Dani Rovira necesita un cambio. Parece como si el actor lo estuviera pidiendo a gritos. Es lógico el encasillamiento en el que se encuentra tras convertirse de la noche a la mañana en uno de lo intérpretes mas cotizados de nuestro país gracias al pelotazo que fue “Ocho Apellidos Vascos”, sin duda uno de los mayores (por no decir el mayor) éxitos de taquilla a nivel nacional en toda nuestra historia (para un proyecto tan pequeño). De ahí que todas las productoras quieran contar con su presencia en comedias de diversa índole para intentar repetir la fórmula sin que los resultados sean similares (los casos de la flojísima “Ahora o Nunca” o de “Ocho apellidos catalanes”, a pesar de tener unos resultados en taquilla más que decentes, no fueron comparables, ni por asomo a semejante éxito). Por eso, había cierto expectación ante el nuevo proyecto del actor malagueño, “100 metros”, en el que tenía que hacer frente ante un personaje con cariz dramático y basado en una historia real de superación, recordando al éxito francés “Intocable”. Y una vez vista, aunque se agradecen las intenciones, se queda bastante lejos del film galo.

“100 METROS” está inspirada en la increíble historia real de Ramón Arroyo. Ramón (Dani Rovira), padre de familia, vive para el trabajo hasta que su cuerpo empieza a fallar. Diagnosticado de esclerosis múltiple, todos los pronósticos parecen indicar que en un año no será capaz de caminar ni 100 metros. Ramón decide plantarle cara a la vida participando en la prueba deportiva más dura del planeta.Con la ayuda de su mujer (Alexandra Jiménez) y el gruñón de su suegro (Karra Elejalde), Ramón inicia un peculiar entrenamiento en el que luchará contra sus limitaciones, demostrándole al mundo que rendirse nunca es una opción.

Comentaba antes el símil entre 100 metros e Intocable por la manera de abordar el proyecto. Mas que un film dramático, lo que se pretende, es normalizar y contagiar a través de la comedia, unas ganas de vivir y pasárselo bien en sus protagonistas que vayan metiendo y simpatizando con los personajes. En Intocable se consiguió de forma rotunda gracias al contraste de sus personajes, y aquí se pretende realizar lo mismo, siendo los personajes de Ramón y su suegrolos que mantienen la sonrisa en el espectador. Pero hay una cosa que el film galo sabía mezclar bastante bien y era el equilibrio entre el drama y la comedia, fusionándose en uno solo para que de esa forma sea compacta y no existan dos tonos distintos (y sea uno solo). Lamentablemente, ese equilibrio en 100 metros resulta chocante, por que parece que estemos ante dos películas distintas: una dramática, donde el conflicto de la enfermedad de Ramón y su familia resultan bastante acertado (atención a las escenas de las reuniones que padecen los mismos síntomas) y otra cómica, que se basa en la relación entre Ramon y su suegro y cómo ambos van superando sus conflictos. No termina de casar bien una tonalidad con otra, y aunque funcionen por separado, la unión entre ellas no resulta orgánica, dando una sensación de forzar la maquinaria que termina por chirriar.

No negaré que funcionan por separado, y que tiene buenas ideas en su guión (el conflicto del suegro), pero la ejecución termina por ahogarse en dar con las teclas perfectas con tal de agradar al espectador. Resulta tan obvia en ese aspecto y tan descarada que, sintiéndolo mucho, más que meterme en la película, me sacaba de ella. Ejemplos de ellos hay a patadas: el personaje de Maria de Medeiros metido con calzador y de forma bastante nefasta (que la actriz tenga que intervenir para esto resulta bastante inexplicable, la verdad…por que ni ella misma se cree el papel), la utilización de la música y su banda sonora (bonita en todo momento, pero sobresaturando), chistes pueriles metidos con calzador…desde luego, entiendo sus pretensiones, pero la manera tan descarada de abordar el tema de forma tan fácil y maniquea termina por despachar muchas de sus buenas intenciones, que las tiene. Pero he de admitir que da rabia que con una premisa interesante y con las buenas ideas que tiene su guión, se termine desarrollando de forma que más que una película para estrenar en cines, parece de formato televisivo.

Aún así, como he dicho antes, posee buenas ideas, y cuando el film deja que todo el peso recaiga en sus actores es cuando “100 metros” mejor funciona (especialmente en sus puntos mas dramáticos): se agradece el cambio de Dani Rovira enfrentándose a su primer papel dramático y se nota el esfuerzo, aunque hay algunas partes donde se nota forzado, pero tiempo al tiempo, y el intento está ahí (veremos qué puede ofrecer en un futuro); aunque sus mejores momentos se encuentran gracias a la complicidad de un genial Karra Elejalde que se come la película, sin duda, y que, como dúo que ya funcionó en Ocho Apellidos Vascos, se les nota cómodos cuando tienen que compartir escena juntos; Alexandra Jimenez vuelve a demostrar lo versátil que es como actriz (magnífica escena de la llamada a uno de los amigos de la empresa de Ramón); de María de Medeiros ya he hablado y prefiero no hablar más, sinceramente…sería perder el tiempo; y también destacaría a secundarios como David Verdaguer , Bruno Vergonzini , Clara Segura y Alba Ribas…estupendos todos ellos.

“100 metros” es un film bienintencionado que, al pretender serlo tanto, y al contar en ella con la pareja formada por Rovira y Elejalde pretendiendo parecerse a la comedia de los vascos, termina por desbocarse sin encontrar una tonalidad que termine por asentarla, además de una ejecución un tanto pobre, que solo se ve recompensada por unos minutos finales que, son sin duda, los mejores de la función en cuestión de lo emocionante que puede resultar. El resto, es una comedia de superación que pretende reunir las teclas de un film de temática similar como “Intocable”, pero sin llegar, ni de lejos a la excelencia de aquella. Pese a todo, no dudo que sea un pelotazo, pues, precisamente, está hecha para encandilar a las masas, y es una pena que una historia con tanto valor emocional se vea mermada por intentar encandilar al mayor número de espectadores posibles a través de chistes chabacanos y fáciles (algunos funcionan, que conste) que no terminan de casar bien con el tono dramático del film.

Nota Factoría del Cine: 5,5.

Manu Monteagudo

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Dani Rovira necesita un cambio. Parece como si el actor lo estuviera pidiendo a gritos. Es lógico el encasillamiento en el que se encuentra tras convertirse de la noche a la mañana en uno de lo intérpretes mas cotizados de nuestro país gracias al pelotazo que fue 'Ocho Apellidos...