El Olivo es el octavo largometraje dirigido por Iciair Bollaín, que, por si no lo sabíais, se trata de una de las directoras más reputadas de nuestro país, la cual alcanzó la cima de su (merecido) éxito con la imprescindible Te Doy Mis Ojos, aquel film protagonizado por Luis Tosar y una excelsa Laia Marull (¿que ha sido de la carrera de esta maravillosa actriz que no se prodiga tanto como debería?) que hablaba sobre el tema del maltrato con un desgarro que sobrecogía al que ni pintado y que obtuvo ni más ni menos que 7 Goyas (entre ellos a Mejor Películas, Directora y Actores…ambos). Su último film, El olivo (cuyo título puede llegar a despertar dudas entre algunos espectadores pero que no puede ser más adecuado), es un acercamiento de Bollaín a terrenos algo más ligeros y más amables, siempre con un contexto dramático bien definido como la aquí presente, resultando así un relato correcto que gustará a todo tipo de espectadores.

Alma (Anna Castillo) tiene 20 años y trabaja en una granja de pollos en un pueblo del interior de Castellón. Su abuelo, que para extraña sorpresa de su familia dejó de hablar hace años, es la persona que más le importa en este mundo. Ahora que ha decidido dejar de comer también, Alma se obsesiona con que lo único que puede hacer “volver” a su abuelo a su estado natural es recuperar el olivo milenario que la familia vendió contra su voluntad hace 12 años.Sin decir la verdad, sin un plan, y sin apenas dinero, Alma embarca a su tío “Alcachofa” (Javier Gutiérrez), de 45 años, arruinado por la crisis, a su compañero de trabajo Rafa (Pep Ambrós), de 30, a sus amigas Wiki y Adelle y a todo su pueblo, en una empresa imposible: recuperar el monumental olivo, replantado en algún lugar de Europa, y traerlo de vuelta a la masía familiar.

Hay un instante en El Olivo que uno de los personajes le pregunta a nuestra protagonista “Y, ¿cómo lo vas a hacer?” respecto al viaje que pretende realizar, a lo que ella responde “Echándole morro…es lo que hacemos en este país, ¿no?”. Precisamente de nuestro país es de lo que quiere hablar la nueva película de Icíar Bollaín, que encuentra representación en los tres personajes que la pueblan y que lo perfilan de distinta manera, y de la forma más humilde posible. No pretende ir con segundas intenciones, la película sabe lo que es perfectamente, pero me sorprendió bastante encontrar las similitudes, algunas bastante sutiles, de lo que representa la marca España.

Y aquí es donde la película juega en un terreno muy peligroso, pues lo que parece un relato dramático y bien concebido para atrar al mayor número de espectadores (lo consigue, desde luego), hay instantes donde no sabemos si su directora está satirizando su relato hasta un punto que su cuento de hadas, resulte tan cargado de moralina, que resulta hasta crítico consigo mismo. En resumidas cuentas, no sé hasta cierto punto si Icíar Bollaín está elogiando nuestro país, o todo lo contrario. Y es ahí donde juega con un equilibrio un tanto peligroso al caer por momentos en una moralina demasiado evidente y subrayada que puede conseguir cierta confusión sobre su discurso social, sobre todo en el retrato del personaje de “Alcachofa” (su “venganza” respecto a uno de sus morosos, parece querer retratar cierto catetismo). Afortunadamente, sabe resolverlo bien, gracias a un final que nos habla de nuestro futuro, de aprender de nuestros errores y de cómo solventarlos.

Porque lo que respecta al tema paterno filial, El Olivo funciona estupendamente, ya que resulta emotiva y muy sincera. La relación entre abuelo y nieta resulta muy cercana y creíble, y cuando el film se centra en la profunda relación familiar entre estos dos, el film da en el clavo, gracias a unos flashbacks que consiguen integrarse bien en el relato y que resultan muy emotivos y necesarios para entender la relación entre estos dos personajes, cuyo imagen del olivo representa la comunión de ambos.

Ahí entra en juego la interpretación de sus actores y, desde luego, podemos decir que no decepciona en absoluto, siendo su protagonista Anna Castillo la mayor y mejor sorpresa del film, pues ante un personaje para nada fácil, consigue mantener a su personaje de principio a fin con una versatilidad y rotundidad dignas de todo elogio, no me extrañaría nada verla recoger algún que otro galardón por esta interpretación en un futuro. También merecería destacarse la interpretación de un emotivo y sobrecogedor Manuel Cucala, que perfila al abuelo de la protagonista y que hace creíbles y emotivas todas las escenas en las que aparece, representando al abuelo que alguna vez hemos tenido (si ha sido ese caso, por supuesto). Del resto destacar a un correcto Pep Ambrós (en una interpretación contenida debido a su papel) y a un Javier Gutiérrez que, por momentos está pasado de rosca (sobre todo en su vis cómica) y en otros demuestra el gran actor que es (la mirada en el clímax final con su sobrina).

Con un ritmo bastante efectivo (nunca llega a resultar aburrida, desde luego) y con una banda sonora de Pascal Gaigne bastante acertada (sobre todo cuando acompaña a la relación entre esos tres personajes que son Alma, su abuelo y el olivo), El olivo resulta un film muy correcto que, lo más seguro, guste al mayor número de espectadores posible. Es un film agradable, ligero, con mucha crítica social que, es en lo único en lo que no me quedan claras sus intenciones (¿es una radiografía de nuestros país, una sátira, una fábula…?), pero cuyo resultado final, desde luego, es bastante positivo. Puede que sea el film mas llevadero y fácil (por decirlo de alguna manera) de su directora, pero eso no impide que sus resultados, sigan siendo igual de buenos.

Nota Factoría del Cine: 6

Manu Monteagudo

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El Olivo es el octavo largometraje dirigido por Iciair Bollaín, que, por si no lo sabíais, se trata de una de las directoras más reputadas de nuestro país, la cual alcanzó la cima de su (merecido) éxito con la imprescindible Te Doy Mis Ojos, aquel film protagonizado por Luis...