo resulta ser un espejismo. Acaba haciéndose larga (nos lleva una hora hasta que pasa algo relevante) y con personajes con poco que contar (a excepción del personaje de Fassbender).

Un Ridley Scott de 79 años jugando a ser el Ridley Scott de 42. Esta bien que, a estas alturas de su carrera, asuma nuevos riesgos, pero este no era el momento ni el lugar.

Algunas muertes parecen escritas por un becario de la saga “SCREAM” o “VIERNES 13”.

PUNTUACIÓN: 3/10

Wiman González

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