La comunicación…un tema que abre tanto debate y tantos campos de forma infinita que siempre podemos observar nuevas formas de hacerlo. No por nada, hace poco llegó a nuestras pantallas el film de ciencia ficción La Llegada, que habla especialmente sobre este tema de forma original y profunda como hacía tiempo no veíamos en una producción de Hollywood. Ahora, nos llega a nuestras pantallas un film suizo, Aloys que habla sobre este tema desde un punto de vista diferente, un modo de comunicarse entre dos personas que poco a poco se van abriendo emocionalmente pero en la que el temor a expresarse físicamente les impide dar un paso definitivo. Este film, que ha ganado premio en la Berlinale y en el Festival de Cine de Las Palmas (además de llevarse otros premios en otros festivales…por no hablar en todos los que ha participado y que son mas de una decena) nos habla de una historia de amor y comunicación con una propuesta bastante curiosa e interesante audiovisualmente….pese a que por desgracia termina por caer en una reiteración que la perjudica.

Aloys Adorn (Georg Friedrich) es un detective privado taciturno, un lobo solitario cuyo trabajo consiste en filmar a otras personas, observándolas en secreto y permaneciendo invisible. Un día se emborracha y se duerme en un autobús, y al despertarse descubre que su cámara y sus cintas han sido robadas. La misteriosa mujer que le llama poco después parece tener algo que ver con ello.

Aloys propone un juego audiovisual que lleva hasta sus últimas consecuencias, dando uso primordial a la imagen y el sonido. Siendo una película en la que sus personajes principales resultan ser seres incomprendidos por la sociedad debido al miedo a la comunicación, el hecho de mantener una relación vía telefónica por mantener cierto anonimato le otorga un toque especial que surge a través de un montaje muy acertado y una fotografía estupenda que saben sacar provecho del material que tienen entre manos. A partir de ahí su director pretende crear un juego del gato y el ratón en el que la imaginación es su gran factor, proponiendo una relación a distancia en la que el uso del sonido resulta tan primordial para crear sensaciones que cobra mas protagonismo un roce que los propios diálogos que la pueblan. Todo ello bien compenetrado por sus actores, especialmente su protagonista, un excelente Georg Friedrich, que tiene que sostener toda la película sobre sus hombros con un personaje apático y muy difícil, pero del que sale mas que airoso de semejante papeleta (además, su desarrollo del personaje está excelentemente mostrado por el actor).

Pero el film, una vez presentadas las cartas se recrea tanto a sí misma que el cansancio e incluso la monotonía y pesadez aparecen demasiado pronto, pues juega con unas cartas que, ya presentadas, no termina de jugar del todo con ellas, ni desarrollándolas argumentalmente (visualmente sí), lo cual crea una sensación de reiteración que no la beneficia en absoluto porque poco más tiene ofrecer. La historia parece que se estanca, volviendo sobre los mismos temas durante un buen tramo de cinta y con una languidez que, mas que ofrecer profundidad o trascendencia en sus personajes, consigue que el espectador termine por aburrirse, pues además los mismos, debido a su personalidad resultan fríos y distantes (a consecuencia, por supuesto). Lo cual, una vez pasado el interés de su primera mitad y la forma de narrar esta historia, la segunda mitad se vuelve reiterativa hasta tal punto que hay instantes en que el espectador podría desconectar con una facilidad pasmosa.

Pese a todo, Aloys, es un film interesante que ofrece un tipo de narrativa muy curiosa que, lamentablemente, se agota demasiado pronto al estirar el metraje (y eso que dura 90 minutos) para una historia que tampoco tiene mucho que contar. Es cierto que intenta suplir esta carencia con un equipo técnico detrás a la altura de las circunstancias, pero por mucho adorno que quiera añadir a su obra, si esta se alarga mas de lo que debería contar y de lo que tiene que contar, poco pueden hacer. Yo les recomendaría, que si tienen el día paciente, le den una oportunidad a esta película, que ofrece ideas bastante interesantes, pese a que por momentos su languidez hacen desearte, más que ver la película, una buena siesta.

Nota Factoría del Cine: 5

Manu Monteagudo

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