strong>Alberto Rodríguez se ha labrado un nombre dentro del cine español, sobre todo con su premiada “La isla mínima”, ganadora de 10 Premios Goya. Su constante cambio de registros en cada cinta que presenta demuestran a un cineasta polivalente y con las ideas firmes y claras, demostrando una versatilidad y solidez en sus proyectos que lo enmarcan como uno de los mejores directores a nivel nacional que tiene nuestro cine. Desde que debutara con El Factor Pilgrim, su gran salto vino con 7 Virgenes (una cinta estupenda, no nos vamos a engañar), para, a continuación, realizar una serie de largometrajes, a cada cual mas diferente (¿tienen algo que ver la infravalorada After con la notabilísima Grupo 7?), siendo La Isla Mínima su consagración como cineasta, llevándose (de forma muy merecida) la mayor parte de los premios Goya (entre ellos Mejor Película) Ahora Rodriguez vuelve con un thriller que narra un documento de nuestra historia nacional, que viene bastante a colación con los tiempos que corren, y que supone un regreso del director algo más frío de lo habitual.

El Hombre de las Mil Caras’ es una historia de traidores y tramposos inspirada en hechos reales. Francisco Paesa (Eduard Fernández) es uno de los personajes más intrigantes de las últimas décadas. En 1995 fue contratado por el ex director general de la Guardia Civil Luis Roldán (Carlos Santos) y su mujer (Marta Etura), para ocultar 1.500 millones de pesetas que había desviado de los fondos reservados del Estado. Con la ayuda de su inseparable socio (Jose Coronado) organizará una brillante operación donde la verdad y la mentira tienen límites difusos. Una farsa digna de los mejores espías y reflejo del ocaso de una época.

El mérito de Alberto Rodriguez con esta película es algo que viene siendo habitual en su filmografía, y es, que no tiene nada que ver en estilo y forma con sus películas precedentes. El director ya cuenta con tres thrillers en su haber, y ninguno de ellos se parecen entre si ni por asomo. Aquí nos cuenta un thriller frio y oscuro de un suceso real de manera que lo que está contando, más que una historia, parece un documento (adaptado libremente…lo aclaran desde el inicio), y más que los personajes en sí, el cineasta se limita a contar todo el caso de forma muy dinámica y constante de manera que su ritmo funcione, gracias a un montaje espléndido que realiza una tarea ARDUA con esta cinta llena de documentos, nombres y cambios de localización de forma incesante. Lo hace con un estilo sobrio, alejado de cualquier tipo de empatía hacia sus personajes (traidores y mentirosos todos ellos), y con un estilo visual impoluto y muy cuidado gracias a un trabajo de ambientación maravilloso (te metes en la época con gran facilidad) y un trabajo de fotografía estupendo (además de una banda sonora que aporta el dinamismo necesario, sin variar apenas).

Ahora bien, que tenga ritmo no quiere decir que lo que estemos viendo sea una catarsis de suspense o de tensión, porque Alberto Rodríguez no quiere eso, y ahí está el principal defecto de esta película. Mantiene un tono y una dinámica TAN constante, que pasada media hora, el espectador se percata de que el film no tiene ni un solo pico, quedándose en un relato plano y en un estilo monótono que, sin duda, le pasa factura. Tanto, que sus personajes, al fin y al cabo, te importan bien poco: la poca empatía que el público tiene hacia estos personajes hace que sus actos (un juego de enredos y trampas) nos sea visto, al fin y al cabo, con la mayor de las indiferencias, pues ninguno de sus personajes, sufre cambio alguno (el único, y solo en un tramo, es el de Luis Roldán), por lo que su estado emocional se queda estancado en el mismo sitio durante todo su trayecto. Sé que es una decisión consciente por parte de su director, pero mantener durante dos horas de proyección un relato de información constante sin que los personajes te digan gran cosa (prefiere no profundizar demasiado en ellos, quedándose en una superficialidad premeditada) es demasiado pedir al público.

Y precisamente en esos personajes se ve afectado un reparto que, estando correctos todos y cada uno de ellos, no permite explotar todo lo podría permitirles, a pesar de que están todos en su sitio: Eduard Fernández es, sin duda, del que hablarán todos, y está estupendo en su meditada frialdad, pero, repito, salvo alguna que otra concesión (la historia con su mujer permite darle un poco de cancha emocionalmente), su personaje se queda en la superficie (tampoco lo permite al ser un rol tan misterioso) y creo, sinceramente, que este actor ha tenido interpretaciones mejores; José Coronado está bastante bien, y mantiene su presencia constante (lo cierto es que de sus últimos papeles, aquí es donde está más efectivo), pese a una voz en off algo cargante, aunque necesaria para no perderse; Carlos Santos es el que ofrece un cambio emocional mas evidente y bien mostrado por el actor, pese a que en un comienzo no termine de convencer del todo (resulta demasiado plano en sus diálogos); Marta Etura pasaba por allí, porque es un quién te ha visto y quién te ve (y su personaje queda desdibujadísimo); y Emilio Gutiérrez Caba con el personaje más misterioso de todos, y del que ofrece una de sus maravillosas interpretaciones (cualquier cosa que toca este hombre lo hace oro). Por cierto, destacar a un IRRECONOCIBLE Luis Callejo, en un pequeño pero importante papel, muy de moda ahora con su magnifica interpretación en Tarde para la ira.

El hombre de las mil caras es un thriller correcto, muy bien manufacturado, pero tan preocupado en contar su historia con pelos y señales de forma constante que no permite desarrollar emocionalmente a los personajes, importándote bien pocos cada uno de ellos, y quedándose en un tono bastante plano y algo monótono en el que el ritmo no sufre o registra cambio alguno (no hay picos de intensidad, ya que resulta constante). En lo que a mi concierne, supone un pequeño paso atrás en la carrera de Alberto Rodriguez que, pese a no llegar al nivel de su filmografía precedente, tiene el mérito de mostrar un registro distinto y con una elegancia formal fuera de toda duda. Da la sensación de que ha querido imitar al gran Martin Scorsese en sus películas de la mafia con su ritmo y montaje incesante, pero se ha quedado más con la forma que con el fondo…y ese ha sido su gran error. Pese a todo, más que correcto thriller.

Nota Factoría del Cine: 6

Manu Monteagudo

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