Kike Maíllo se trara, sin duda, de uno de las valores cinematográficos mas prometedores de nuestro país, y eso que lleva en su haber dos películas en su filmografía. Tras dirigir dos cortometrajes como Las cabras de Freud y Los perros de Pavlov, fue con su primera incursión en el largometraje donde demostró su pericia como director, y en uno de lo más interesantes, al que habría que seguir muy de cerca. ¿Cuál fue su problema? Que su primera película, la muy notable “Eva”, se trató de un fracaso económico inmerecidísimo para una de las propuestas nacionales más prometedoras, y por qué no decirlo, arriesgadas del cine nacional en años, con resultados artísticos, muy superiores a la media (y con un acabado visual magnífico). Al menos, y gracias a Dios, su talento fue recompensado en los Premio Goya, pues “Eva” se llevó a casa 3 de estos premios (que fueron a parar a Maíllo como director, a Lluís Homar como actor secundario y al apartado de efectos especiales. Merecidísimos todos). Ahora, llega a nuestras pantallas su segundo largometraje, “Toro“, un thriller ambientado en Málaga, con un reparto encabezado por Marios Casas, Luis Tosar y José Sacristan, tres nombres bastante potentes para ver si esta vez los espectadores acuden a las salas.

“Toro” es un thriller de acción que transcurre durante 48 frenéticas horas. Dos hermanos se reencuentran después de cinco años. Uno (Mario Casas) ha estado en la cárcel . El otro (Luis Tosar) ha robado a un peligroso perista (José Sacristán) y ahora huye junto a Diana (Claudia Canal), su hija pequeña. Los tres emprenden un viaje por una Andalucía violenta, mítica, agreste y salvaje. Un viaje en el que aparecen las viejas heridas del pasado y en el que los hermanos se ven obligados a reconciliarse para salvar la vida.

Durante los títulos de créditos iniciales de Toro, el espectador ya puede notar las influencias en las que se basará su director Kike Maíllo para desarrollar el film, y que son varios, aunque uno muy evidente. Si durante estos, el espectador ya nota el nada disimulado homenaje a la serie True Detective en su cabecera (misma estructura, misma técnica…por incluir, incluyen el cráneo de un animal por si no había quedado claro), es en el cineasta Nicolas Windign Refn, director de Drive y Solo Dios Perdona (aunque tiene largometrajes mas interesantes como Bronson o Fuera de Sí, al menos para un servidor), donde se percibe su mayor influencia. Es más, si queremos indagar, podríamos decir que Toro es una versión (algo más light, eso si), de la última película del homenajeado, Solo Dios Perdona, por una trama en la que la familia, la mafia y el retrato de la ciudad van de la mano, y por una fotografía que en su clímax final denota cierta admiración por semejante director (ya que las luces que emplea resultan muy similares)…incluso en su tonalidad guarda ciertos parecidos. Pese a todo, estoy hablando de influencias, no de copia barata, por lo que Toro resulta lo bastante personal como para que tenga su sello propio.

Y es precisamente en su retrato de Málaga donde Toro da en la diana. Nunca habíamos visto la ciudad de manera tan contrastada entre el mundo del oropel y la decadencia, y en ese equilibrio se consigue una atmósfera plausible que consiguen meterte en el relato y en el ambiente frío y desolador en un abrir y cerrar de ojos. Aquí, la fotografía, aprovecha los contrastes de manera muy eficaz para narrarnos los estatutos del poder, ejemplificadas en ese hotel hortera, donde reside el villano de la función (y cuyos colores no podían ser más apropiados), o zonas sin residir, como ese parque acuático abandonado donde habita uno de los secundarios del film con una caravana (y posee un plano con un tobogán que es de lo mas inspirado de la función), siendo los colores cantosos y chillones la única luminosidad que veremos de la ciudad, siempre gris y apagada, como si la ciudad no tuviera remisión alguna. En ese sentido, nos habla de una España (en este caso Málaga), corrupta hasta las cejas, siendo las imágenes y su atmósfera la que nos lo explique, no su libreto, y ahí Maillo ha estado muy acertado.

Ahora bien, su libreto no pretende complicarse la vida, y pisa varios lugares comunes y, desde luego, no pondría ningún tipo de queja si no fuera por que Toro se cree más importante de lo que es (al fin y al cabo estamos ante un relato de venganza y de redención…ni más ni menos). Su manera de tratar a los personajes no pasa de ser un mero esbozo, y en ese sentido cojea, al intentar impregnarlos una profundidad de la que carecen, incluso en la forma en la que interactúan. Si se desarrollan lo hacen de manera muy básica, y creo que ahí está la labor del actor para sacar maravillas de su personaje, y aquí se notan las costuras. Mientras que Luis Tosar se convierte, sin duda, en el mejor de todo el reparto (sabe sacar luz de su personaje) y José Sacristán sabe aportar la elegancia necesaria (aunque termina por resultar muy plano), es en la labor de un Mario Casas al que es muy difícil de creer (y eso que su papel físicamente le viene que ni pintado…así que imagínense su nivel de interpretación para que no resulte creíble) y de una Claudia Vega que está sencillamente inerte, pues no cambia de cara en toda la película (aunque esté en peligro), donde la película pierde todo fuelle y la comunión entre los personajes que pide a gritos no se consigue, por mucho que actores como Tosar lo intenten por todos sus medios.

Existen incluso decisiones bastante cuestionables respecto al tema de los acentos que te sacan de la misma, al no comprender como sus cuatro protagonistas (que casualidad, los actores de caché) no hablan ni una gota con acento andaluz, y en cambio el del resto es malagueño cuando TODOS los personajes son de Málaga. Además de una banda sonora que, por pretender insuflar personalidad a modo de procesión en el tema de su villano (resulta algo cómico por momentos), resulta carente de vida (la música de las persecuciones es la desgana personificada) al intentar emular a Vangelis y a Cliff Martinez (compositor fetiche de Refn, no por un casual) sin ningún orden ni concierto. Pese a todo, Toro es una película correcta, sin más, un thriller distraído que consigue pasar el rato al espectador, pero es cierto que las expectativas que había puestas en el segundo largometraje de Maillo resultaban bastante elevadas, y no se han visto del todo recompensadas. Desde luego, talento tiene, y en Toro da muestras sobradas de ellas, incluso en sus influencias, pero la próxima vez, esperemos que escoja libretos mas interesantes que el aquí presente.

Nota Factoría del Cine: 5.

Manu Monteagudo.

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Kike Maíllo se trara, sin duda, de uno de las valores cinematográficos mas prometedores de nuestro país, y eso que lleva en su haber dos películas en su filmografía. Tras dirigir dos cortometrajes como Las cabras de Freud y Los perros de Pavlov, fue con su primera incursión en...