He de admitir que fui de los pocos que asistí a la proyección de El código DaVinci sin haber leido el libro en el que se basa (y que mas de medio mundo había pasado por sus manos cualquiera de sus páginas), y creo que, en mi caso, fue lo mejor que pude hacer, pues, pese a las malas críticas obtenidas (algunas de ellas me parecen bastante exageradas), tengo que reconocer que me entretuvo bastante. Seguramente, para todos aquellos que leyeron la novela, la película no ofrecía nada nuevo, pero para aquellos que asistieron vírgenes, creo que el resultado, no era tan malo como muchos quieren proclamar (por lo menos en mi caso). Por eso, asistí con cierto interés a su segunda entrega, limitándome a seguir lo mismo que hice con su primera entrega…y mi decepción fue mayúscula, al encontrar un relato que ofrecía un ritmo vertiginoso, si…pero tan vertiginoso que no ponía atención ni a sus personajes (que te importaban poco o nada) ni a su historia (alcanzando cotas absurdas como ese clímax en el Vaticano), por lo que todo ocurría tan rápido que te importaba una miseria lo que ocurriera con sus personajes y su historia (y alcanzando unas cotas de incredulidad que será mejor dejar aparte). Bien, ahora llega la tercera entrega, que cuenta con el mismo equipo de sus precedentes, y, sinceramente, esperaba que pulieran ciertos errores…qué equivocado estaba.

El ganador del Oscar® Ron Howard vuelve para dirigir la última entrega de la multimillonaria serie de bestsellers de Dan Brown (El Código Da Vinci) protagonizada por Robert Langdon, Inferno, en la cual el famoso profesor de simbología (nuevamente interpretado por Tom Hanks) se encuentra tras el rastro de una serie de pistas conectadas con el mismísimo Dante. Cuando Langdon despierta con amnesia en un hospital italiano, hará equipo con Sienna Brooks (Felicity Jones), una doctora de la que él espera le ayude a recuperar sus recuerdos. Juntos recorrerán Europa en una carrera a contrarreloj para desbaratar una letal conspiración global.

Digamoslo claro, la trama de Inferno es un lío. Es como si sus guionistas quisieran aunar en dos horas cientos de tramas siguiendo un hilo común (en este caso el Inferno de Dante…una mera excusa) en la que sus personajes entran y salen sin orden ni concierto, añadiendo subtramas (algunas más interesantes que otras) y personajes que poco aportan a la película. Y con esto me refiero a que la película, aunque se siga con facilidad gracias a un ritmo y a un montaje bastante dinámico (apenas paran de moverse), carece de emoción por que apenas simpatizamos con ninguno de ellos, pese al esfuerzo de algunos de sus actores. Sus lineas de diálogo se basan en expandir información sin que tengamos el mínimo de empatía hacia ellos, y vemos correr a sus protagonistas de un lado a otro con una desgana que, desde luego, no la beneficia en absoluto…precisamente, las mismas teclas que se veían en Ángeles y Demonios, donde no paraban de moverse sin dejar descansar el film, vaya a ser que algún espectador se aburra con tal de simpatizar con alguno de sus personajes. Ese es el mayor error del film, pues asistimos a un relato que, aunque distraído en cierta manera, nos importa tan poco lo que les ocurra que una vez finalizada la proyección, su destino al olvido resulta instantáneo.

Los giros argumentales están más vistos que el tebeo, por no decir que alguno resulta absurdo, los flashbacks están metidos con el mayor de los calzadores (algunos incluso se repiten) y todo el entramado argumental que tiene entre manos intenta ser explicado de la forma mas masticada posible, no vaya a ser que el público se pierda con tantos personajes y tantas subtramas. Eso sí, si me tengo que quedar con ciertos aspectos positivos, podría decir que la película tiene un ritmo que impide que nos aburramos (aunque sacrifique todo lo que signifique conectar con la historia y sus personajes), que el film es una postal turísitica de ciudades como Florencia, Venecia y Estambul (y lo bueno es que saca buen provecho de ellas sin regodearse demasiado, ya que ni le da tiempo), que la trama de la organización clandestina resulta llamativa (gracias al personaje que lo protagoniza) y que el clímax final, al menos resulta una escena de acción que, he de decir, es la escena más intensa y mas emocionante de la película y de toda la trilogía (durará aproximadamente 15 minutos), y en la que parece que sus creadores despiertan un poco de la desgana del relato.

Una desgana que parece que se contagia a casi todos los aspectos de la procucción, pues la dirección de Ron Howard no podía ser más plana. Salvo un montaje dinámico (aunque a veces bastante confuso con tanto corte de plano), aspectos como la fotografía (bastante normalita, la verdad sea dicha), el guión (que, mejor dejar a un lado….créanme, pues además está plagado de lugares comunes, incluso intentando meter una posible relación de Langdon) y su banda sonora ( de un Hans Zimmer tirando de recursos facilones, atronando todo el rato sin alma ni concierto y con los temas previos incluidos de manera insensata…salvo en su clímax final, donde despierta un poco de su siesta), parecen hechos sin apenas motivación, tirando de lo ya conocido y fácil. Y su reparto intenta hacer lo que puede: Tom Hanks consigue salvarse de la quema gracias a su gran profesionalidad y parece pasárselo bien, la verdad (ayuda mucho que tenga otro corte de pelo, seamos francos) aunque parece hastiado del personaje y se lo toma de la mejor de las formas; Felicity Jones tiene que lidiar con un personaje que en su guión y dirección resultan tan erróneas que la pobre intenta defenderlo lo mejor posible (y consigue no ser irritante…que lo podía haber sido); Ben Foster…pues se pasea por aquí (sus flashbacks son de traca); Omar Shy tiene un personaje ridículo y el actor poco puede hacer; y el mejor del reparto, Irrfhan Khan, que tiene el mejor personaje de todos, y lo defiende con una gracia y naturalidad que parecen sacados de otra película (suyas son las mejores escenas del film).

Por lo tanto, Inferno es la demostración palpable de que la saga de Dan Brown esta mas que gastada en el mundo del cine. Ya dieron muestras sobradas en su segunda entrega, pero en esta tercera entrega lo verifican aún mas en un relato donde los errores mostrados en el pasado siguen repartiéndose a diestro y siniestro en una tercera entrega prescindible, sin apenas conexión con sus precedentes (es más…salvo el personaje de Langdon, no hay ninguna conexión) y de la que sus dos horas se hacen bastante largas debido a la cantidad de tramas, subtramas y personajes que la pueblan, sin que te importe bastante lo que te están contando (por no hablar de creerse el imposible relato). Al menos, aunque se torne larga, nunca aburre debido a un montaje y ritmo que lo impiden, pero a costa de sacrificar emoción e interés a un relato que, sinceramente, carece de ellos completamente. Una película olvidable y prescindible que, cierto es, no te dejará con la sensación de que te hayan tomado el pelo, pero la sensación de vacio que te deja no te la va a quitar nadie. Creedme.

Nota Factoría del Cine: 4

Manu Monteagudo

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