El cine de temática social parece que ha cogido una especie de estancamiento en su tono y en sus formas que a día de hoy parecen sacadas del mismo patrón. Es cierto que muchas de ellas consiguen sus objetivos con creces (no lo voy a poner en duda), pero termina por crear una cierta pereza a la hora de adentrarse a su visionado que ha perjudicado este tipo de género de forma algo habitual (esto es una opinión mía, claro esta). Por eso, a la hora de ver Los Caballeros Blancos iba con la alarma puesta de encontrarme ante una propuesta que hemos visto varias veces, en la que se remueve conciencias de forma algo cómoda, pues, bien, qué equivocado estaba. Es cierto que esta película, ganadora en el Festival de San Sebastian a la Concha de Plata a Mejor Director, cuenta su relato de la forma más objetiva posible, pero lo hace desde una narrativa tan rotunda y directa, que hacía tiempo que una película de esta temática no me involucraba tanto con lo que te está contando.

Jacques Arnault (Vincent Lindon), presidente de la ONG Sud Secours, planea una operación de gran impacto: él y su equipo piensan sacar de Chad a 300 huérfanos víctimas de la guerra civil y entregarlos a franceses que han tramitado solicitudes de adopción. Fracoise Dubois (Valerie Donzelli), una periodita, es invitada a acompañarlos y hacer la cobertura para medios de la operación. Inmersos en la brutal realidad de un país en guerra, los miembros de la ONG empiezan a perder sus convicciones y tienen que afrontar los límites de la intervención humanitaria.

Los Caballeros Blancos podría decirse, que es la película que muestra el mundo de las ONG de la forma más determinante y rotunda posible. El director nos hace partícipes de la situación que viven sus protagonistas desde el primer minuto de proyección con una convicción y una solidez dignas de encomio que nos adentra con una facilidad pasmosa a través de unos personajes y situaciones que nos creemos de forma ciega. Los problemas que deben afrontar el grupo se viven como si estuvieras con ellos, y los dibuja desde una visión objetiva que, es cierto que puede llevar a pensar en comodidad a la hora de no posicionarse…pero lo hace de forma que los bandos que muestra la película, tanto el europeo como el africano, haga ver sus costuras. Tanto unos como otros se aprovechan de manera que el conflicto que trata, resulta muy complejo (¿quien se aprovecha de quién?) y perfectamente resuelto por la manera de abordarlo sin tomar posición alguna, para que así la crítica realizada sea mucho más efectiva ¿ lo consigue? Ya os digo yo que sí.

Todo con un ritmo rotundo y sólido como una roca donde es imposible despegarse de la historia, ya que no hay espacio para perder el tiempo: si no estamos en las rutas que deben hacer los protagonistas a la hora de buscar niños huérfanos, el director se encarga que en esos espacios supuestamente muertos (no lo son en absoluto) veamos la hostilidad, frustración y crispación del equipo que, con pequeños retales, sabemos de qué pie cojean. Durante su primera hora, aproximadamente, no hay ningún niño que veamos en pantalla, y aún así, sus creadores consiguen una tensión contenida que debe estallar de un momento a otro. En ese sentido, la bomba de relojería emocional que se consigue crear resulta tensa por que el espectador está expectante ante los que sus personajes pueden hacer (o no) ante las situaciones que se les plantea, y que os aseguro no son nada fáciles. Por ello, el cineasta, consigue, no solo entretenernos de principio a fin, sino conseguir remover nuestras mentes a base de un tono áspero y duro, donde pocas concesiones se puede permitir.

Todo ello con un montaje preciso, una fotografía que retrata los parajes y a los personajes como si de un documento se tratara, una banda sonora muy acertada (solo se permite entrar cuando la hostilidad hace presencia en el relato para que así el tono intenso del relato haga mella) y unas interpretaciones de todo su plantel maravilloso en la que no cabría destacar ninguno, aunque Vincent Lindon, sin duda, es el que debe llevar el mayor peso del relato con una convicción que hace creíble cada una de las acciones que comete su personaje. Así, Los Caballeros Blancos resulta una magnífica película, una de las mejores del año, con toda probabilidad, en la que se consigue mantener en vilo al espectador ante un tema de actualidad visto desde un prisma muy crítico. Desde luego, al salir de la sala, el debate estará abierto, pues consigue removerte de manera que hagas plantearte el arduo trabajo de una ONG…sin duda, no lo verás con los mismos ojos.

Nota Factoría del Cine: 8.

Manu Monteagudo

JFPCríticasCríticas,los caballeros blancos,ONG,VINCENT LINDON
El cine de temática social parece que ha cogido una especie de estancamiento en su tono y en sus formas que a día de hoy parecen sacadas del mismo patrón. Es cierto que muchas de ellas consiguen sus objetivos con creces (no lo voy a poner en duda), pero...