El mundo del cine (de los estudios mas bien) siempre ha encontrado un filón a la hora de retratar casos verídicos inspirados en el mundo del deporte. La cantidad de títulos que han abordado este género es incontable y, desde luego, casi todas ellas están marcadas por un patrón muy similar en el que el tema de autosuperación personal es el tema a tratar. Eddie el Águila no se aleja no se aleja en absoluto del canon por el que suelen ir encaminadas este tipo de películas, pero si que supone un soplo de aire fresco al centrar su deporte en el salto de esquí…una modalidad que en el cine se ha visto, prácticamente, poco o nada. Más curiosidad apunta el hecho de que el film, por los avances que han ido mostrando, se trataba de una comedia ligera que, parecía no tomarse demasiado en serio, y con producción de Matthew Vaughn (un director al que siempre hay que seguir la pista), y, una vez visionada, la cinta es precisamente lo que el espectador podía esperar…una producción de lo más simpática y honesta, que consigue distraer al espectador con mucha facilidad.

Inspirada en hechos reales, Eddie el Águila es una historia emotiva sobre Michael “Eddie” Edwards (Taron Egerton) un peculiar y valiente saltador de esquí británico que nunca dejó de creer en sí mismo – incluso cuando una nación entera le excluía. Con la ayuda de un entrenador rebelde y carismático (interpretado por Hugh Jackman), Eddie consigue ganarse el corazón de todos los fan del deporte de todo el mundo consiguiendo competir en los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary 1988.

Eddie El Aquila no engaña lo mas mínimo…se trata de la misma historia de siempre, pero la ventaja de la que parte es la simpatía y la falta de pretensiones con la que abordan la totalidad de la película. Todos en la producción son tan conscientes del producto que tienen entre manos, que saben lo poco sorprendente que puede resultar , y lo compensan con buenas dosis de ligereza, risas y mucho, mucho encanto. Es cierto que parten de la ventaja de que nunca (o casi nunca, pues desconozco otra producción que hable sobre el tema) se ha tratado la modalidad de salto de esquí en el cine,y como tal resulta muy curiosa, pero, repito, es en su falta total de pretensiones donde la película se mete al público en el bolsillo, manteniendo un ritmo intacto que funciona con la precisión de un reloj suizo, y una entrañable manera de abordar al personaje principal.

Y es aquí donde entra especialmente la labor de Taron Egerton, pues si en los primeros compases de la película nos presentan al protagonista con una interpretación que puede resultar un poco cargante (y por que no decirlo, algo sobreactuada), resulta necesario para que así podamos entender lo incomprendido que se siente en el mundo, y la manera en la que se encara al resto de los mortales (incluido su padre), ya que una vez Eddie consigue su primer objetivo…el espectador se pone de su parte de manera ciega gracias a una interpretación del joven actor, realmente encomiable, y mucho mas controlada y enternecedora. Los tic que aparecían en un principio ya han sido presentados, y el control de éstos una vez el film se desarrolla el film están perfectamente justificados por todo lo que tiene que enfrentar el personaje…y en ese sentido, la sensación de cambio del personaje lo vemos en un Taron Egerton que lo da todo por el bien de la película, y sin duda, si no fuera por su interpretación, la emotividad se habría ido por agua de borrajas.

En sus aventuras le acompaña un Hugh Jackman comedido que se lo pasa estupendamente, y que interpreta a su personaje con los ojos cerrados, además de las fugaces apariciones de Jim Broadbent y Christopher Walken (que está bien los dos pero del que salen muy pero que muy poco). Del resto, destacar una estética ochentera que a la cinta le viene de perlas, donde destaca una banda sonora que aprovecha la época para crear el tono perfecto (lleno de sintetizadores) del film, y unos efectos visuales mas que solventes que, en las escenas de los respectivos saltos de esquí, se ven bastante espectaculares, y en algunos casos imponentes.

Por supuesto, el film está plagado de todos los tópicos que os podáis imaginar (incluido su humor, por momentos bastante tonto), pero se compensa por la dosis de encanto, ternura y ligereza que sus creadores ponen en todo momento al proyecto, siendo muy conscientes del producto que tienen entre manos. Al menos se han preocupado de que el espectador salga con media sonrisa de la cara, además de dar a conocer un caso bastante peculiar, en un deporte bastante peculiar, y con un personaje de lo más genuino. ¿Qué pudo ser mejor? Sin duda, pero el film no juega en esa liga, y solo pretende que nos lo pasemos bien y que conectemos con los personajes…y el objetivo en este caso, está mas que cumplido.

Nota Factoría del Cine: 5,5

Manu Monteagudo

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