El cine siempre ha sido un herramienta para dar a conocer historias que el espectador desconoce (o por lo menos para la mayoría). Desde luego, para algunos puede suponer un arma, si se habla de una etapa histórica concreta, en la que sus creadores pueden manipular a su antojo la base con la que tratan, pero al menos sirve para que el público haya despertado cierta curiosidad para que así, en un futuro investiguen sobre el tema a tratar. Monsieur Chocolat nos llega desde Francia para hablarnos de un caso que desconocía por completo, y este es el DEL primer humorista clown de color de toda la historia del país, Rafael Padilla, o Chocolate (su nombre artístico que, por supuesto, fue impuesto por sus contratantes). Desde luego, con premisa semejante, es indudable la curiosidad que puede despertar el relato, que además cuenta con el popular rostro de Omar Sy para atraer a mas espectadores a la sala de cine. Y desde luego, el resultado resulta harto interesante y muy curioso, por no decir estupendo durante buena parte de su metraje, aunque viéndose perjudicada durante su último tramo por los tics de este tipo de relatos (biopics).

Francia, finales del siglo XIX. Rafael Padilla ‘Chocolat’ (Omar Sy) se convierte en el primer payaso de circo negro en Francia. Pero sus orígenes fueron difíciles, ya que procedía de una familia de esclavos vendidos desde Cuba. De niño trabajó como sirviente y como limpiabotas. La suerte le llevó a Francia, a trabajar en el circo. Sus comienzos fueron como un salvaje en un número de circo, pero su talento y su encuentro con el payaso Foottit (James Thierrée) le llevaron a cosechar un gran éxito, convirtiéndose en protagonista de su propio espectáculo. A comienzos del siglo XX, Chocolat y Foottit llegan a París y se convierten en uno de los dúos más aclamados de clown del país. Chocolat llegó a ser una figura emblemática de su tiempo, y apareció en las primeras películas de los hermanos Lumière. También fue el primer artista negro en hacer publicidad. Sin siquiera tener 50 años, Chocolat murió de una pulmonía, en Burdeos en 1917, en el más completo anonimato.

La primera hora de Monsieur Chocolat funciona, sencillamente, como un tiro. Su historia engancha, los actores están en completo estado de gracia, su desarrollo resulta bastante acertado, el homenaje a la profesión de clown lo hace con el mayor de los respetos y el tema racial que trata lo hace con una sutilidad y un buen hacer dignos de mención. Todo ello aderezado con un tono de ligereza bien entendida, en la que el ritmo avanza con tremenda solidez y donde los engranajes que lo complementan encajan estupendamente. En ese sentido, la dirección, consigue manejar todos los elementos de forma compacta y bien armada para que así, su mezcla de tonalidades resulte equilibrada y bien compuesta, manejando unos temas que trata con mucho respeto (las escenas del circo son, sencillamente impecables, y la forma en la que lo desarrolla y enlaza en su discurso racial y de juegos de poder resulta maravilloso) y con mucha clase y elegancia (el tema de la homosexualidad de uno de los personajes queda en el aire, pero aporta un par de detalles muy interesantes).

Pero es a partir de cierto momento catalizador (cuando el enfrentamiento de poder y racismo llega a su fin en el último show que presenciamos), cuando la película empieza a convertirse, irremisiblemente, en el típico biopic, que pisa los lugares comunes mas irremediables del género. Y es una pena, por que hasta entonces, estaba funcionando como un relato que, no solo trataba la historia de Rafael Padilla, sino en un juego de amistad y poder que funcionaban hasta entonces maravillosamente bien.Desde luego, entiendo el gesto de querer narrarnos la vida posterior de Chocolat para que sirva como homenaje al actor, pero cae de lleno en el melodrama mas simplón sin mantener, en absoluto, el estupendo equilibrio que estaba manejando con anterioridad, además de que se extiende de forma bastante innecesaria durante, aproximadamente 20 minutos (o media hora). Es una lástima que sea en su bloque final cuando Monsieur Chocolat pierda fuelle a pasos agigantados, centrándose en el biopic mas ramplón, cuando su historia mantenía una estructura fantástica cerrando muy bien el discurso que quiere tratar, pero sus creadores, con tal de rendir un tributo al personaje, le dedican un tercio final que, poco aporta mas allá de lo anecdótico.

El relato se sienta más apagado, menos vivo (aunque está hecho a consecuencia, por supuesto), y también se contagia a sus actores, que, desde luego, realizan un trabajo magnifico, pero cuyo mayor perjudicado con el cambio tonal del relato es un Omar Sy que, en su tercio final, termina por resultar algo pasado de rosca, cayendo por momentos en una sobreactuación que no le beneficia en absoluto (aunque mas que el actor, es su retrato del personaje y su enfoque)…afortunadamente, en el resto del film está estupendo, y en las escenas de circo, resulta impagable, sin duda (lo cual es meritorio, desde luego). Pero quien deja con la boca abierta es el trabajo de un James Thierre sencillamente EXTRAORDINARIO, que juega un papel tan difícil de llevar a cabo que su ejecución resulta impecable en todas y cada una de sus escenas (quizá su manera de apartarlo del relato en su bloque final sea una de las razones por la que la misma se desinfla), manejando el drama y la comedia con un equilibrio asombroso, valiéndose de su cuerpo y rostro para expresar todo (y sus escenas de clown son espectaculares…así de sencillo), aunque tampoco me gustaría desmerecer su asombroso trabajo vocal.

Contando con un trabajo de ambientación que te sumerge en la época en una abrir de ojos, gracias a una fotografía que sabe sacar provecho de su diseño de producción con lo justo y necesario, junto a una correcta música de Gabriel Yared, Monsieur Chocolat es una película que, aunque ofrece durante buena parte de su trayecto el beneficio esperado, no termina de redondear la jugada, extendiendo el relato mas de la cuenta sin que el interés despierte la misma pasión que había hasta entonces. Quizá sea por que durante su metraje, mas que un biopic sobre Rafael Padilla (que es en lo que se convierte su final), nos habla de la relación de amistad-odio entre dos personas que amaban su profesión por encima de todas las cosas, y cuando el film nos habla de la comunión establecida entre los dos, es cuando la cinta gana muchos enteros, pues está ahí, y no en la vida de uno de ellos, donde el relato encuentra su sitio y su verdadera historia.

Nota Factoría del Cine: 6.

Manu Monteagudo.

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