“Me viene genial para tapar unos agujerillos”, “Es una felicidad inmensa porque el premio está muy repartido”, “Lo voy a usar para ayudar a mis hijos y para darme un caprichito”, “Ya era hora de que nos tocara la alegría”… Éstas son sólo algunas de las frases que se repiten, año tras año, a las puertas de las diferentes administraciones de lotería que han repartido premios a lo largo y ancho de toda la geografía española. En todas ellas, estas muestras de alegría y de algarabía se acompañan con el descorche de botellas de cava, con gritos y con cánticos. En todas, menos en la administración de lotería de Villaviciosa de Al lado, en la que ninguno de los agraciados ha aparecido para compartir su alegría con sus vecinos. ¿El motivo de tan contenida reacción? Que el billete premiado ha sido adquirido, íntegramente, por el puticlub del pueblo, que a su vez lo ha repartido entre sus clientes en numerosas participaciones.

Y eso que el dinero caería como agua de mayo en Villaviciosa, una localidad que vivió tiempos mejores gracias a su balneario, pero que ha visto cómo éste se deterioraba y languidecía a la par que lo hacía el pueblo. El más que probable cierre del negocio, la principal industria del municipio, pone en peligro su supervivencia y sólo un milagro o, algo aún más improbable, una subvención de la Diputación, podría salvarlo. Y si el que la localidad se llame “Villaviciosa” ha sido fuente inagotable de chascarrillos en los pueblos limítrofes desde la Edad Media, ahora encima el alcalde tendrá que luchar por convencer a la opinión pública de que merece la pena apostar por Villaviciosa y por sus vecinos, y así quitarse de encima la fama de “paletos salidos” con la que se les ha etiquetado en los medios desde que les tocó el primer premio.

Y es que a los agraciados se les plantea un complicado dilema: renunciar al dinero y callarse como las putas a las que frecuentan, o cobrar el premio teniendo que explicar en público sus aficiones privadas, cruzando los dedos para que sus mujeres no les echen de casa. Y no tendrán nada fácil tomar una decisión, ya que la presión popular aumenta según se va agotando el plazo marcado para cobrar el premio. Y es que en Villaviciosa ya no se habla de otra cosa. No hay tertulia, partida de cartas, pleno municipal u homilía en la que no se aborde el tema. Y si hay alguien especialmente interesado en que se aclare el asunto, ésas son las mujeres de la localidad, que a su vez tienen ante ellas otro complicado dilema: convertirse en cornudas pero millonarias o seguir siendo unas pobres ignorantes.

Y entre unos y otros está “la Mari”, dueña del Club Momentos, y a la que, desde que montó el negocio, nadie saluda. Unos para mantener el anonimato y otras porque la consideran responsable de haber traído la tentación a dos manzanas de sus casas. Lo que no saben es que “la Mari”, a su vez, tiene su propio dilema: Por error, ha emitido más participaciones de las debidas y ahora está más que interesada en que los agraciados no reclamen su premio hasta que éste caduque. Por primera vez, y después de años de agravios, de feos y de desplantes, “la Mari” tiene la sartén por el mango, y está dispuesta a llevarse a quien sea por delante, aunque eso suponga terminar con la discreción de la que siempre ha hecho gala su gremio. Porque ya se ha cansado de eso de “ser puta, y encima poner la cama”.

Justo cuando Villaviciosa tiene que estar más unido que nunca para evitar el cierre de su balneario y su más que probable desaparición, la semilla de la cizaña, de la desconfianza y del recelo crece en un pueblo en el que lo importante ahora es mantener las apariencias, en el que nada es lo que parece y en el que todos, hasta el cura, se han convertido en sospechosos.

Esta es la premisa de la que parte Villaviciosa de al Lado, la nueva película de Nacho G. Velilla, director de Fuera de Carta, Que se mueran los feos y Perdiendo el Norte, y que supone el debut en el cine del cómico Leo Harlem. Viendo la filmografía de su director, uno ya puede ir haciéndose una idea de los derroteros por los que transitará el film, y desde luego, no hay sorpresa alguna en lo que a ello respecta, pero tampoco supone ningún problema. La película no engaña, sabe lo que es en todo momento, y consigue distraer y hacer pasar un buen rato al espectador, que sabe desde el primer instante qué tipo de cinta está viendo, y como tal, funciona en sus dosis correctas.

Es cierto que no hay en ella nada que sorprenda, ni que invente la rueda, pero como no lo pretende en ningún momento se le perdonan ciertas costuras. Su falta de pretensiones es su mayor ventaja, y uno asiste a una comedia que distrae con mucha facilidad gracias a una premisa de lo más simpática que, aprovechada o no, consigue encontrar cierta simpatía con el público. La cinta sabe cual es su sitio y no pretende desviarse de su terreno, que, aunque cómodo, funciona por un dibujo de personajes bastante acertado que hace que la comedia salga por sí sola (el retrato de “el coletas” no podía venir mas al pelo).

Y especialmente funciona gracias a un ritmo que apenas deja perder el tiempo (no aburre nada, y se hace realmente corta, algo que juega a su favor) y a un reparto de lo más acertado: Carmen Machi ha demostrado sobradamente su talento para la comedia, y en este film no iba a ser menos, robando todas las escenas de la película con una presencia impagable (atención a sus momentos dramáticos); Arturo Valls está correcto; Belén Cuesta está estupenda (esta actriz parece una secundaria de lujo…borda cualquier cosa que toque); Macarena García desprende muchísimo encanto (su personaje le viene como anillo al dedo); Leo Harlem está correcto en su primera aportación al cine (una pena que el guión tampoco le de tantos momentos de lucidez a este gran cómico); Jon Plazaola cumple sobradamente su papel con mucho acierto (gracias a la química que tiene con Macarena García) ; Yolanda Ramos…genial, como siempre; y cabría destacar a un sorprendente Carlos Santos en uno de los mayores aciertos del film (en un registro totalmente distinto al que hizo de Luis Roldán en El hombre de las mil caras).

No me extenderé mucho más con la crítica porque un film como Villaviciosa de al Lado es tan sencillo, tan poco pretenciosa y tan distraída, que poco más podría resaltar respecto a ella (a no ser que cuente cada uno de los gags que pueblan el film, algo que, por supuesto, no lo haré). Desde luego, resulta más acertada que el film precedente de su director, la exitosa Perdiendo el Norte, y no dudo que, por estas fechas, esta producción encuentre su público con gran facilidad (y más con el tema que trata). Es una película que es muy consciente de lo que es, y por lo tanto, funciona en su objetivo de hacer pasar un rato de lo más ameno al espectador sin pedir mucho a cambio.

Nota Factoría del Cine: 6,5

Manu Monteagudo

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“Me viene genial para tapar unos agujerillos”, “Es una felicidad inmensa porque el premio está muy repartido”, “Lo voy a usar para ayudar a mis hijos y para darme un caprichito”, “Ya era hora de que nos tocara la alegría”… Éstas son sólo algunas de las frases que se...