El caso de Don Cheadle es de lo más extraño. Extraño porque doy por seguro que casi todos los espectadores saben quien es este actor con solo verle en una pantalla de cine, sin que la mayor parte del público, ponga nombre a su cara. Por una parte, es totalmente meritorio que todo el mundo te reconozca y que debido a la amalgama de papeles realizados, aún no haya alcanzado la fama por la versatilidad de sus interpretaciones, pero por otro, da algo de rabia ver que la carrera de Don Cheadle parece destinada a ser el (brillante) secundario de lujo sin tener casi la oportunidad de realizar un papel protagonista (salvo casos contados en películas independientes como Hotel Rwanda, por la que estuvo nominado al Oscar, no sin razón). Parece que, cansado de verse siempre como el secundario de lujo, ha puesto una mano sobre la mesa y ha decidido que si no hacía las cosas por sí mismo, no podría hacerlo, y ha dirigido su primera película, Miles Ahead, en la que da vida a la figura de Miles Davis, ni más ni menos. ¿El resultado? A continuación.

Miles Davis (Cheadle) desaparece repentinamente del ojo público durante cinco años a finales de la década de los 70. Solo, atrincherado en su casa, plagado por el dolor crónico producido por el deterioro de su cadera, con la voz mermada y entumecida por las drogas y los analgésicos, vive atormentado por los fantasmas de su pasado. Es entonces cuando un avispado reportero musical, Dave Braden (Ewan McGregor) allana la morada de Davis, y en el transcurso de un par de días, los dos hombres emprenden involuntariamente una aventura intensa, y en ocasiones angustiosa, para intentar recuperar una cinta sustraída que contenía la grabación de las últimas composiciones musicales del artista.

Miles Ahead” es un debut estupendo por parte de Don Cheadle. Lo que puede parecer el típico biopic sobre la figura del músico (que por momentos se centra en ello, no nos engañemos), lo que el director quiere contarnos es una pedazo de su vida, casi anecdótico, que da pie a una situación que da con el tono de “buddy movie” perfecto, sin renegar de crear una visión del personaje principal. El resultado es una mezcla de ingredientes, que, sorprendentemente, funcionan estupendamente por la energía y las ganas que Don Cheadle imprime en su puesta en escena, gracias a un montaje soberbio que, es sin duda, un pilar fundamental del film para que este no decaiga ni un solo instante (los flashbacks, aunque alguno se hace pesado, están bien integrados en la historia). Al igual que la soberbia Whiplash, el montaje maneja la película como si fuera una creación musical mas, y como tal, funciona estupendamente hasta llegar a un clímax final espléndido.

Pero además de la energía que imprime Cheadle tras las cámaras, un soberbio montaje, y una fotografía de lo más eficaz (contrastando con mucho grano cada evento del pasado), con lo que el espectador se queda es con la MARAVILLOSA interpretación de Don Cheadle. Él es la película, sin ir más lejos. El actor se entrega a cuerpo y alma a la hora de realizar semejante papel…un papel que de sencillo tiene bien poco. Antes la fuerte, compleja y bastante turbulenta personalidad de Davis, era fácil mantener una distancia con el personaje, pero precisamente lo que consigue Don Cheadle es completamente lo contrario, y gracias a la excelente química que comparte con un estupendo Ewan McGregor, se consigue ganar a la platea con una facilidad pasmosa. Su entrega en el cuerpo y sobre todo en la voz (impresionante la labor que hace aquí, sin duda), junto a lo bien que maneja un personaje de lo mas complejo, se salda con una de las mejores interpretaciones, por no decir la mejor, de su carrera.

La vitalidad y la energía con la que interpreta el personaje es el alma de la película en sí, que se trata de un pasatiempo estupendo, que, afortunadamente, se aleja del típico biopic, para contarnos una pequeña etapa de la figura que, real o no (algún momento es algo dudoso), resulta muy entretenida y, por qué no decirlo, muy simpática por el tono de buddy movie que se consigue durante su transcurso. Y, para tratarse de la ópera prima de su director, resulta bastante meritorio el resultado, que sirve además como un homenaje al músico que queda demostrado en unos títulos de crédito finales que son todo un canto de amor a Miles Davis. La entrega y la pasión por la que Don Cheadle se encargado de mostrar en pantalla, bien merece una recomendación.

Nota Factoría del Cine: 6,5.

Manu Monteagudo

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