Según su director y guionista Terence Davis “la novela de Lewis Grassic Gibbon está impregnada de una melancolía lírica y del lamento silencioso del misterio de la vida. En Sunset Song, Chris canta “Song of the Earth” a la humanidad, una rapsodia dedicada a todos nosotros trazando así el terno ciclo del nacimiento, el matrimonio y la muerte. Es una canción que explora los interminables misterios de la tierra, del hogar y del mayor misterio de todos, la familia. Pues la familia encierra los mayores miedos y alegrías.La canción es tuya y mía, así como de todo aquel que sienta y que haya sufrido o sido feliz. Es una canción que se escucha con serenidad y valentía frente a la muerte. Frente a la vida. ¿Cómo vencer al tiempo o someter a la naturaleza? Es imposible. Solo podemos seguir adelante. Al final de esta gran obra, el tiempo y la tierra perduran mas allá de la guerra, mas allá del sufrimiento humano e, incluso más allá de su propia existencia”. Unas palabras que bien podría describir de manera algo metafórica a Sunset Song, una película bien confeccionada y sólida, que, cierto es, no está exenta de algún que otro error.

Ambientada en una pequeña comunidad rural al norte de Esocia, Sunset Song sigue la historia de una familia de granjeros, los Guthrie. A través de los ojos de la hija mayor, Chris (Agyness Deyn), una joven soñadora y adelantada a su tiempo, seremos testigos del drama que azota a su familia, pero también de una extraordinaria historia de amor en una época de agitación y grandes cambios.

Sunset Song se diferencia, de forma bastante clara, en tres actos. El primero de todos, y el mejor para un servidor, nos cuenta la asfixia y el ahogo que sufre su protagonista debido a los problemas que tiene que lidiar su familia. Y en este tramo, Terence Davies consigue que estemos pegados al asiento debido a la determinación y la robustez con la que maneja el relato, sin ninguna necesidad de adornar o manuipular el relato de forma gratuita. La angustia que sufre la protagonista en todo este tramo queda perfectamente reflejada a través de silencios y miradas, con un tono bastante áspero y, por qué no
decirlo, duro, que consigue removernos por dentro sin necesidad de recurrir al melodrama fácil. Durante, aproximadamente, 45 minutos vivimos la dura etapa de su protagonista de manera que el ritmo fluye solo y de forma orgánica sin que exista ningún tipo de altibajo, y con una narrativa solida donde todo sus elementos encajan con el tono áspero del relato.

En el segundo acto, la cinta da un giro en los acontecimientos e, irremisiblemente, termina por decaer el ritmo interno del relato, algo lógico cuando el drama más duro se vive en ese primer acto. Durante todo el segundo acto vemos las andanzas amorosas de su protagonista con el mismo fluir de entonces, pero desgraciadamente carece del interés necesario. Desde luego, mantiene intacto el tono, pero durante un buen tramo de película la historia carece de conflicto o urgencia,. quedándose estancada en una historia de amor, que, aunque funcione gracias a la puesta en escena de Davies (que hace natural y creíble el romance que vive su protagonista), no termina de arrancar o de conmover de la misma manera. De ahí que la bajada de ritmo sea tan pronunciada, pues, salvo dar credibilidad a su historia de amor (que, desde luego, se consigue), poco más tienen que contar.

Y llega el tercer acto para dar un último impulso al film, y aunque se consigue, resulta algo tarde ante una duración de 135 minutos que se antojan algo excesivos para lo que tiene que contar. Es cierto que tampoco sabría decir si descartaría alguna que otra escena, pues lo que consiguen es aportar más credibilidad y naturalidad a las escenas sin que las acciones sean del todo forzadas, aunque en este último tramo hay algún que otro segmento que no termina de encajar del todo bien (el regreso del marido…su cambio de actitud, aunque se explique, no termina de ser creíble), además de alguna que otra decisión narrativa de lo más dudosa dentro de la tonalidad del film (el innecesario flashback, sin ir más lejos). Aun así, el tono y la forma en la que Davis cuenta la historia sigue intacta, manteniendo sus principios por los que se ha ido moviendo.

Por lo demás, cabe destacar una magnífica fotografía de Michel McDonough que sabe sacar provecho del paisaje como un personaje más, y David lo aprovecha para que sea un integrante más en la historia (al fin y al cabo…la tierra es lo único que perdura), unas maravillosas interpretaciones de todo su plantel, pues todos están en su respectivo sitio, y son ellos los que van adoptando el tono por el que se irá moviendo la historia a través de sus miradas y silencios (lo dicho, no podría destacar a ninguno porque todos están fantásticos). Así, Sunset Song es una película de época bastante bien dirigida y muy consecuente con su narrativa, tanto, que a veces se sacrifica a la hora de mantener un ritmo sólido, pero en su totalidad, se consigue un relato bien contado, bien dirigido, con mucha clase y elegancia debido a su aspereza nada gratuita, cargado de unas buenas interpretaciones y una estupenda fotografía. Una opción para nada descartable.

Nota Factoría del Cine: 6

Manu Monteagudo

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Según su director y guionista Terence Davis 'la novela de Lewis Grassic Gibbon está impregnada de una melancolía lírica y del lamento silencioso del misterio de la vida. En Sunset Song, Chris canta 'Song of the Earth' a la humanidad, una rapsodia dedicada a todos nosotros trazando así el...