Hay veces en que la experiencia de una película depende muchísimo (bueno, no es que dependa, es que prácticamente, es primordial), de tu estado de ánimo o en las condiciones en las que uno la visiona. Muchas veces el cansancio o el agotamiento no hace que disfrutemos de la misma manera una película que si estamos totalmente activos (aunque hay cintas que consiguen lo contrario), pero también hay otros factores externos que te impiden disfrutar del visionado: los espectadores. En una semana he tenido dos experiencias muy parecida en la que un espectador ha impedido que disfrute plenamente del espectáculo, una (durante El libro de la selva) porque, básicamente, el espectador (o choni de turno, por que vaya personaje) no paraba de comentar TODA la película, sin pensar en el resto de los mortales que estábamos allí, lo cual me sacaba continuamente de la misma; y la segunda, y más comprensible (aunque es para hacérselo mirar), durante el visionado de El otro lado de la puerta, que aquí comentaremos, donde la persona sentada a mi lado sufría de una respiración tan aguda que hasta mis compañeros me preguntaban si el hombre necesitaba un médico (parecía un búfalo). Por eso, y más en un film de terror, que una circunstancia externa te saque continuamente de la película no ayuda a valorar su criterio, donde rompe la atmósfera creada, aunque intentaré ceñirme como sea posible sin tener en cuenta este factor.

Una familia lleva una vida idílica en el extranjero hasta que un trágico accidente se lleva la vida de su hijo pequeño. La inconsolable madre descubre un antiguo ritual que puede traer a su hijo de vuelta para decirle un último adiós. Viaja a un antiguo templo, en el que hay una puerta misteriosa, que sirve de puente entre dos mundos. Sin embargo, cuando desobedece una norma sagrada por la que nunca se debe abrir la puerta, altera el equilibrio entre la vida y la muerte.

Seamos sinceros, El Otro Lado de la Puerta no cuenta nada nuevo bajo el sol (es más, podríamos decir que parece una versión actualizada de Cementerio Viviente), pero, afortunadamente, no lo hace del todo mal. Su director consigue crear una atmósfera bastante opresiva, en la que apenas salimos de sus escenarios, y eso que el film está ambientado en una ciudad tan exótica y tan propicia para mostrar sus parajes como Bombay, pero el film prefiere centrarse en la intimidad de su familia (aunque hubiera agradecido mas tiempo en el templo, un espacio donde parece que estemos ante otro universo). La forma clásica de narrar los acontecimientos, no sorprende, pero tampoco chirría, y aunque camine sobre un terreno ya conocido, no lo hace mal debido a, lo que os comentaba antes, una atmósfera pesadillesca bastante conseguida, como si la protagonista deambulara por un purgatorio en su propio hogar.

Pero la cinta, además de tener el problema de la previsibilidad (desde luego, el espectador se adelanta a los acontecimientos…por adelantarse se adelanta hasta en sus sobresaltos), resulta bastante sosa. Da la sensación de que sus creadores no aprovechan del todo su premisa, ofreciendo semillas de la que apenas crecen ramas (en este caso, situaciones para aprovechar). Y el film, desde luego, tiene detalles bastante perturbadores donde parece que puede encontrar su lugar y desarrollarlo…pero no lo hace. Ese caso se repite decenas de veces y es una pena, ya que con una premisa y atmósfera semejante, se pudo conseguir un film de terror bastante efectivo y, por qué no decirlo, intenso. Y lo que finalmente consigue es una sensación de hastío al comprobar la lentitud con la que hace avanzar sus acontecimientos, pareciendo incluso mucho mas larga de lo que es, y repitiendo sus sobresaltos y sus escenas de suspense con una falta de garra bastante notable (salvo un par de ocasiones).

Afortunadamente, cuenta con un trabajo de fotografía que resulta, sin duda, lo mejor de la función, y el que sabe aprovechar los recovecos del hogar de la familia, y los exteriores que lo pueblan (repito, el templo parece ubicarse en un universo paralelo) y, desde luego, su actriz principal Sarah Wayne Callies (a la que vimos en The Walking Dead) lleva el relato sobre sus hombros con determinación y buen hacer en una más que correcta interpretación, por lo que podríamos decir que El otro lado de la puerta se salva de las puerta del infierno por poco, ya que al menos, tiene el detalle de no insultar la inteligencia del espectador, por mucho que en determinados momentos quiera parecerlo arrastrándose hacia los tópicos mas evidentes, cuando no le hacía falta…también, como comenté en mi primer párrafo, hizo mucho las condiciones en las que visioné el film, por lo que mi valoración del film podría cambiar en un futuro con un segundo visionado…aunque tampoco es que me sintiera muy motivado por volver a verla, siendo sinceros.

Nota Factoría del Cine: 5

Manu Monteagudo

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