Después de varios años en España, Marcos regresa a Argentina acompañado de su mujer embarazada, para cumplir la última voluntad de su difunto padre: enterrar sus cenizas junto a su hijo, fallecido en un accidente de caza. Una vez allí, Marcos deberá retomar el contacto con Salvador, su hermano, quien lleva treinta años abandonado en la montaña donde se produjo el accidente, para discutir la venta de los terrenos familiares por una cantidad millonaria.

Que el título del artículo no les confunda. Los fantasmas a los que se hace mención son del tipo metafórico. Estos que acosan y persiguen a los personajes desde el pasado y que les impide llegar al futuro a menos que sean superados. Esas tormentas de nieve, esos “gritos visuales”, que vienen a representar los conflictos internos que afligen a los personajes.

La trama es, a todas luces, muy interesante. Un asesinato accidental, dos hermanos distanciados en tiempo y espacio por un conflicto de infancia no resuelto y para rematar, una jugosa herencia.

El principal problema de la película es el punto de vista. Se nos deja en manos de Laura, la (joven) esposa de Marcos, quien desconoce los detalles del accidente, la relación del padre con los hijos (un maltratador) y otras historias que no vamos a revelar.

Así, la historia nos es desgranada en numerosos flashbacks, muy bien integrados, eso sí, que nos muestran, desde diferentes puntos de vista, los maltratos del padre, los momentos previos al accidente y de manera muy sesgada, el propio accidente. Pero guionista y director están más preocupados por el empaque visual del relato (maravillosa fotografía, fantásticos planos generales de otro mundo) que en desarrollar con coherencia un guion muy justito.

Menciona el propio Hodara (el director) que este guión se pasó varios años en un cajón porque no conseguía que funcionara. Bien, una vez vista la película, uno se da cuenta de que sigue sin funcionar, viéndose demasiado forzado y más interesado en el giro “sorpresa” que en la coherencia.

Asimismo, el (para nada) inesperado giro final nos llega por medio de flashbacks (en este caso, no tan inspirados) por personajes que ya ha fallecido u otros que no participa en la trama.
Es decir, recursos de guionista vago, ya que esa información aparece de la nada, sin sentido y sin motivo… Literalmente, Laura “tropieza” (y nunca mejor dicho) con el verdadero motivo del accidente, que incluso el espectador menos atento intuye, desde el minuto uno, no fue tal. (Aquí se me va a permitir un exabrupto, pero el modo en que la solución, la pista final, llega al público es realmente estúpida…)

Los personajes están bastante mal conducidos. Ni Sbaraglia ni Darín, ambos excelentes actores en otros bretes, saben muy bien cómo afrontar a sus personajes de cara a la platea, ya que ambos conocen el verdadero motivo que les enfrenta y que no pueden desvelar todavía a la platea. Laia Acosta pierde el pulso con un personaje interesante (e interesado) que a todas luces le viene grande. (No puedo dejar de pensar que habrían hecho actrices con más tablas como Leonor Watling, Pilar López de Ayala o Lucia Jiménez, por mencionar solo algunas, con semejante caramelo).
Tampoco suman demasiado el mítico Federico Luppi y Dolores Fonzi, dando vida a dos personajes secundarios y anecdóticos que apenas suman nada a la trama.

Es una lástima que, con tan excelente reparto (a excepción de Acosta, quien en momentos da la impresión de que esté leyendo sus líneas con total desgana…), un argumento que daba para mucho y sobre todo, por el increíble decorado en el que transcurre la historia (Andorra, interpretando La Patagonia Argentina con notable convicción), NIEVE NEGRA se quede en un film fallido, con buenas intenciones y una factura técnica de primer nivel sí, pero que se hunde por culpa de unos artífices que primaron la sorpresa a la coherencia.
Una verdadera lástima.

LO MEJOR: Siempre es un placer ver a estos actores en pantalla, aunque en este caso, no tengan el guion de su parte. El acabado técnico y artístico.

LO PEOR: Laia Acosta. El guion, que no la premisa, indefendible.

Reflexiones finales (y posible spoiler):

¿Por qué Marcos, quien lleva viviendo en España desde su adolescencia (presumiblemente en Catalunya, ya que, durante varias secuencias del flashback, habla en catalán) sigue teniendo, treinta años después, tan marcado acento argentino?

¿Por qué los personajes, una vez sabemos que son catalanes, se escriben notas en tan correcto castellano?

¿Cómo demonios lo hizo Laia Acosta para conseguir este papel?

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Después de varios años en España, Marcos regresa a Argentina acompañado de su mujer embarazada, para cumplir la última voluntad de su difunto padre: enterrar sus cenizas junto a su hijo, fallecido en un accidente de caza. Una vez allí, Marcos deberá retomar el contacto con Salvador, su hermano,...