Edward Zwick es uno de esos directores que, aunque no terminen de encontrar su verdadero sitio a la hora de encandilar al espectador, siempre ha mantenido una corrección y una efectividad tras las cámaras fuera de toda duda. Solo hace falta hacer un repaso a su filmografía para corroborarlo, y aunque ha tenido sus mas y sus menos, siempre ha demostrado su valía y su acercamiento con el público. Cintas como Tiempos de Gloria (estupenda y emocionante,y que dejó un Oscar a Denzel Washington, además de regalarnos una maravillosa banda sonora de James Horner), Leyendas de Pasión (un culebrón entretenido, con una excelsa fotografía y, de nuevo, una monumental banda sonora de James Horner…otra vez), Estado de Sitio (un film entretenido…y poco más), El último samurái (estupenda, por decir notable) Diamante de Sangre (una cinta cumplidora), y Resistencia (quizá su film mas fallido, aunque cuenta con una fotografía y una banda sonora de James Newton Howard fantásticas), hacen ver un cierto estilo “épico” algo impostado en sus películas (no en todas…ahí esta la simpática Amor y otras drogas), que vuelve a repetir en El caso Fischer, un film harto eficaz que posee el sello de su director con todas sus consecuencias.

En 1972, en plena Guerra Fría, el campeonato mundial de ajedrez cobró proporciones mediáticas y tintes políticos sin precedentes. El enfrentamiento en Reikiavik entre el mítico jugador norteamericano Bobby Fischer (Tobey Maguire) y el campeón soviético Boris Spassky (Liev Schreiber) fue más allá de la pura competición, calificándose como la “Partida del Siglo”.

El Caso Fischer, como dije en el primer párrafo, posee el sello de su director desde el primer minuto hasta el último. Su corrección y efectividad a la hora de contar esta historia la hacen visible para que la mayor parte de los espectadores se sienta satisfecho durante su visionado, en la que su academicismo se hace notar durante toda su proyección. Es cierto que en su primera hora, cuando se centra mas en la vida de su protagonista Bobby Fischer, la película no termina de encontrar su sitio al recorrer varios lugares comunes que, aún resultando efectivos y distraídos en cierta manera, no termina de emocionar como debería. Resulta bastante distante en ciertos momentos, no solo por los matices, de lo mas previsibles, que hacen del personaje central (además de una interpretación de Tobey Maguire plagada de histerismos), sino por una narrativa que, al tener puesto el piloto automático, no termina de calar lo suficiente en el espectador.

Pero Zwick tiene guardado un as en la manga, y son las partidas de ajedrez. Aquí es donde el relato gana más enjundia, interés, gracias a cierto tono épico (propio del director) que el director imprime a todas estas batallas silenciosas e intelectuales que son su juego sobre el tablero. Cada vez que la cinta se centra en la disputa y competitividad de sus dos protagonistas, el film afortunadamente sube enteros gracias a un tempo en cada una de sus escenas que destilan tensión y emoción a partes iguales. Y, afortunadamente, a medida que avanza el film, el relato se va centrando más y más en la rivalidad de estos dos personajes, haciendo que nos metamos en sus cabezas y en la presión a la que se ven sometidos ambos sin quererlo ni beberlo para intereses similares para ellos mismos, pero totalmente distintos para la sociedad. Y es ahí donde El Caso Fischer se gana de calle a los espectadores, gracias a una puesta en escena de Zwick que, aquí sí, resulta inspirada, especialmente una media hora final excelente que consigue tener el público en vilo debido a lo emocionante que resulta cada partida a la que deben acudir.

Todo ello adornado con un equipo técnico de primera categoría, desde un montaje estupendo que consigue que no perdamos detalle de la narración en ni un solo instante (y sabiendo manejar el tempo de cada partida de ajedrez), pasando por una fotografía de Bradford Young, que aprovecha la época para darle un toque sepia que al film le viene de perlas para luego contrastarlo con los colores fríos, no solo de la Unión Soviética, sino del juego de mentes de su pareja protagonista, y una banda sonora de James Newton Howard muy adecuada y efectiva, que sabe darle el tono ciertamente épico que su director suele imprimir en sus películas (algo exagerado en este caso, pero aun así, queda estupendamente). Respecto al plantel interpretativo, debo mencionar a un SOBERBIO Liev Schrieber que mantiene una presencia impresionante en cada una de sus apariciones sin aspaviento alguno, todo lo contrario a su compañero Tobey Maguire que, aunque se lo pida al personaje, termina por resultar algo cansino y perjudicial para el dibujo del personaje (no termina de ganarse al espectador en ningún instante), aunque cuando se serena es cuando más convence.

El caso Fischer, es así, una cinta más que correcta que nos cuenta un caso verídico que sobre el papel podrá tener menos tensión que ver las obras de la calle, pero, gracias a su director Edward Zwick, consigue momentos impecables de gran cine, que solventan ciertos problemas de producción (el ir con el piloto automático puesto), algo propios de su director también, pero bastante mejor resueltos que en otras ocasiones. Ante un verano, que está resultando algo decepcionante, esta película puede ser una opción bastante recomendable que, sin ser perfecta, sí consigue sus objetivos con creces y con mucha elegancia.

Nota Factoría del Cine: 6,5.

Manu Monteagudo

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