El cine español está despuntando bastante bien, a mi parecer. Digo esto, porque está callando a las voces que repiten una y otra vez la misma frase de que el “cine español” trata siempre de los mismos temas, y ha demostrado una y otra vez, que no es así (es mas, este año, la variedad de títulos que hay es bastante, por no decir, muy destacable). Cierto es que no contará con unos medios espectaculares, pero sus propuestas valen su peso en oro, y sus resultados son más que aceptables, especialmente estos últimos años. La nueva película de Manuela Burló Moreno, Rumbos, es un ejemplo bastante apropiado, que, aunque no sea una cinta de fácil digestión (al fin y al cabo, el espectador siempre debe estar preparado ante un drama), toma como referente otro tipo de películas que han funcionado en mayor medida como Crash o Magnolia (aunque se acerca mas a la primera), el de historias entrecruzadas, con resultados más que aceptables, por no decir estupendos.

Una gran ciudad. Una calurosa noche de verano. Varias historias de amor que se entrecruzan a través de 6 vehículos: dos coches, una ambulancia, un taxi, un autobús y un tráiler. En cada vehículo los personajes trasladan su pesado equipaje vital: dos adolescentes en un descapotable buscando aventuras fuertes, un taxista herido por una traición, un camionero enamorado por primera vez de una mujer con un triste pasado, un amante curtido en mil batallas, un enfermero que no sabe olvidar, una mujer abandonada sin razones y una esposa cansada de esperar.RUMBOS es una inmersión, a tiempo real y en clave de tragicomedia, en la vida de unos personajes cuyos sueños truncados, frustraciones, anhelos y deseos, irán desmenuzándose ante la visión del espectador hasta llegar a comprender que sus caminos están unidos inexorablemente.

Rumbos basa su premisa en estas seis historias dentro de su respectivo vehículo (lo cual no quiere decir que estén en continuo movimiento) y como tal, resulta muy efectiva. Las imágenes que Manuela Burló Moreno muestras de las carreteras (en Barcelona) nos simbolizan unas vías entrecruzadas en la que todos somos partícipes del mismo juego que es la vida, y en la que las emociones salen a relucir con un tono crepuscular bastante acertado del que no se aparta en ningún instante. Con esto quiero decir, que el libreto presenta las historias de forma estupenda de forma que el espectador esté expectante a la manera en que su guionista (en este caso, la misma directora) desarrolle las historias, y en este caso, afortunadamente, se hace bien. Puede que alguna historia se note algo forzada, pero la manera de presentarlos y de desarrollarlos con el tono preciso, hace que el film siempre mantenga especial interés gracias a unos personajes con los que es fácil simpatizar, tomando como punto de referencia “el paso hacia delante” que deben tomar sus protagonistas…y que mejor que la carretera para evidenciarlo.

Y, sin duda, uno de los pilares más efectivos de la misma es un reparto estupendo, donde todos están en su sitio, dibujando a sus personajes a la perfección (unos más que otros): puede que muchos vean a Carmen Machi como un error de casting ante el personaje que tiene entre manos, pero pienso que la actriz está espléndida en su rol, protagonizando una de las escenas más intensas de la película (y que a más de uno le pondrá la carne de gallina…preparen los kleenex); Ernesto Alterio sabe matizar a su personaje con pequeños detalles que no se desvelan pero que por su actitud el espectador intuye, y está estupendo (aunque pudo sacarse mas provecho de su historia); Pilar López de Ayala, que llevaba bastante desaparecida en el cine estos últimos años, está excelente, y ella se encarga de abrir la película con una escena que mete al espectador en la película de calle (su escena en el taxi no tiene precio); Miki Esparbé está correcto en su papel, y también se encarga de abrir el film (eso sí, su personaje lo dibujan de forma algo despreciable…demasiado diría yo); Nora Navas, que solo posee una escena, está formidable, como siempre, sin que apenas medie palabra, siendo su rostro la que explique todo (impecable su partenaire); Emilio Palacios dibuja bien a su personaje (aunque a veces cueste entenderle debido a su verborrea), aunque su historia sea la más desaprovechada de todas (en mi opinión, claro); un MARAVILLOSO Karra Elejalde, que desmuestra lo versatil que es tanto en la comedia, como en el drama, como es este caso (la manera de mantener la intensidad de su interpretación es digna de aplauso en su escena, que no voy a desvelar); y un SOBERBIO Fernando Albizu, que se gana a la platea en cuestión de segundos (desprende ternura y encanto a raudales).

Lástima que su precipitado final fuerce las situaciones de manera que todas las historias desembocan de manera forzada y bastante artificial, recalcando demasiado lo importante que es la situación que se tercia, quitando parte de la contención dramática y el desparpajo con el que las historias se entrelazaban, y que aquí con tal de unirlas todas, se torna precipitado y forzado sin que llegue a impactar tanto como sus creadores pretenden que lo sea (sobre todo en el empleo de la música, demasiado grandilocuente, y perdiendo todo tipo de efecto dramático). Pero por el resto, ningún tipo de queja, pues, técnicamente, el film cumple con nota, desde un montaje estupendo, que sabe mantener el ritmo de forma solida y sin apenas altibajos (aunque es lógico que alguna historia interese mas que otra), pasando por una fotografía espléndida de Unax Mendía con una Barcelona más nocturna que nunca (y de la que saca provecho al máximo…véase la persecución automovilística) y una banda sonora de Mikel Salas que, pese a lo excesivo de su final, resulta muy efectiva y muy adecuada para dar con el tono preciso gracias a su contención (me recordó a la partitura de Mark Isham para Crash…y eso es MUY buena señal).

Rumbos es, pues, una propuesta más que recomendable para acercarse a los cines y descubrir varias historias de distintos personajes que están en un momento decisivo de sus vidas para dar un paso hacia delante. Desde luego, es una propuesta muy consecuente con sus objetivos y pretensiones, y en ningún momento se aleja de lo que quiere ser, manejando un relato con precisión y efectividad gracias a una descripción de personajes con los que es muy fácil simpatizar, también debido a unas interpretaciones en estado de gracia. Podría tratarse del “Crash” español, pues comparten una propuesta similar (vidas cruzadas) y un tono muy parecido, pero Rumbos sabe mantenerse firme como para que sea solo una burda copia (no lo es para nada). Salvo un final que chirría un poco, Rumbos resulta una propuesta hacia delante en nuestra industria, que, aunque no sea perfecta, sí que resulta muy gratificante y optimista para con nuestro cine.

Nota Factoría del Cine: 6.

Manu Monteagudo

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