Soy de los que piensa que con el paso del tiempo, la saga de Los Juegos del Hambre será mejor valorada por cuestiones varias, y esta es la comparación con otras producciones de la misma índole. La forma que tenía de aunar entretenimiento con una crítica social pronunciada en los tiempos de ahora, a la vez que conseguía reunir a jóvenes y adultos en una misma historia, sin perder nunca el norte, ser consecuente con sus personajes y dejar su historia de amor a un segundo plano decantándose por el paso a la madurez de sus personajes, ya me parecen suficientes razones para valorarla como la mejor saga juvenil que nos han entregado en los últimos años. Esta misma idea se pretendió vender con la saga Divergente, y aunque contiene notas de lo mas interesantes en su argumento, al final el equilibrio se decantaba por un público más concreto, el adolescente. Y aunque en su primera entrega funcionó como un discreto entretenimiento, bastante solvente y bien resuelto, la forma en la que han continuado la saga no ha hecho más que confirmar, que la fórmula está bastante agotada al centrar su principal foco en una historia de amor, y en un argumento que vuelve a repetirse otra vez…cosa que ocurre con esta Divergente: Leal.

Tras las revelaciones trascendentales de “INSURGENTE”, Tris (Shailene Woodley) debe escapar con Cuatro (Theo James) e ir más allá de la muralla que rodea Chicago. Por primera vez dejarán la única ciudad y familia que conocen. Una vez fuera, todo aquello que presuponían como cierto pierde cualquier sentido tras la revelación de nuevas verdades. Tris y Cuatro deben decidir rápidamente en quién confiar, mientras se inicia una guerra despiadada que amenaza a toda la humanidad más allá de las paredes que rodean Chicago. Para sobrevivir, Tris se verá forzada a tomar decisiones imposibles sobre el coraje, la lealtad, el sacrificio y el amor.

Divergente: Leal empieza directa al grano, sin perder el tiempo. Y, desde luego, este inicio (sin presentaciones siquiera para retomar a los antiguos espectadores) da una sensación de urgencia que, en mi caso, agradecí bastante, porque, a pesar de que pueda resultar precipitado ,sus autores no prefieren perder tiempo con las presentaciones supuestamente necesarias. Ya sabemos quienes son y cual es su objetivo. Y durante su primera media hora es el objetivo lo que mejor funciona en la película, mostrándose casi como una película de aventuras de ciencia ficción en la que sus protagonistas se embarcan en un viaje hacia un mundo nuevo donde, supuestamente, hay un futuro mejor, y en toda esta parte, el ritmo funciona como un tiro de forma que apenas ofrece descanso alguno, además de contar con una propuesta visual variada que hace mas vistosas las imágenes del largometraje.

Ahora bien, cuando toca desarrollar la trama de esta entrega, es cuando las costuras empiezan a mostrarse paulatinamente. El guión que, desde luego, contiene ideas muy sugerentes, vuelve a repetir el mismo esquema de sus precedentes sin añadir ni un atisbo de sorpresa en su desarrollo y hueso argumental. Y la pregunta que me surgió durante todo el filme es: ¿si es la misma historia repitiéndose, cómo es que sus protagonistas no se percatan de lo que ocurre? El trazado de los personajes resulta tan irrisorio y tan superficial que no hay por donde coger a ninguno de ellos: si en la primera película pecaban de ingenuos de forma comprensible (son las presentaciones y no saben a qué se enfrentan), aquí siguen pecando de lo mismo pero de forma aún mas pronunciada. El espectador va dos pasos por delante de sus protagonistas que se “huele” a kilómetros toda la trama que hay detrás, y más grave resulta que su protagonista, que es la supuesta líder junto a Cuatro, esté mas dormida y pasmada que nunca. En resumen, no hay apenas forma de creerse la ingenuidad de los personajes, en las que se incluyen los adultos (lo del personaje de Naomi Watts es de traca).

Por ello, el libreto, que hace muy difícil que empaticemos con los personajes, hace también muy complicado la credibilidad de toda su historia, a lo que hay que añadir unas interpretaciones que resultan bastante anodinas: Shailene Woodley no parece sentirse cómoda con su personaje, y casi en la mayor parte de la historia parece que está adormecida (atención a su forma de correr o a su gesto de “me da igual todo” cuando viaja en la nave cruzada de piernas), como si fuera la desgana personificada; Theo James al menos imprime cierta energía y un mínimo de carisma (y eso que no le tenía mucho aprecio, pero comparativamente resulta algo más enérgico que el resto); Naomi Watts hace lo que puede ante un personaje desdibujado a más no poder (sus recaídas emocionales no las entiende ni ella…con eso digo todo, y en el clímax final es de traca); Ansel Elgort más de lo mismo, su guión impide un desarrollo mejor del personaje (es más, no lo desarrolla); Miles Teller al menos intenta pasárselo bien y se nota (es el único personaje cuyas intenciones parecen claras…vivir bien y punto); Octavia Spencer se pasea por allí como si fuera su casa; y Jeff Daniels parece que está para cobrar el cheque y comprarse un yate (con un personaje predecible hasta la médula, pero donde ni siquiera el actor parece pasárselo bien).

Es cierto que visualmente la puesta en escena cumple con la efectividad de que luzca bien, gracias a un estupendo diseño de producción y unos excelentes efectos visuales que consiguen crear alguna imagen espectacular (el diseño de las naves o de los recintos están muy conseguidos), pero no impide que Divergente: Leal sea un paso atrás de una saga que, poco más puede ofrecer. Y cuando comentaba la comparativa con Los juegos del hambre lo vi tan claro entre una y otra que, de lejos, se sabe cuál sería la ganadora, pues en esta Divergente, su primera escena presenta la historia de amor entre ambos, una historia de amor que, además, posee una falta de química aplastante. Si en una, era prácticamente secundario y acorde con la historia, aquí está metida con calzador sin que exista ningún tipo de interés en desarrollarla y ni siquiera meditarla. Lo dicho, Divergente: Leal es un filme que vuelve a repetir el mismo esquema de la saga sin aprender de sus errores pasados, y es más, parece que éstos los quiere abrazar sin soltarlos, porque saben que su público, el adolescente, no les fallará, y, creo, que al adulto, tampoco hay que menospreciarlo. Al menos en la saga de Los juegos del hambre no lo hacían…

Nota Factoría del Cine: 4

Manu Monteagudo

JFPCríticasCríticas,Divergentes,Leal,Shailene Woodley
Soy de los que piensa que con el paso del tiempo, la saga de Los Juegos del Hambre será mejor valorada por cuestiones varias, y esta es la comparación con otras producciones de la misma índole. La forma que tenía de aunar entretenimiento con una crítica social pronunciada en...