Resulta curioso como en estos últimos años ha ido predominando el género del thriller en el ámbito nacional. Serán signos de los tiempos (o del éxito), pero durante estos últimos años el cine español ha apostado por este tipo de películas (a cada cual mas distinta si cabe) a raíz del éxito de Celda 211, sin duda, una excelente película y uno de los mayores éxitos del cine español en los últimos años. Intentando repetir el éxito, la acumulación de este tipo de proyectos resulta curiosamente sospechoso, pues si bien la calidad de las mismas está dando buenos frutos (ahí tenemos uno de los caballos ganadores, la notabilísima La Isla Mínima), si que está dejando una cierta sensación de hastío ante la sobresaturación de tanto proyecto enmarcado en el mismo género. En estos últimos meses, hemos tenido tres, la estupenda Tarde para la Ira (uno de los mejores debuts de los últimos años en el cine español), la correcta El hombre de las mil caras (curiosamente,con el mismo director de La Isla Mínima) y ahora nos llega Que Dios nos perdone, un thriller que, en cierta manera, recuerda a las películas del mismo género que en la década de los 90 se estrenaban como churros, aunque en esta ocasión, dando buenos frutos.

Madrid, verano de 2011. Crisis económica, Movimiento 15-M y un millón y medio de peregrinos que esperan la llegada del Papa conviven en un Madrid más caluroso y caótico que nunca. En este contexto, los inspectores Velarde (Antonio de la Torre) y Alfaro (Roberto Álamo) deben encontrar cuanto antes y con la mayor confidencialidad posible a lo que parece ser un asesino en serie. Esta caza contra reloj les hará darse cuenta de algo que nunca habían pensado: ninguno de los dos es tan diferente del asesino.

Que Dios nos perdone es un film que no se anda con rodeos y apenas deja perder el tiempo. Si es cierto que profundiza en sus dos personajes centrales y nos cuenta el modo de vida de cada uno de ellos, profundizando en seres que se sienten solitarios y poco comprendidos…pero son instantes necesarios para conectar con ellos y acrecentar el interés de la trama una vez vamos conociendo mejor a sus protagonistas, por que una vez el film se centra en la trama principal, la película apenas deja segundas lecturas (que las hay, no se preocupen, aunque, afortunadamente, no se recalca tanto) y va directa al grano con un ritmo muy solido en un ambiente tan peculiar como la visita del Papa a Madrid con el JMJ. Muchos espectadores (yo incluido) les vendrá a la mente una película como Seven mientras visiona el film por como desarrolla todo su entramado argumental (aunque alejando las distancias) pues sigue las bases de este tipo de películas, pero sin que chirríe lo mas mínimo, ya que Que Dios nos perdone tiene la suficiente personalidad como para compararla con otras producciones similares. En ese sentido, el film cumple sobradamente con su cometido de entretener a base de una buena historia y una dirección clara.

Es cierto que al final se alarga 10 minutos mas de la cuenta (demasiados finales en mi opinión) y que durante sus primeros compases puede haber un enfrentamiento con sus personajes centrales, ya que el espectador aún no se ha acostumbrado a ellos, pues resultan tan radicales en ese aspecto, que en un principio cuesta creerse semejante relación… pero gracias a la naturalidad con los que lo desarrolla y, sobre todo, al buen hacer de sus actores, terminamos por sentirnos fascinados por su dúo protagónico, en especial un Roberto Álamo que, por fin, tiene un papel a la altura de sus circunstancias en el mejor papel que le ha regalado el cine, fascinando en cada secuencia por lo complejo que es mantener la conexión con el espectador a pesar de tener un personaje que no es, en absoluto, agradable (desde su primera secuencia ya vemos lo peligroso que puede resultar semejante personaje en la sociedad), y que consigue la ardua tarea de sentir cierta conexión con él… que no nos extrañe verle recoger un Goya en la gala de este año. De Antonio de la Torre qué podría decir…¿a qué personajes no se ha enfrentado este hombre? Aquí asume una difícil tarea y, aunque a veces (sobre todo al comienzo) chirría un poco consigue dibujar un personaje totalmente diferente a lo que ha interpretado hasta ahora. El resto del reparto también está estupendo, aunque cabría destacar a un sorprendente Javier Pereira, con un cambio de registro muy loable.

Tampoco quiero desvelar mucho las sorpresas (que no son muchas tampoco) de la trama porque, precisamente, donde más se disfruta el film es en ver cómo sus protagonistas van avanzando poco a poco en el caso. Solamente me gustaría destacar como aspectos positivos ciertos elementos de su puesta en escena (como esa persecución por las calles de Madrid, y, especialmente, el crudo y maravilloso plano secuencia que Rodrigo Sorogoyen regala en uno de los momentos más cruciales del film) y de una fotografía que dibuja un Madrid perturbador pero muy cercano y muy real (lo que perturba aún más con su historia).

Que Dios nos Perdone se trata de un thriller estupendo, más propio de la vieja escuela (la de la década de los 90) que de los nuevos tiempos, dejando respirar a sus personajes y dejando que la trama avance por si sola sin necesidad de recurrir a efectismos o escenas de acción innecesarias (si las hay, están bien integradas), dejando la sensación de producto bien hecho y confeccionado. Se podrá achacar la falta de un sello autoral en el relato pero, sinceramente, creo que al film, no le hace falta, ya que Sorogoyen prefiere que sean su historia y sus personajes los verdaderos protagonistas de su relato, y desde luego, consigue que así sea gracias a un thriller que se mete al espectador en el bolsillo, gracias en parte a unas interpretaciones de su dúo protagonista fantásticas. Poco más que añadir a un relato que sabe lo que es y lo que quiere…objetivo más que cumplido.

Nota Factoría del Cine: 8

Manu Monteagudo

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