El dolor, ay, el dolor…uno de los sentimientos humanos mas difíciles de tratar en la raza humana, y no hablo de un dolor físico, sino de un dolor emocional, en la que el sentimiento de culpa, la pérdida de un ser querido , el remordimiento…hace fluir en nuestra cabeza con una angustia que es verdaderamente complicado de solucionar. Desde luego, cada persona es un mundo, y cada uno es libre de exponer ese dolor como quiera, o tratarlo de la manera que sea conveniente: amigos, familiares, psicólogos, religión, soledad… sectas. Y aquí es donde entra La Invitación (The Invitation), que viene precedida de obtener el premio a Mejor Película en el Festival de Sitges, lo cual no es moco de pavo, y cuyas expectativas, en lo que a uno respecta, eran bastante elevadas. Lo que sí es cierto es que su directora, Karyn Kusama, viene precedida de una filmografía que no es muy halagadora que digamos (quitando Girlfight, su aportaciones de Aeon Flux y Jennifers Body hacían sangrar los ojos de lo malas que eran), y una vez visionada su última película, podemos decir que nos encontramos, sin duda alguna, ante la mejor película de su directora, lo cual no quiere decir que sea perfecta.

Will (Logan Marshall-Green) y Eden (Tammy Blanchard) perdieron a su hijo años atrás. La tragedia afectó su relación de forma irreversible, hasta el punto de que ella desapareció de la noche a la mañana. Un día, Eden regresa a la ciudad; se ha vuelto a casar y en ella parece haber cambiado algo, convirtiéndola en una presencia inquietante e irreconocible incluso para Will.

La invitación es un ejemplo de contención. Lejos de querer impactar de forma gratuita al espectador (aunque en algún momento lo consigue, desde luego), lo que Karyn Kusama pretende es que entremos en ese ambiente opresivo, extrañamente feliz, del que hace gala todo su recorrido. No es para nada gratuito que el relato esté ubicado en una ciudad como Los Angeles, ni que sus invitados sean de distintas razas, por que lo que pretende narrarnos es tan universal que pretende ampliar el campo, no solo a una casa…sino a una sociedad entera.De ahí, que la casa donde se desarrolla toda la película sea el ejemplo de la moral humana y de la hipocresía de lo políticamente correcto del mundo de hoy en día, cegados por el oropel y la cortesía, donde nos dejamos llevar como borregos sin cuestionar apenas las situaciones. El guión pretende centrar el foco en las dudas morales de su personaje central, mostrando su punto de vista para que el espectador, intente dilucidar si de verdad estamos como ratones en una jaula o somos objetos de una paranoia, y como tal, funciona a la perfección. No hay momento donde su directora y sus guionistas bajen la guardia, y saben jugar sus cartas con un contenido suspense y tensión dignos de elogio en los tiempos de hoy en día.

Ahí están los principales focos que sostienen la película: un libreto estupendo, una dirección que controla estupendamente cada uno de los elementos, y unos intérpretes que están en su determinado sitio. Del primero, creo que ya me he explicado en el anterior párrafo, pero me gustaría destacar lo bien que maneja el tema del dolor emocional y lo fácil que es manipularnos a través de él, mostrando así a los personajes de Will y Eden a años de distancia en el dolor mutuo que ambos han compartido (y, por cierto, magnífico detalle la culpabilidad del protagonista con “no haberse anticipado a la tragedia”); del segundo, volver a destacar esa contención (que explota en sus últimos 15 minutos de proyección), gracias a una puesta en escena medida y precisa que dotan de solidez al conjunto gracias a una fotografía estupenda (sabe aprovechar los rincones de la casa como si fueran los recovecos de la paranoia del protagonista) y una banda sonora de Theodore Shapiro muy apropiada, adoptando la postura de su personaje principal (marcando un desequilibrio en la música con atonalidades); y del tercero, un reparto estupendo, donde cabría destacar a un magnífico Logan Marshall Green (que debe ser el doble de Tom Hardy, por que su parecido es tremendo) y una perturbadora Tamy Blanchard (su sonrisa consigue dejarnos incómodos…atención a la escena de la bofetada en mitad de un diálogo).

También es cierto que no esperéis un relato con ritmo trepidante o plagado de sorpresas, porque La invitación juega en otra liga. Sí, es un film de terror, pero un film de terror que aprovecha las emociones humanas para crear un desasosiego bastante conseguido que, puedo llegar a entender, no sea del gusto de todos los espectadores (desde luego, no el convencional de los golpes de efecto…aquí no hay sobresaltos, si vais en busca de eso). A pesar de todo, el film no termina de redondear la jugada al recalcar ciertos elementos que el espectador ya daba por sentado (como el sufrimiento sufrido por Will, que en determinado momento, antes del clímax, resulta algo reiterativo y hacen que el ritmo decaiga), además de incluir un final que, aunque muy interesante en su discurso global, resulta bastante forzado y con calzador.

Pero por el resto, La invitación es un film estupendo, por no decir, bastante notable. Sabe llevar su premisa hasta sus últimas consecuencias, gracias a un guión que sabe jugar con el espectador con inteligencia y buen hacer, sin que el tono de la cinta se escape en ningún solo instante (ni siquiera al final), dejando que la tensión y el suspense, aparezcan de la cotidianidad del ambiente, y sin dejar que ninguna escena sea gratuita (como el inicio…brillante)…todo está medido y controlado para que el espectador disfrute del juego que nos proponen sus creadores, y su resultado se ha visto recompensado con merecimiento en el Festival de Sitges. Ahora sí podemos decir que su directora Karyn Kusama puede tener el beneplácito de que sus siguientes proyectos sean igual de interesantes que éste, siendo La invitación, por ahora, su mejor película.

Nota Factoría del Cine: 6

Manu Monteagudo

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El dolor, ay, el dolor...uno de los sentimientos humanos mas difíciles de tratar en la raza humana, y no hablo de un dolor físico, sino de un dolor emocional, en la que el sentimiento de culpa, la pérdida de un ser querido , el remordimiento...hace fluir en nuestra cabeza...