Los videojuegos siempre han sido una vía económica para que los estudios de Hollywood realicen su respectiva adaptación, una forma de generar dinero que, en la mayor parte de las casos, desgraciadamente, se ha visto compensando con un varapalo artístico bastante considerable. Son pocas las ocasiones en las que una de estas producciones se ha visto saldada con un buen reconocimiento crítico y artístico y, la verdad, aún escapa a mi incomprensión el hecho de que sigan exprimiendo la gallina de los huevos de oro (la única que recuerdo que era mas potable de lo habitual fue la adaptación que se hizo de Silent Hill…y más por su estética que por su guión, desde luego). Ahora le toca el turno a Angry Birds, un videojuego (sobre todo en su aplicación al móvil) que fue un total éxito de ventas, y que llega a nuestras pantallas en formato animado, destinado a un público infantil…el resultado…sin sorpresas, lo cual ya os podéis hacer una idea.

En la comedia de animación en 3D “Angry Birds La Película”, descubriremos por fin por qué están tan enfadados los pájaros. La película nos lleva a una isla poblada enteramente por aves felices que no vuelan… o casi enteramente. En este paraíso, Red (voz de Santiago Segura), un pájaro con problemas de mal genio, el veloz Chuck (voz de Jose Mota) y el volátil Bomb nunca han terminado de encajar. Pero, cuando la isla recibe la visita de unos misteriosos cerdos verdes, tendrán que ser estos insólitos marginados los que descubran qué traman esos cerdos.

Me resulta extraño catalogar una cinta como Angry Birds, pues pese a su propuesta infantil, la cinta también intenta contentar (o intentar entretener…o hacer reír) al público adulto, con una mezcla, que en este caso, ha salido bastante bizarra. El histrionismo con el que está contado el relato, descoloca con la estructura clásica de toda cinta infantil, haciendo que la misma tenga un tono atrofiado que, desde luego, no la beneficia, pues no termina de posicionarse, resultando un “quiero y no puedo” en toda regla. Y pretende solucionar esto a base de excesos, en todas y cada una de sus vertientes, tanto en su parte cómica como en la parte en la que la acción predomina en el relato (y que desde luego, es la mejor, cuando por fin hace honor al videojuego en el que se basa). Y ese exceso, lo que consigue, además de tener un ritmo frenético , que al menos mantiene distraído al espectador, es que nunca terminemos de entrar en el relato…pretende ofrecer tantos gags que la mayor parte de ellos resultan forzados.

Desde luego, su presentación de personajes resulta correcta, pero a partir de que entran el grupo de cerdos verdes (…sin comentarios) la película deambula en un tono que, si ya de por sí resultaba histriónico, lo eleva hasta un nivel, que, lo que antes podía resultar simpático, termina por resultar cargante. Precisamente cuando mejor funciona la película es cuanto más se acerca al videojuego en el que se basa, y su clímax final, al menos compensa ciertos defectos con un espectáculo visual que harías las delicias de Michael Bay con tanta explosión de por medio y tanto derrumbamiento. Lo que quiero decir es que su sentido del humor no queda del todo bien definido, e intenta contentar a todo tipo de público sin que exista un equilibrio bien armado, desequilibrando la balanza hacia un relato histriónico, loco y, por qué no decirlo, tonto que no termina de encontrar su sitio.

Todo acompañado de la selección de canciones de turno que están de moda este año (pero que se olvidarán de aquí a un par de temporadas) y una partitura de Heitor Pereira que acompaña la función como buenamente puede. Al menos, es cierto que su animación sí resulta muy eficaz, especialmente en unos fondos estupendos (el escenario del reino de los cerdos es un ejemplo). Así, pues, poco más que decir de una película que, seguramente, guste a los más pequeños de la casa por el tono histriónico (no sé cuantos son los instantes en que los personajes gritan porque sí…el nivel de nervios llega incluso más allá que la del protagonista) y excesivamente loco, pero a los adultos, que lo más seguro es que se entretengan, la olviden ipsofacto al no ofrecer nada nuevo bajo el sol, y por recurrir a un relato que resulta ya caduco por su manera de afrontar el humor. Y aunque a ratos funcionen (es innegable que algún chiste funciona), el nivel de histrionismo del que hace gala Angry Birds termina agotando la paciencia del espectador.

Nota Factoría del Cine: 5

Manu Monteagudo

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