La carrera de Natalie Dormer ha ido despegando poco a poco. Desde que apareciera en la simpática Casanova allá por 2005, su filmografía iba acompañada de pequeñas apariciones en películas (y series) que no terminaban de explotar del todo su talento hasta que llegó la serie de Juego de Tronos y cambió todo. Desde luego, su vida en el cine dio un vuelco con esta serie de televisión (sin dudarlo, la más popular hasta el momento y la más espectacular), y aunque aún seguía sin encontrar un papel protagonista, codearse con directores de la talla de Ridley Scott (en El Consejero) y Ron Howard (en Rush) no es moco de pavo, desde luego. Incluso ha encontrado un hueco en una de las sagas mas populares de los últimos años como ha sido Los juegos del hambre, donde su participación, pese a su brevedad, no era irrelevante. Ahora, el debutante Jason Zada, ha apostado por poner a Natalie Dormer como protagonista de una película de terror que cuenta con una premisa muy interesante, lástima que los resultados disten mucho de lo que dicha premisa prometía.

Un thriller sobrenatural que se desarrolla en el legendario bosque de Aokigahara a los pies del Monte Fuji en Japón. Una joven americana, Sara (Natalie Dormer de “Juego de Tronos” y “Los Juegos del Hambre”), acude en busca de su hermana gemela, desparecida misteriosamente. A pesar de todas las advertencias de “mantenerse en el sendero”, Sara se interna en el bosque decidida a descubrir la verdad sobre el destino que ha corrido su hermana, pero al hacerlo se enfrentará a las almas atormentadas de aquellos que han muerto en este lugar y que asedian a todo aquel que deambule en el bosque.

El bosque de los suicidios es la típica película de terror para adolescentes. Punto. Quien quiera ver un cine de terror que juegue con los aspectos psicológicos que su historia deja entrever respecto a lo que se refiere al bosque de Aokigahara tendrá que esperar para otra ocasión, porque aquí parece que el espectador medio al que va dirigido el film es el adolescente, adornando la película de los tópicos más habituales del género, de los sustos más manidos y torpes (con los golpes de sonido habituales que revientan los tímpanos), y de un guión que se basa en el mínimo común denominador, en la que sus personajes realizan incongruencias a diestro y siniestro (te avisan constantemente de no quedarte en el bosque de noche, de no alejarte, de no perderte, de no confiar en lo que veas y escuches…y caes en todas y cada una de ellas). Seguramente, para este tipo de público, el film les puede resultar pasable (que ni siquiera bueno ojo, pues el film ni siquiera consigue asustar), pero para el resto de los mortales, nos tenemos que conformar con menos de hora y media (algo que se agradece, créanme) repleta de los tópicos más habituales del género.

La película sigue un esquema tan rutinario que el espectador ya se adelanta a los acontecimientos, incluso a las estupideces que van cometiendo los personajes, pero he de admitir que lo único que sí que me pareció interesante es que sea el bosque de Aokigahara el auténtico protagonista de la función. No es que el director aproveche con creces el mito de todo lo que concierne al mismo (ni mucho menos), pero sí que crea una atmósfera inquietante sobre las leyendas que la rodean, mostrando ciertos aspectos interesantes que, para alguien que solo conozca de oídas toda esta leyenda urbana, le parecerán ciertamente atractivos: el hecho de tener un guía que recoja a todos los cuerpos sin vida que se han aventurado en el bosque o las cuerdas que guían la dirección del cadáver para que el cuerpo sea encontrado son pequeños detalles que consiguen crear un micro clima bastante conseguido. Es una pena que se venga abajo por lo comentado anteriormente sin aprovechar un elemento tan perturbador como el bosque de Aokigahara (incluso desaprovecha escenas que pudieron ser muy tensas y que se quedan en tierra de nadie, como la de la protagonista con un cordón).

Respecto a las interpretaciones, poco pueden hacer, Natalie Dormer hace lo que puede con un personaje que, al principio parece mostrarse de manera eficaz por la actriz, pero que a medida que se desarrolla, las incongruencias y sandeces que va adoptando el personaje hacen inviable el trabajo de la actriz y su credibilidad, y lo mismo podríamos decir de Taylor Kinney, cuyo personaje es de traca. En cuestión técnica, tampoco hay que añadir mucho, pues todo resulta lo más descafeinado posible con el piloto automático puesto (salvo el tema musical final de los créditos con coros de niños japoneses…lo único inquietante de la función, y alguna que otra imagen).

Así pues, El bosque de los suicidios es una película de terror rutinaria hasta la médula, y es una pena, porque posee una premisa y una base de la que se podía haber sacado muchísimo más partido, especialmente en un aspecto psicológico que aquí no se ve por ninguna parte, también debido a que el sector al que va dirigido (el adolescente) solo pide sustos y poco más. Una pena que el primer film protagonizado por Natalie Dormer haya dado pocos frutos…esperemos que en un futuro, sepa seleccionar mejor sus proyectos.

Nota Factoría del Cine: 4

Manu Monteagudo

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La carrera de Natalie Dormer ha ido despegando poco a poco. Desde que apareciera en la simpática Casanova allá por 2005, su filmografía iba acompañada de pequeñas apariciones en películas (y series) que no terminaban de explotar del todo su talento hasta que llegó la serie de Juego de...