Lockhart, (Dane DeHaan) un joven y ambicioso ejecutivo que ha llegado a lo más alto no precisamente siendo el mejor, sino el más tramposo, se ve obligado a viajar a un remoto lugar en los Alpes suizos, para traer de vuelta al director de su compañía, quien se encuentra en un centro de bienestar. Pero este centro terapéutico, idílico a primera vista, oculta ancestrales secretos que pondrán en peligro su vida y a juicio su cordura.

Aunque reconozco su buen hacer cuando lo hace bien (Rango, El hombre del tiempo), es la faceta de megalómano de Gore Verbinsky lo que no termina de gustarme. Proyectos faraónicos que acaban en sobrecoste y en (no pocas) ocasiones, estrellándose en la taquilla.

En esta ocasión, ha optado por filmar (escribir y producir) una “pequeña” película de terror de unos cuarenta millones de dólares. Ahí es ná.

Reconozco que no me gustó su aproximación al cine de terror con la adaptación americana del fenómeno japonés “The ring” (El circulo, 2002), una versión muy alejada del original que, sin embargo, no aportaba nada a la mitología del Sadako/Samara, así que me he acercado a su nuevo proyecto con cautela.

LA CURA DEL BIENESTAR empieza mostrando la muerte de un personaje, un currifichante anónimo que resulta ser el “vendedor del mes”. Su muerte ya deja bastante claro que el agua va a ser un elemento de vital importancia en la película. Para nuestro protagonista, que ha sido descubierto falseando ciertos datos que ponen en peligro una importante fusión empresarial, da comienzo una carrera contra reloj para salvar la empresa, lograr la redención… y un ascenso.

Verbinsky, un tipo hábil y talentoso que maneja sabiamente la cámara, narrador con oficio, nos deleita con planos y localizaciones de ensueño y pesadilla, apoyado en la enorme fotografía de Bojan Bazelli con imágenes para el recuerdo (el momento en que DeeHan es descubierto, Verbinsky nos muestra una imagen de una jarra con agua y hielo derritiéndose. Fabulosa)

Con el mismo arte, en dos movimientos de cámara, nos convierte en personajes y nos sitúa junto al protagonista. El misterio está servido y queremos resolver el enigma junto a nuestro protagonista. Pero algo falla…

Principalmente, la indefinición de la película a pertenecer a un género en concreto, (es un drama, un thriller psicológico, un film de terror, una película futurista, una crítica a la sociedad enferma…) que renuncia a ofrecernos las herramientas necesarias para desentrañar los misterios que la cinta encierra. Es ridículo, si se me permite, como el director decide que todos los enfermeros del balneario miren al protagonista con cara de “te tenemos calao” desde el primer minuto. Vamos, discretos no son…

Y es por culpa de un guionista más bien perezoso, que nos sirve personajes desdibujados, o directamente mal estructurados, que el espectador no tenga donde agarrarse. Entre sus (muchos) pecados encontramos las (típicas) soluciones de guionista de telefilm (el personaje a la fuga y ocultándose después de recorrer dios y la madre de laberintos, acaba encontrando justo aquello que necesita, o el guionista que disemina objetos que el personaje, casualmente acabará necesitando justo en la secuencia siguiente, visiones o personajes que aparecen en la trama para entregar solamente una pieza del puzzle y desaparecer…) además de encontronazos con villanos de opereta en los lugares más insospechados.

Contiene también, varios momentos de vergüenza ajena, que no relataré en este comentario al tratarse de un potencial spoiler en el devenir de la trama. En ocasiones, además, recuerda en demasía a Shutter Island (el parecido entre Dehaan y DiCaprio es considerable…) o incluso a “La invasión de los ladrones de cuerpos” … Y creo que ya he dicho demasiado…

Su excesiva duración, ciento cincuenta minutos (si, dos horas y media) juega en su contra. A pesar de contar con un generoso metraje, que el director utiliza para servir las numerosas pistas que conforman el rompecabezas, (a veces, como digo, de pura vergüenza ajena) Verbinsky se ve incapaz de entregar a la platea un clímax satisfactorio. El final resulta deslavazado, precipitado y carente de épica. Los misterios quedan sobre la mesa y que cada uno entienda lo que quiera. Cuando el mal muestra su verdadero rostro (literal y figuradamente) el espectador está todavía perdido y una vez se encuentra abandonando la sala, se da cuenta de que no solo no ha entendido nada, sino que no quiere comerse la cabeza.

Y es una lástima, porque la historia y el misterio que encierra, son muy sugerentes, pero, lamentablemente, acaban hundidos en las aguas de la indiferencia. Una pena.

Nota Factoría del Cine: 4/10

Wiman González

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Lockhart, (Dane DeHaan) un joven y ambicioso ejecutivo que ha llegado a lo más alto no precisamente siendo el mejor, sino el más tramposo, se ve obligado a viajar a un remoto lugar en los Alpes suizos, para traer de vuelta al director de su compañía, quien se encuentra...