La carrera de Will Smith ya no es lo que era. El que hace unos años era sinónimo de éxito de taquilla, se las está viendo y deseando para volver a retomar ese estatus de estrella de cine, que él mismo se había autoimpuesto (hasta ha llegado a pensar presentarse para ser Presidente de los Estados Unidos, con eso digo todo). Tras la producción de Hancock (una propuesta curiosa pero muy desaprovechada), el actor se tomó un descanso de cuatro años que fue, seguramente, la principal causa del por qué su figura ya no es la misma, y es que durante ese tiempo se dedicó a promocionar (por no decir vender) a sus hijos a los medios como si fueran auténticas estrellas a las que había que impulsar sí o sí (y tenían menos de diez años). Así, tras volver con la tercera entrega de Men in Black, que no fue el taquillazo que esperaban, su carrera se vio completamente hundida con la producción de After Earth junto a su hijo como protagonista absoluto del film (y el resultado, fue la peor película de su Shyalaman), pero peor aún cuando vimos su (horrible) participación en la horrenda Cuento de Invierno. Ahora parece que intenta retomar poco a poco su carrera, con el estreno del año pasado de la entretenida (y poco más) Focus y el próximo estreno de este año de Escuadrón Suicida, pero entre medias, tenemos una producción, La verdad duele (Concussion) que aspiraba a premios…y se ha quedado en tierra de nadie ¿las razones? A continuación…

En el año 2002, Mike Webster (David Morse), uno de los jugadores de fútbol americano más queridos y reconocidos de los Pittsburgh Steelers, murió repentinamente y de forma inesperada. A raíz de este suceso, Bennet Omalu (Will Smith), doctor neuropatólogo forense, graduado por la Universidad de Nigeria y residente en Pittsburgh, comienza una serie de investigaciones. Inicialmente en la autopsia el cerebro de Webster parecía normal, a pesar de que el jugador había padecido demencia y depresión en sus años de retiro. Pero entonces Omalu realiza un análisis más profundo del tejido, con la sospecha de que Webster sufría de demencia pugilística, inducida por repetidos golpes en la cabeza, una condición que había encontrado previamente en boxeadores. Es entonces cuando descubre una verdad oculta y sumamente polémica: los daños crónicos y fatales en el cerebro que los jugadores de fútbol americano pueden llegar a desarrollar. Omalu continúa su investigación junto al consultor forense Cyril Wecht (Albert Brooks) y el ex médico del equipo de los Steelers, el doctor Julian Bailes (Alec Baldwin). Sus investigaciones serían el origen del descubrimiento del CTE (traumatismo craneoencefálico crónico), una enfermedad neurodegenerativa que aparece a raíz de sufrir conmociones cerebrales provocadas por fuertes golpes en la cabeza. Esta enfermedad es, y sigue siendo, la culpable de numerosos suicidios por parte de jugadores-estrella de la NFL (Liga Nacional de Fútbol de Estados Unidos). La historia narra el descubrimiento del Doctor y su lucha para hacer pública la información, así como los cambios fundamentales que se hicieron para proteger a aquellos que juegan ahora, y los que jugará en el futuro.

La verdad duele es lo mas parecido a un film de sobremesa…y eso no sería un problema (al fin y al cabo, estas películas saben de sus limitaciones) sino fuera por que la película se cree verdaderamente mas importante de lo que es, con intención de ganar premios o que salga, por lo menos en la lista de candidatas…el tiro les ha salido por la culata, desde luego. Básicamente por que pisa tantos lugares comunes que hasta un espectador se pregunta la razón por la que se estrena en cines una película que es, como dije antes, carne de sobremesa…no hay nada en ella que se salga de la tangente, y aunque sin duda toca un espinoso tema, la forma de abordarlo a través de unos personajes a cada cual mas tópico, es lo que termina matando a la película. Incluye tantas convenciones, que uno se pregunta si de verdad eran necesarias, como es una de las historias de amor mas inverosímiles e intrascendentes que he visto en una pantalla en mucho tiempo (el personaje de ella es de traca…no aporta nada), por no hablar de lo evidente que resulta su propaganda directa hacia la Iglesia Católica (y en algunos casos no lo veo como un error, pero aquí lo recalca tanto que chirría sobremanera)…lo dicho, posee todos los tópicos habidos y por haber de este tipo de películas, tratándose de un biopic al uso que, para colmo, pretende aspirar a ser mas importante…

Pero al menos, hay que concederle, que cuando la película se centra en lo que verdaderamente quiere contar, mantiene el interés y el ritmo del relato. Cada vez que la cinta maneja el tema del CTE y cómo su protagonista intenta enfrentarse a la NFL, la historia, sin aportar absolutamente nada nuevo, se sostiene y no tambalea tanto. Si es cierto que sigue siendo trillada, pero al menos consigue mantener la atención del espectador con un ritmo que, aunque se exceda en su duración, consigue entretener lo mínimo para que al menos, no resulte un aburrimiento, y he de admitir, que durante su visionado, no me aburrió. La historia avanza adecuadamente (seguir los caminos mas trillados funcionan en otros apartados como el de aquí) y se agradece la (leve) denuncia hacia las grandes corporaciones de la liga de futbol. Por que, como he dicho, nada se sale de la tangente, y todo queda en un resultado discreto que, incluso en su fotografía, y en su banda sonora (de James Newton Howard) resultan manidas y con el control automático puesto.

Lo mismo podría decir de sus interpretaciones, ya que no son nada del otro mundo, aunque tampoco nada desdeñables: al principio es difícil de creer a Will Smith en su personaje debido a un acento poco creíble, pero poco a poco sabe adueñarse del relato y ofrece momentos donde el actor está estupendo (también es innegable su carisma, aunque aquí no abusa de ello); Gugu Mbatha-Raw debe lidiar con el personaje de mujer florero de la película (con instantes incluso ridículos como esa persecución automovilística que es la desgana personificada), y aunque ella se intente esforzar, su papel poco mas puede ofrecer (la conversación en el río, con ella mirando sin saber que hacer ni decir es de traca); Alec Baldwin, esta correcto, sin mas (típico personaje que intenta redimirse…poco mas que añadir); un maquilladísimo David Morse (que pena que su tosco maquillaje estropee tanto su credibilidad del personaje); y un Albert Brooks (maquillado, aunque mas convincente) que se convierte, sin duda, en el mejor del reparto (el carisma lo transmite desde su primer minuto en pantalla). También aparecen Eddie Marsan, Stephen Moyer y Luke Wilson, pero sus apariciones son tan testimoniales que ni las destacaría.

Así pues, La Verdad Duele es como si fuera un telefilm pero con aspiraciones más altas, y por pretender precisamente eso, la película se viene abajo. Tampoco os engañaré, me aburrí viéndola, pues cumple a la hora de hacerte pasar el rato frente a un caso real interesante, pero la manera de abordarlo de la forma más tópica, manida, predecible y conservadora terminan por agotar por momentos la paciencia del espectador, que se adelanta a cada momento del film en cada segundo. Si incluso los americanos no han visto gran cosa en esta película (ni las críticas ni las cifras han acompañado), y eso que esta destinada casi exclusivamente a ellos (porque patriótica es un rato), imagínense en el resto del mundo. Will Smith, otra vez será, pero yo que tú, escogería mejor los proyectos.

Nota Factoría del Cine: 4,5

Manu Monteagudo

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La carrera de Will Smith ya no es lo que era. El que hace unos años era sinónimo de éxito de taquilla, se las está viendo y deseando para volver a retomar ese estatus de estrella de cine, que él mismo se había autoimpuesto (hasta ha llegado a pensar...