La transgresión…una palabra con la que hay que tener mucho cuidado. El cine, en varios ocasiones, ha acudido a este término para valorar películas que van mas allá de lo políticamente incorrecto, y que desatan polémica o cualquier tipo de censura por su contenido o por cualquier forma de representar su historia. Casos…hay a montones, pero…¿y en el cine de animación? También, aunque en casos mucho más limitados (y sin que llegue a un público masivo, por supuesto), y ahora con La fiesta de las salchichas quieren romper la barrera absoluta de que el cine de animación es solo “para todos los públicos”. En ese sentido, el caso más similar que me viene ahora mismo a la cabeza fue la película de Peter Jackson “Meet the Feebles”, una parodia muy gamberra del mundo de los teleñecos. Porque, créanme, La Fiesta de las Salchichas es una sucesión de insultos, palabrotas, incorrección política, temas sexuales…un sin fin, en el que su mayor inconveniente es pensar que por acumular lo máximo posible de toda esta gamberrada, significa más gracia y más humor…y no tiene por qué.

De los guionistas de Supersalidos y Superfumados y de los creadores de Juerga Hasta El Fin y Malditos Vecinos llega esta película en el que los protagonistas son los alimentos. Un grupo de ellos, tras salir del supermercado, piensa que está a punto de llegar al Paraíso. Pero pronto comenzarán una búsqueda, guiados por una salchicha, para descubrir toda la verdad de lo que hay más allá de las estanterías de la tienda.

Lo cierto es que la premisa del film (tanto en su introducción, nudo y desenlace) resultan lo mejor de la misma ¿con esto qué quiero decir? Que el film posee unas ideas fantásticas a la hora de mostrar un mensaje que resulta de lo más interesante (una hostia bien dada al mundo de la religión), y bastante necesario en los tiempos que corren, pero que a la hora de ejecutarlo con sus diálogos se derrumba por acumulación. Me parece muy bien que sus personajes (todos, no se salva ni uno) puedan decir palabrotas o tacos, si en ese momento se justifica, pero que en cada frase tenga que venir incluida, con calzador, cualquiera de estos insultos termina por agotar la paciencia, y menos aún, cuando no hay justificación alguna. Por eso comentaba en el primer párrafo lo de la transgresión, por que hay que saber hacerlo bien, y aquí lo intentan, pero han querido hacerlo tan evidente, que al final, su discurso, termina por hacer aguas a la hora de mantener diálogos que, a la media hora, ya resultan cansinos.

Pero también es innegable que el film, cuando quiere ser gamberro y transgresor, sin necesidad de insultos, chistes sexuales y demás lindezas funciona. Se ve con claridad en la película cuales son los momentos que mejor funcionan, y aquí entra de lleno en el gag visual: guiños a otras películas hay a montones (el momento de Salvar al soldado Ryan es impagable), los temas de actualidad social están metidos con mucho tino (el conflicto judío y musulmán está muy bien llevado en el film), y escenas imaginativas y de gran poder visual hay unas cuantas (SPOILER: el momento culminante mostrado en el avance de la comida descubriendo el “secreto” de sus dioses; una de las salchichas por la calle topándose con varios elementos, a cada cual, más desternillante; la presentación del chicle o la excusa para comunicarse entre dioses y alimentos resultan excelentes). Por lo que se nota una diferencia abismal entre los conceptos y los gags que se integran bien con la historia y los diálogos en los que se pretende hacer gracia por ver a alimentos hablar de esa manera (y que de transgresor tiene bien poco…Peter Jackson lo hizo con más acierto previamente).

Lo que sí que es innegable es que el film visualmente cumple, mantiene un ritmo que, aún con sus altibajos (el segmento del apartado de bebidas con los indios, o cualquier aportación de ese villano tan indiferente y metido con calzador resultan bastante rutinarios), nunca aburre, además de que cuenta con una banda sonora de Alan Menken (sí, sí…Alan Menken, el compositor por autonomasia de Disney) bastante efectiva. Pero, como dije antes, hay una diferencia bastante elevada entre sus diálogos y su concepto en sí mismo, que resulta de lo más imaginativo y es una completa lástima, porque si hubieran pulido o mesurado la acumulación de insultos, chistes sexuales o de mal gusto, estaríamos ante una de las producciones de animación más interesantes de los últimos años, y, que, con tal de provocar, o hacer reír al espectador de humor fácil, parte de sus (buenas) intenciones desaparecen, por acumular más de lo necesario. A pesar de ello, resulta una gamberrada simpática que pudo llegar más lejos, desde luego, pero que posee suficientes buenas ideas y varios momentos de pura carcajada como para darle una oportunidad.

Nota Factoría del Cine: 6.

Manu Monteagudo

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