Jean Marc Valle es uno de esos cineastas al que siempre hay que echar un ojo. Sus propuestas (casi todas ellas independientes) ofrecen un viaje emocional con un particular estilo que permite adentrarse en la psique de sus protagonistas y cómo van cambiando a lo largo del trayecto con la credibilidad y profundidad necesarias. Lamentablemente no he visto toda su filmografía (que se inicia en 1995), pero siempre hay un hilo común en la propuestas que he visionado de este director (las notables C.R.A.Z.Y., Dallas Buyers Club y Alma Salvaje, ésta última ofreciendo la mejor interpretación de su protagonista Reese Whitpersoon), y en todas ellas siempre ha funcionado con las pretensiones que plantea. Ahora, con Demolición, su última película, vuelve a reincidir en el viaje emocional de su protagonista, que sufre un cambio drástico (y dramático) en su vida, en la cual comprenderemos sus motivaciones y sus estados con el particular estilo que su cineasta siempre imprime a sus obras.

Un exitoso ejecutivo que lucha por entender su desconexión emocional, tras la repentina y trágica muerte de su mujer, en accidente de coche. A pesar de la presión de su suegro para recuperarse, Davis continúa desconcertado y lo refleja desmontando compulsivamente objetos de su alrededor, cada vez más llamativos. Lo que comienza como una carta de queja a una compañía de máquinas de golosinas, se convierte en una serie de cartas que revelan impactantes reacciones personales a la compleja situación que está viviendo. Las cartas de Davis atrapan la atención de la representante de servicio al cliente Karen (Naomi Watts). En medio de sus propias cargas emocionales y financieras, los dos extraños forman una rara conexión. Con la ayuda de Karen y su hijo, Davis comenzará un proceso de reconstrucción, empezando con la demolición de la vida que alguna vez conoció.

Demolicion comparte forma y fondo con las producciones de su director Jean Marc Valle, y eso sería un inconveniente si perjudicara gravemente al interés del film, al plantear un mismo esquema, un mismo estilo y un mismo tema (desde luego, todo se parecen entre si). Pero, afortunadamente, consigue mantener el interés del espectador, ya que, como en todas sus producciones previas, lo importante es el viaje del protagonista y los seres que lo rodean además de sus particularidades, y en ese sentido, la cinta consigue anclarte en la butaca con bastante facilidad. La forma de abordar semejante premisa ya es suficiente como para mantenerte interesado (y más, cuando el drama aparece en el primer minuto de proyección), pero la cantidad de situaciones que aborda y la manera en la que lo hace su director, es la que consigue que sigamos con buen pie las andanzas de su protagonistas, que sufre un bloqueo emocional del que no sabe salir.

Y, desde luego, su mayor baza, además de un montaje (como viene siendo habitual en la carrera de este hombre) magistral que intercala escenas a ritmo casi de vértigo, es un plantel interpretativo de primera categoría que ayudan a levantar la energía que el film pide a gritos: Jake Gyllenhal ha demostrado sobradamente que es uno de los actores mas versátiles de su generación (por no decir uno de los mejores), y aquí vuelve a crear un personaje lleno de contraluces que maneja estupendamente, y del que sale muy airoso de ardua tarea (se ve y se entiende el cambio por el que va pasando su personaje, aunque a veces resulte demasiado pretencioso…pero no es por culpa del actor), y pocos lo podrían haber interpretado mejor; Naomi Watts está, como siempre, excelente, aunque su personaje a veces quede un tanto desdibujado por culpa de un libreto que da importancia a su personaje a su antojo (por momentos, se olvidan de el y de su peso dramático); Chris Cooper está magnífico, sin mas, y con pocas escenas consigue conmover; y la revelación de la película, Judah Lewis que consigue ganarse a la platea con una facilidad pasmosa, y cuando comparte pantalla con Gyllenhall la química es tremenda y el film sube como la espuma.

Es cierto, que tratándose Demolición de un filme independiente de superación, tira por terrenos ya algo conocidos y por momentos puede resultar algo deslavazada en el viaje emocional de su protagonista (los personajes cobran importancia según capricho del guión sin tener un orden demasiado claro), por no decir que puede resultar algo pretenciosa, pero, sin duda, creo que cumple bien sus objetivos. Consigue, además de entretenernos, mantener la sensación de que su protagonista está completamente perdido, y en el que va descubriendo los pequeños placeres y detalles que la vida le va obsequiando, y gracias a ese variopinto grupo de personajes que van apareciendo a lo largo y ancho de la cinta, el interés no termina por decaer, además de que resulta muy clara en su propuesta y ejecución. Como viene siendo habitual en el cine de Jean Marc Valle, una cinta en la que no importa perderse entre las andanzas de su personaje, y que en esta ocasión, sigue demostrando lo bien que se le da este tipo de relatos al director.

Nota Factoría del Cine: 6,5

Manu Monteagudo

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