Han pasado ya 14 años desde que la primera Ice Age llegó a nuestras pantallas. Aún recuerdo con simpatía la primera vez que me acerqué al cine a ver las aventuras de este grupo de animales prehistóricos que sabían sacar unas cuantas sonrisas al espectador, sin ninguna otra pretensión que la de entretener y hacer pasar un rato divertido al espectador.El público respondió maravillosamente (fue un éxito rotundo y no muy esperado la verdad), y a partir de aquí fue cuando se empezó a explotar la gallina de los huevos de oro.Si bien es cierto que las secuelas me han hecho pasar un rato de lo mas distraído en el cine (especialmente la tercera entrega en el mundo de los dinosaurios) y que el público seguía acudiendo a las salas, también es cierto que la fórmula cada vez se iba haciendo más perezosa…y que lleguemos a una quinta entrega solo responde a las necesidades de la taquilla, pues tanta necesidad no había para una quinta parte, a pesar de que sigue manteniendo intacto el tono por el que han ido sucediendo las películas…o sea, intrascendencia y diversión, ni más ni menos.

La persecución épica de Scrat para conseguir su escurridiza bellota le llevará a un universo donde accidentalmente activa una serie de eventos cósmicos que transforman y amenazan al Mundo Ice Age. Para salvarse, Sid, Manny, Diego, y el resto de la manada tendrán que abandonar su hogar y embarcarse en una misión llena de diversión y aventuras viajando por tierras exóticas y conociendo a un montón de nuevos y coloridos personajes.

Ice Age: El Gran Cataclismo no te engaña. Si uno se adentra a ver una nueva aventura de Ice Age, desde luego, sabe lo que se va a encontrar, y aquí ocurre exactamente eso. Quien quiera ver una película más seria en esta producción al poseer una premisa como la aquí presente como la del gran cataclismo, está muy equivocado, pues sigue las mismas pautas que sus precedentes: intrascendencia, diversión y entretenimiento. Y lo cierto es que esas tres bases se ven tan claras en todo momento que poco más podría achacarle a esta producción. Sigue fiel a la serie que han ido produciendo, sin salirse ni una coma de la tangente, lo cual, resulta lo mismo de siempre, sin ser ni mejor ni peor. Como punto positivo, su desparpajo a la hora de hacer reír y algún que otro guiño muy acertado donde los adultos reirán en varios instantes y como punto negativo…el manejar un relato que sigue tirando de manual en su relación de personajes.

Es cierto que en esta ocasión van tirando más hacia el absurdo (toda la trama de Scratch sin ir más lejos. Esta vez sus andanzas son en el espacio, así que ya pueden hacerse una idea), con algún que otro momento desconcertante (ese mundo hippie) que funcionan por abrazar abiertamente la locura, pero no terminan de encontrar su sitio. A pesar de todo, la animación ha mejorado desde la primera Edad de Hielo (faltaría más), el ritmo sigue manteniendo el tono de road movie de sus precedentes, y la banda sonora (a cargo de John Debney) acompaña eficazmente a la producción (aunque maldita manía de incluir canciones de moda que, para el aquí presente, no hacen ni gracia y provocan la sensación de vergüenza ajena).

Poco más puedo añadir a las andanzas de estos personajes que nos han acompañado durante todo estos años, salvo que la fórmula sigue funcionando al repetir los mismos esquemas. El público asistirá a las salas porque ya conocen a sus personajes y el tono por el que irá desarrollándose el film, jugando sobreseguro con unos personajes y unas historias que ya tenemos demasiado vistos y que ya mostraban signos de cansancio en su segunda entrega…pero el espectador medio es el que manda, y tampoco podemos pedir mucho más a una producción que, es innegable, sabe hacer pasar un rato distraído, intrascendente y divertido tanto a pequeños como a adultos. Y ahí está el secreto de su éxito…si ha funcionado una vez ¿por qué no repetirla cinco veces más? Y esperen a una sexta si los números de taquilla acompañan….

Nota Factoría del Cine: 6

Manu Monteagudo

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Han pasado ya 14 años desde que la primera Ice Age llegó a nuestras pantallas. Aún recuerdo con simpatía la primera vez que me acerqué al cine a ver las aventuras de este grupo de animales prehistóricos que sabían sacar unas cuantas sonrisas al espectador, sin ninguna otra pretensión...